El alce desapareció de Kentucky durante más de un siglo. Casi 30 años después de reintroducir más de 1,500 ejemplares, ocurrió algo que pocos esperaban: La población supera hoy los 10,000 animales y encontró refugio en antiguas zonas mineras
El reporte estatal 2025-2026 calcula una población superior a 10 mil ejemplares, mientras la Rocky Mountain Elk Foundation habla de alrededor de 13 mil; los pastizales creados en antiguas minas de carbón recuperadas tuvieron un papel importante en su expansión.
Kentucky consiguió recuperar una población silvestre de alces después de que estos animales desaparecieran del estado durante el siglo XIX. Entre diciembre de 1997 y marzo de 2002, autoridades trasladaron más de 1,500 ejemplares procedentes de seis estados del oeste de Estados Unidos hacia una zona de restauración en el sureste de Kentucky. Casi tres décadas después, el Departamento de Pesca y Vida Silvestre del estado calcula que viven allí más de 10,000 alces.
La cifra exacta depende de la fuente. El reporte oficial 2025-2026 mantiene la estimación por encima de 10 mil animales, mientras la Rocky Mountain Elk Foundation ha situado la manada alrededor de 13,000 ejemplares y la describe como la mayor al este de las Montañas Rocosas.
El resultado destaca porque el paisaje en el que prosperaron los animales no es únicamente bosque. Parte de la explicación está en terrenos profundamente transformados por otra actividad: la minería de carbón a cielo abierto.
Cómo volvió el alce a Kentucky
La población histórica de alces de Kentucky desapareció hacia mediados de la década de 1880 como consecuencia de la pérdida de hábitat y la caza excesiva, de acuerdo con el Departamento de Pesca y Vida Silvestre estatal. En 1997, después de evaluar el territorio y consultar a las comunidades, comenzó el programa para recuperar una población libre.
Los animales llegaron de Arizona, Kansas, Dakota del Norte, Nuevo México, Oregón y Utah. La zona destinada a su recuperación comprende 16 condados y alrededor de 4.1 millones de acres en el sureste de Kentucky.
La estrategia tiene paralelos con otros programas de conservación de grandes mamíferos en América del Norte. En México, por ejemplo, también se han desarrollado proyectos para el regreso del lobo mexicano a la Sierra Madre Occidental tras más de 50 años de ausencia.
Por qué las antiguas minas ayudaron a los alces
El territorio elegido en Kentucky está compuesto aproximadamente por 80% de bosque caducifolio y 10% de minas superficiales activas o recuperadas, además de terrenos agrícolas y zonas urbanizadas. Esa combinación terminó ofreciendo distintos recursos a los animales.
Tras la explotación de carbón, numerosas minas a cielo abierto fueron rehabilitadas con vegetación. Los trabajos de recuperación produjeron áreas abiertas dominadas por hierbas y arbustos, un tipo de terreno que ofrece alimento a los alces dentro de un paisaje en gran medida boscoso. El propio plan de manejo de Kentucky señala que investigaciones realizadas durante los primeros años del programa encontraron una fuerte preferencia de los animales por los recursos alimenticios existentes en minas recuperadas.
Eso no significa que la minería se haya convertido en una actividad beneficiosa para el ecosistema. La explotación superficial modifica profundamente el paisaje y los terrenos rehabilitados requieren manejo continuo; incluso la calidad del forraje puede disminuir con el tiempo y algunas especies vegetales invasoras representan un problema. El informe de 2025 documenta trabajos para retirar plantas invasoras y mejorar nuevamente el alimento disponible para la fauna.
La situación recuerda, aunque en otro ecosistema y bajo condiciones distintas, al proyecto que permitió el regreso de 29 bisontes al noreste de Sonora para restaurar procesos ecológicos.
Una población recuperada que ahora también debe ser controlada
La recuperación llevó al programa a una etapa diferente: ya no se trata únicamente de aumentar el número de animales, sino de administrar una población silvestre de gran tamaño.
Kentucky volvió a permitir la caza regulada de alces en 2001. Para la temporada 2025-2026, el programa contempló 500 permisos de cuota, distribuidos entre diferentes modalidades y tipos de ejemplares. La autoridad utiliza la caza, el seguimiento de población y el manejo del hábitat como parte de su estrategia para mantener a los animales en zonas adecuadas y reducir conflictos.
El caso también muestra que una reintroducción no termina con liberar animales. Necesita espacio suficiente, alimento, vigilancia sanitaria, monitoreo poblacional y un hábitat capaz de mantenerse durante décadas.
En Sonora, un proceso mucho más reciente ya mostró otro indicador de reproducción después de una reintroducción: el nacimiento de una cría de bisonte en la Reserva Cuenca Los Ojos, tras el traslado de una nueva manada a la región.
En Kentucky, el resultado de casi tres décadas es particularmente visible: un animal que había desaparecido del estado volvió a ocupar los Apalaches y ahora existe en cantidades suficientes para requerir una política permanente de manejo. Las viejas minas de carbón forman parte de esa historia, pero no por haber restaurado por sí mismas el ecosistema, sino porque sus terrenos recuperados generaron claros y pastizales que los alces pudieron aprovechar dentro de un paisaje predominantemente forestal.
Las cifras detrás de la recuperación
- 1997-2002: periodo en el que se trasladaron más de 1,500 alces a Kentucky.
- 16 condados: integran la principal zona de restauración en el sureste del estado.
- Más de 10,000: población actual estimada por el reporte estatal 2025-2026.
- Alrededor de 13,000: estimación publicada por la Rocky Mountain Elk Foundation.
- 500 permisos: cuota contemplada para la temporada de caza 2025-2026.
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