Una especie de pez con 100 millones de años de historia logra reproducirse por primera vez en cautiverio en Guatemala, cuyas crías fueron liberadas en un canal de manglares para obtener información que ayude a evitar su desaparición
Tras siete años de intentos, el proyecto busca conocer qué ocurre con los ejemplares fuera de los tanques, mientras la pesca ilegal, la contaminación y las sequías presionan los ecosistemas de agua dulce donde sobrevive esta especie

El Centro de Conservación Marina (CCM) y el Zoológico La Aurora consiguieron por primera vez reproducir bajo cuidado humano al pejelagarto (Atractosteus tropicus) en Guatemala, una especie nativa de Mesoamérica que mantiene características morfológicas que se remontan a millones de años. Después de siete años de intentos, el proyecto permitió obtener ejemplares nacidos en cautiverio y avanzar hacia una nueva etapa: conocer cómo sobreviven cuando regresan a un ambiente natural.
De acuerdo con la información publicada por Infobae, complementada con reportes de Prensa Libre, el proceso comenzó con el nacimiento de los alevines en las instalaciones del CCM, ubicadas en la costa del Pacífico guatemalteco. Posteriormente, los ejemplares fueron trasladados por agua hasta Taxisco, Santa Rosa, donde fueron introducidos en la laguna Güiscoyol, un cuerpo de agua conectado con el sistema del Canal de Chiquimulilla.
El objetivo no es únicamente aumentar el número de ejemplares. El seguimiento permitirá registrar su crecimiento, adaptación y supervivencia, información que puede servir para diseñar futuras acciones de repoblamiento y fortalecer el conocimiento sobre una especie incluida en el Listado de Especies Amenazadas de Guatemala. El Consejo Nacional de Áreas Protegidas (CONAP) registra a Atractosteus tropicus en la categoría 3 de ese listado.
Las crías nacieron en tanques y después regresaron al entorno natural
Los primeros ejemplares fueron obtenidos en tanques preparados para su desarrollo bajo cuidado humano. Una vez que alcanzaron la etapa necesaria para el traslado, fueron colocados cuidadosamente en recipientes y llevados por embarcación hasta la zona donde serían reintroducidos.
El 24 de septiembre de 2026, el proyecto llegó a una de sus etapas principales con la introducción de los primeros mil alevines nacidos en el centro en la laguna Güiscoyol, en Monterrico, Santa Rosa. Estudiantes de la Escuela Rural Mixta de Monterrico también participaron en la actividad de reintroducción.
El lugar elegido forma parte de un sistema de agua dulce relacionado con manglares. Este tipo de entorno ofrece condiciones relevantes para estudiar a los ejemplares fuera de los tanques y observar qué ocurre cuando enfrentan las características de un ecosistema natural.
El proyecto cuenta además con un protocolo científico avalado por el Consejo Nacional de Áreas Protegidas, de acuerdo con información publicada por medios guatemaltecos sobre el proceso.
¿Por qué el pejelagarto es considerado un pez prehistórico?
El pejelagarto recibe este nombre por su cuerpo alargado y su mandíbula, cuya forma recuerda a la de un lagarto. Su nombre científico es Atractosteus tropicus y habita principalmente en ambientes de agua dulce de Mesoamérica, con presencia desde el sur de México hasta Centroamérica.
La especie es descrita como un “fósil viviente” porque sus características morfológicas han cambiado poco durante un periodo que se estima en alrededor de 100 millones de años. Esa permanencia evolutiva contrasta con las amenazas actuales que enfrenta en los ecosistemas donde todavía se encuentra.
Los ejemplares adultos pueden alcanzar alrededor de 1.20 metros de longitud y unos 10 kilogramos de peso, aunque las dimensiones registradas pueden variar. Su aspecto no es el único rasgo que llama la atención: también se trata de un depredador que ocupa una posición dentro de la cadena alimentaria de los ecosistemas acuáticos.
La pesca ilegal, la contaminación y las sequías afectan a la especie
La reproducción bajo cuidado humano ocurre mientras la machorra enfrenta distintos factores que pueden reducir sus poblaciones.
Entre las principales amenazas señaladas se encuentran la pesca ilegal, la contaminación y los periodos de sequía. Las alteraciones en la disponibilidad de agua tienen especial importancia para una especie que depende de ambientes acuáticos para completar su ciclo de vida.
Los cambios asociados con fenómenos climáticos también pueden aumentar la presión sobre estos ecosistemas. En el caso descrito por la agencia AFP, las condiciones de sequía se relacionan además con los efectos del fenómeno de El Niño.
Durante una actividad con estudiantes, Pablo Gaitán, veterinario del Centro de Conservación Marina del Zoológico La Aurora, explicó la relevancia de la especie dentro del ecosistema.
“Su ausencia afectaría a los ecosistemas”, señaló Gaitán, quien también advirtió que la especie puede llegar a una situación más crítica con el paso de los años.
El pejelagarto también figura oficialmente en el Listado de Especies Amenazadas de Guatemala elaborado por el CONAP, donde Atractosteus tropicus aparece bajo la categoría 3.
La alimentación también es parte del reto para reproducirlo
Conseguir que la especie se reproduzca bajo cuidado humano no resuelve por sí mismo todos los problemas de conservación. Los especialistas necesitan conocer qué condiciones favorecen el crecimiento y la supervivencia de los ejemplares desde sus primeras etapas de vida.
Una investigación de la Universidad de San Carlos de Guatemala analizó precisamente el desarrollo de alevines de pejelagarto en la Estación Experimental de Monterrico, Taxisco, Santa Rosa.
El estudio comparó durante 84 días dos alimentos comerciales: uno formulado para trucha, con 52% de proteína cruda, y otro para tilapia, con 48%.
El experimento incluyó 240 peces jóvenes, distribuidos en seis recipientes con 40 ejemplares cada uno. Los animales fueron alimentados tres veces al día y se realizaron mediciones cada 15 días para registrar cambios en talla, peso y supervivencia.
Antes de esta fase también se utilizó Artemia salina, un pequeño crustáceo empleado como alimento vivo durante la crianza de peces.
Los resultados no encontraron una diferencia estadísticamente significativa en talla y peso entre los dos grupos. Los ejemplares alimentados con harina para trucha registraron una longitud promedio de 6.31 centímetros y 2.59 gramos, mientras que los alimentados con harina para tilapia alcanzaron 6.76 centímetros y 3.20 gramos.
La diferencia más marcada apareció en la supervivencia. El grupo alimentado con harina para trucha registró 30% de supervivencia, frente a 16.67% en el grupo alimentado con harina para tilapia.
La investigación relacionó la mayor mortalidad del segundo grupo con episodios de canibalismo y planteó la necesidad de continuar evaluando dietas con mayor aporte de proteína para mejorar la crianza de la especie.
¿Qué papel cumple el pejelagarto en los ecosistemas?
El interés por conservar esta especie también está relacionado con su función ecológica. El pejelagarto es carnívoro, por lo que participa en las relaciones alimentarias de los ambientes donde vive.
Jennifer Hernández, subdirectora de conservación del Zoológico La Aurora, explicó que la especie tiene “un papel muy importante” en la cadena alimentaria y en el equilibrio de los ríos.
Por esa razón, el proyecto de reproducción busca obtener algo más que nuevos ejemplares. Cada nacimiento permite reunir información sobre reproducción, desarrollo, alimentación y supervivencia, elementos necesarios para saber qué condiciones pueden favorecer la recuperación de la especie.
El Zoológico La Aurora y el CCM han señalado que el proyecto continuará con monitoreo, investigación y acciones orientadas a una eventual reintroducción.
La liberación de los primeros mil ejemplares representa así una nueva fase del proceso: después de conseguir que el pejelagarto se reprodujera bajo cuidado humano, los especialistas ahora podrán observar qué ocurre cuando esos peces regresan al ecosistema que forma parte de su hábitat.
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