Excavaron cientos de miles de “medias lunas” en uno de los lugares más secos del planeta y años después, los acuíferos subieron, volvió la vegetación y aparecieron más nubes
El Programa Mundial de Alimentos reporta más de 335 mil hectáreas restauradas desde 2018; investigaciones recientes también han detectado mayor presencia de nubes sobre algunas zonas verdes de África Occidental, aunque todavía no prueban que la restauración produzca más lluvia.
Parecen enormes sonrisas dibujadas sobre la tierra seca. Son excavaciones en forma de media luna construidas para hacer algo muy sencillo: impedir que el agua de una lluvia intensa escape rápidamente por la superficie.
Estas estructuras forman parte de programas de restauración que se extienden por el Sahel, la franja semiárida situada al sur del Sahara, donde la degradación del suelo, las sequías y las lluvias extremas dificultan la agricultura y la ganadería.
Desde 2018, el Programa Mundial de Alimentos (PMA), comunidades locales y organizaciones asociadas han restaurado más de 335 mil hectáreas en la región. La agencia calcula que las intervenciones han alcanzado a 4.2 millones de personas en más de 3 mil comunidades.
La técnica de las medias lunas es una de las herramientas utilizadas. Su objetivo no es producir agua, sino conseguir que la que ya cae permanezca más tiempo en el paisaje.
¿Cómo funcionan las medias lunas?
Cuando una tormenta cae sobre un terreno desnudo y compactado, una parte importante del agua puede desplazarse rápidamente pendiente abajo, llevándose suelo y nutrientes.
Las excavaciones semicirculares actúan como pequeñas barreras. Reducen la velocidad de la escorrentía y favorecen que el agua permanezca en el terreno el tiempo suficiente para infiltrarse.
Entre las técnicas que se emplean en estos proyectos se encuentran:
- Medias lunas: depresiones semicirculares que capturan agua y sedimentos.
- Cordones y barreras de piedra: disminuyen la velocidad de la escorrentía.
- Diques y zanjas de infiltración: ayudan a conservar humedad y dirigir el agua hacia el suelo.
- Compost y revegetación: buscan recuperar fertilidad y cobertura vegetal.
- Regeneración natural manejada por agricultores: permite que árboles y arbustos vuelvan a crecer dentro de terrenos agrícolas.
El principio es convertir un terreno que expulsa rápidamente el agua en otro capaz de retenerla, infiltrarla y sostener vegetación durante más tiempo.
El PMA señala que algunos diques construidos dentro de estos programas permiten recargar agua subterránea, mantener húmedos los suelos después de la temporada de lluvias y abastecer parcelas agrícolas.
En algunas tierras, las cosechas pasaron de 0.5 a 2 toneladas por hectárea
La recuperación del agua tiene una consecuencia inmediata para las comunidades: terrenos degradados pueden volver a producir alimentos.
En áreas rehabilitadas documentadas por el PMA, los rendimientos pasaron de alrededor de 0.5 toneladas por hectárea a 2 toneladas, es decir, cuatro veces la producción inicial.
Los resultados, sin embargo, no son idénticos en todos los lugares. Dependen de las lluvias, el suelo, el tipo de cultivo, la conservación posterior de las obras y las condiciones ambientales de cada zona.
Una evaluación más amplia del PMA informó en 2026 que 75% de sus sitios de resiliencia monitoreados en Burkina Faso, Chad, Mali y Mauritania mostraban mejoras en las condiciones del suelo y la vegetación.
Entre los hogares participantes, la proporción que necesitó asistencia alimentaria durante el periodo entre cosechas pasó de 44% en 2020-2021 a 33% en 2024-2025, de acuerdo con la agencia.
Los satélites detectan otra señal: más nubes sobre zonas verdes
La restauración del suelo también ha abierto una pregunta más ambiciosa: ¿puede recuperar vegetación suficiente para modificar procesos atmosféricos?
Un estudio basado en 20 años de observaciones del satélite Meteosat, entre 2004 y 2024, encontró que la frecuencia de cobertura nubosa era mayor sobre algunas áreas verdes de las tierras secas de África Occidental.
En determinados momentos del inicio y final de la temporada húmeda, la diferencia relativa llegó hasta aproximadamente 25%. Los investigadores encontraron además una relación más marcada en superficies protegidas suficientemente grandes.
Esto no significa que las medias lunas individualmente “fabriquen lluvia”.
Los propios investigadores advierten que, aunque existe una relación entre vegetación y formación de nubes, todavía debe determinarse hasta qué punto estos cambios terminan aumentando las precipitaciones.
Otro estudio ayuda a explicar por qué esa relación interesa a los científicos.
Investigadores que analizaron las principales cuencas africanas estimaron que casi 50% de la precipitación anual sobre África tiene su origen en agua previamente transpirada por la vegetación, aunque la proporción cambia enormemente entre regiones y oscila entre aproximadamente 5% y 68%.
La vegetación, por tanto, participa activamente en el reciclaje de humedad de la atmósfera. Eso no demuestra que reverdecer una parcela provoque lluvia sobre ese mismo lugar, pero sí explica por qué recuperar grandes extensiones de vegetación puede influir en procesos climáticos regionales.
El dato de los 4 metros en Níger necesita una explicación
Una de las cifras más llamativas asociadas a esta historia es el aumento de aproximadamente 4 metros en el nivel freático del suroeste de Níger entre 1963 y 2007.
El aumento está documentado científicamente, pero hay una precisión fundamental: los estudios que analizaron ese fenómeno no lo atribuyeron a las medias lunas ni a proyectos modernos de restauración.
La investigación relacionó el fenómeno principalmente con cambios históricos de uso de suelo. La eliminación de vegetación y expansión agrícola aumentaron la escorrentía hacia depresiones temporales, desde donde el agua terminó infiltrándose en el acuífero.
Lo que sí está documentado es que las técnicas actuales de restauración están diseñadas precisamente para aumentar la retención y la infiltración del agua en paisajes degradados.
Chad lleva la restauración a otro terreno: integrar a refugiados
La estrategia adquirió además una dimensión humanitaria en Chad, país que alberga una de las mayores poblaciones de refugiados de África.
A finales de junio de 2026, el país acogía alrededor de 1.55 millones de refugiados y solicitantes de asilo, según ACNUR. Más de 900 mil personas habían llegado desde Sudán desde el inicio de la guerra en abril de 2023.
El gobierno chadiano impulsa la estrategia Haguina, expresión en árabe chadiano que significa aproximadamente “es nuestro”.
Su objetivo es reunir proyectos de agricultura, infraestructura, recuperación de tierras y generación de ingresos para que refugiados y habitantes de las comunidades receptoras puedan avanzar hacia una mayor autosuficiencia.
El programa tiene como meta beneficiar a un millón de personas en cinco años, entre ciudadanos de Chad y refugiados.
En lugar de mantener separados a quienes llegan y quienes ya viven allí, varias de las iniciativas buscan desarrollar tierras agrícolas y medios de vida que puedan ser utilizados por ambos grupos.
Para el PMA, esta estrategia representa un intento de pasar gradualmente de la asistencia alimentaria de emergencia hacia sistemas capaces de generar producción e ingresos localmente.
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