Cinco vacas fueron abandonadas en una isla remota en 1871 y su ADN reveló 130 años después que la diversidad genética que tenían desde el inicio les permitió sobrevivir pese al aislamiento y la consanguinidad
El hallazgo mostró que la mezcla de linajes europeos y de la región del océano Índico les dio recursos genéticos para adaptarse al aislamiento, el frío y los fuertes vientos de la isla.
En 1871, un agricultor conocido como Heurtin dejó cinco vacas en la Isla Amsterdam, un territorio francés de 54 kilómetros cuadrados ubicado en el sur del Océano Índico.
Más de un siglo después, un análisis de su ADN reveló que estos animales ya contaban desde su origen con características que les permitieron adaptarse a las condiciones extremas del lugar.
El pequeño grupo llegó a convertirse en un rebaño de miles de ejemplares que sobrevivió durante décadas en una isla con fuertes vientos, frío y escasez de agua dulce.
En 2024, un equipo de genetistas encabezado por Mathieu Gautier, con investigadores del INRAE y la Universidad de Lieja, estudió muestras tomadas de animales en 1992 y 2006. El trabajo fue publicado en julio de ese año en la revista Molecular Biology and Evolution.
Los resultados cuestionaron una explicación científica anterior sobre el tamaño reducido que alcanzaron estas vacas y permitieron reconstruir cómo un grupo de apenas cinco animales pudo mantenerse durante generaciones.
¿Qué descubrieron al analizar el ADN?
El análisis genético identificó dos líneas de descendencia claramente diferenciadas dentro del rebaño.
La mayoría de los animales tenía ascendencia de razas taurinas europeas relacionadas con la Jersey, mientras que aproximadamente una cuarta parte correspondía a cebúes del Océano Índico, relacionados con el ganado de Madagascar y Mayotte.
Esta combinación genética ya estaba presente antes de que las vacas llegaran a la isla. De acuerdo con los investigadores, esa diversidad habría proporcionado desde el inicio características que ayudaron a los animales a enfrentar las condiciones adversas de Isla Amsterdam.
El estudio cuestionó una teoría sobre su tamaño
Uno de los principales hallazgos contradijo una investigación publicada en 2017 en Scientific Reports, que había planteado que las vacas habían experimentado un nanismo insular acelerado, es decir, una reducción de hasta tres cuartas partes de su tamaño original en poco más de un siglo.
Sin embargo, el nuevo análisis genético no encontró señales de selección relacionada con una reducción de talla.
Los datos apuntan a que los animales fundadores ya eran pequeños cuando llegaron a la isla, por lo que su tamaño no habría sido resultado de un proceso acelerado de adaptación posterior.
¿Cómo sobrevivieron solo cinco vacas durante generaciones?
El caso resulta especialmente llamativo porque el rebaño comenzó con apenas cinco animales, lo que inevitablemente provocó cruces entre ejemplares emparentados durante generaciones.
Los investigadores estimaron niveles de consanguinidad cercanos al 30%, una cifra que en muchas poblaciones animales puede favorecer la aparición de enfermedades hereditarias y aumentar el riesgo de desaparición.
A pesar de ello, el rebaño no colapsó. El estudio no encontró señales de una acumulación de variantes genéticas perjudiciales ni de un deterioro de la población.
La explicación estaría en la rapidez con la que aumentó el número de animales. El rebaño creció lo suficientemente rápido como para conservar diversidad genética antes de que la consanguinidad pudiera reducirla de manera importante.
El rebaño llegó a tener cerca de 2 mil animales
La población creció desde los cinco ejemplares originales hasta alcanzar cerca de 2 mil animales en 1952.
Aunque posteriormente sufrió un colapso debido a una enfermedad en 1988, el rebaño logró recuperarse antes de que el último ejemplar fuera eliminado en 2010 como parte de un programa de restauración ecológica.
Las muestras biológicas tomadas en décadas anteriores permitieron que los investigadores analizaran años después la historia genética de esta población.
El estudio concluyó que la capacidad de adaptación de estas vacas no surgió después de más de un siglo de aislamiento, sino que parte de las características que les permitieron sobrevivir ya estaban presentes en los cinco animales que llegaron a la isla en 1871.
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