Una familia restauró más de 600 hectáreas de bosque en Brasil tras plantar 840 mil árboles y creó las condiciones para reintroducir al tapir, desaparecido de Río de Janeiro desde hace más de un siglo
La recuperación de la Reserva Ecológica de Guapiaçu permitió que científicos reintrodujeran 14 tapires entre 2017 y 2021, una especie que no tenía registros confirmados en Río de Janeiro desde 1914 y que ahora ya se reproduce en libertad.
Durante más de dos décadas, una familia convirtió terrenos afectados por la ganadería y la deforestación en un bosque en el estado brasileño de Río de Janeiro.
Nicholas y Raquel Locke impulsaron la restauración de más de 600 hectáreas y la plantación de alrededor de 840 mil árboles nativos en la Reserva Ecológica de Guapiaçu (REGUA).
El proyecto permitió recuperar zonas de bosque y humedales y creó condiciones para reintroducir al tapir sudamericano, el mayor mamífero terrestre de Sudamérica, que llevaba más de un siglo sin registros confirmados en esa región.
La historia ocurrió en Cachoeiras de Macacu, dentro de la Mata Atlántica, uno de los ecosistemas afectados por la deforestación en Brasil.
De acuerdo con la información de REGUA y los estudios citados, los terrenos habían sido talados, drenados y utilizados para agricultura y ganado antes de comenzar su recuperación.
De pastizales a bosque
Nicholas y Raquel Locke comenzaron a trabajar en la recuperación de estos terrenos durante la década de 1990. En 2001 consolidaron REGUA con el objetivo de proteger las áreas que todavía conservaban vegetación y restaurar las zonas degradadas.
El proyecto utilizó especies propias de la Mata Atlántica. Para ello, REGUA creó un vivero que llegó a trabajar con alrededor de 120 especies nativas, muchas obtenidas de semillas recolectadas en bosques cercanos.
Con el paso de los años, la restauración alcanzó unas 840 mil árboles plantados y más de 600 hectáreas recuperadas.
La transformación no solo significó recuperar superficie forestal. También ayudó a conectar fragmentos de bosque que habían quedado aislados y permitió recuperar zonas húmedas que anteriormente habían sido drenadas.
El bosque volvió a recibir especies
Con la recuperación de la vegetación también regresaron condiciones para distintas especies de animales.
Actualmente, REGUA alberga más de 460 especies de aves, además de reptiles, anfibios y mamíferos. La reserva forma parte de una zona protegida alrededor de la cuenca del río Guapiaçu.
Esta recuperación abrió la posibilidad de trabajar en el regreso de algunas especies que habían desaparecido de la zona durante décadas.
Una de ellas era el tapir sudamericano (Tapirus terrestris).
El tapir llevaba más de un siglo sin aparecer en Río de Janeiro
El tapir sudamericano es el mayor mamífero terrestre de Sudamérica. Sin embargo, la destrucción de su hábitat y la caza provocaron su desaparición del estado de Río de Janeiro.
El último registro confirmado se produjo en 1914, en el Parque Nacional de Serra dos Órgãos.
Pasaron más de 100 años sin registros confirmados hasta que en 2017 comenzó un programa de reintroducción desarrollado por Refauna junto con REGUA.
Pero hay un punto importante: los tapires no regresaron por sí mismos después de la restauración del bosque.
Los científicos trasladaron 14 tapires
Entre 2017 y 2021 fueron trasladados y liberados 14 ejemplares procedentes de seis centros de cría.
Los animales fueron monitoreados mediante cámaras trampa y otros sistemas para conocer cómo se adaptaban al nuevo entorno.
El resultado fue que los tapires comenzaron a reproducirse en libertad dentro del territorio restaurado.
Así, el proyecto pasó de liberar animales a observar el establecimiento de una población capaz de reproducirse en un lugar donde la especie había desaparecido durante más de un siglo.
Ya nacieron ocho crías en la reserva
Para septiembre de 2025, REGUA había registrado ocho crías de tapir nacidas dentro de la reserva.
Una de ellas pertenecía a la segunda generación nacida en Río de Janeiro desde la desaparición de la especie. Su madre, Jasmim, había sido reintroducida en 2020 y posteriormente tuvo varias crías.
Esto significa que los animales liberados originalmente comenzaron a reproducirse y que sus descendientes también están naciendo en la zona restaurada.
Los tapires también ayudan a recuperar el bosque
La relación entre el bosque y los tapires funciona en ambas direcciones.
La restauración permitió recuperar un hábitat adecuado para estos animales, pero los tapires también pueden contribuir a la recuperación de la vegetación.
Al alimentarse de frutos y desplazarse por grandes distancias, dispersan semillas, lo que puede favorecer la regeneración de las zonas forestales.
De esta manera, el proyecto de REGUA terminó generando una relación entre la recuperación del bosque y el regreso de una de sus especies.
Primero se restauraron los terrenos degradados mediante la plantación de árboles y la recuperación de zonas húmedas. Después, ese territorio permitió desarrollar un programa para reintroducir al tapir, que comenzó a reproducirse nuevamente en libertad tras más de un siglo de ausencia en Río de Janeiro.
El proceso muestra que la recuperación de un ecosistema no depende únicamente de plantar árboles: también requiere restaurar las condiciones necesarias para que las especies puedan vivir y reproducirse en él.
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