¿Hay OVNIs en la Biblia? Carros de fuego, ruedas celestiales y fenómenos anómalos descritos con el lenguaje de su época
Ezequiel observó ruedas que se elevaban y Elías desapareció tras la aparición de un carro con caballos de fuego; los relatos no demuestran visitas extraterrestres, pero podrían conservar descripciones antiguas de fenómenos que sus testigos no tenían forma de identificar.

Un carro de fuego tirado por caballos de fuego apareció repentinamente, separó a dos hombres y uno de ellos desapareció en el cielo dentro de un torbellino. Posteriormente, 50 personas lo buscaron durante tres días, pero nunca encontraron su cuerpo.
En otro relato, un profeta observó ruedas dentro de otras ruedas que se elevaban del suelo, cambiaban de dirección sin girar y se desplazaban junto a seres luminosos, mientras se escuchaba un estruendo semejante al de muchas aguas o al ruido de un ejército.
Estas escenas pertenecen a las historias bíblicas de Elías y Ezequiel.
Los autores de la Biblia pudieron haber empleado los objetos, animales y fenómenos que conocían para describir experiencias extraordinarias que no podían comprender completamente. Un medio de transporte desconocido podía convertirse en un carro, sus componentes móviles en ruedas, sus luces en fuego y aquello que parecía impulsarlo en caballos o alas.
Esta interpretación no demuestra precisamente que fueran naves o tecnología avanzada. Únicamente reconoce que cualquier persona describe lo desconocido mediante comparaciones con aquello que ya conoce.
Las citas bíblicas incluidas en esta nota se reproducen íntegramente conforme a la Biblia Traducción en lenguaje actual, conservando su redacción y ortografía originales.
¿Qué significa hablar de OVNIs dentro de la Biblia?
Un OVNI es, literalmente, un objeto volador no identificado. La palabra no significa nave extraterrestre ni determina la procedencia de lo observado.
La NASA utiliza actualmente el concepto de fenómeno anómalo no identificado para referirse a acontecimientos observados en el cielo que inicialmente no pueden reconocerse como aeronaves o fenómenos naturales conocidos. NASA
Bajo esa definición neutral, algunos relatos bíblicos podrían estudiarse como descripciones de fenómenos anómalos, aunque no existan suficientes datos para establecer qué ocurrió realmente.
Por lo tanto, cada pasaje debe analizarse de acuerdo con la naturaleza del propio relato.
Ezequiel y las ruedas que se elevaban del suelo
El relato más detallado se encuentra en el primer capítulo del Libro de Ezequiel. La visión habría ocurrido aproximadamente entre 593 y 592 a. C., cuando el profeta vivía entre los judíos desterrados en Babilonia, cerca del río o canal Quebar.
Ezequiel comienza asegurando que los cielos se abrieron y que contempló una visión de Dios. Desde el norte se aproximó un viento tempestuoso, acompañado por una gran nube, fuego, resplandor y algo brillante que comparó con el ámbar.
Posteriormente observó cuatro seres y unas estructuras que describió como ruedas:
“Mientras yo los miraba, vi que en el suelo había una rueda junto a cada uno de ellos. Las cuatro ruedas eran iguales, y brillaban como las piedras preciosas. Todas ellas estaban entrelazadas, como si formaran una estrella. Eso les permitía girar en cualquier dirección, sin tener que volver atrás. Pude ver también que los aros de las cuatro ruedas tenían ojos alrededor. Eso me llenó de miedo. Y como el espíritu de Dios estaba en los seres y en las ruedas, los hacía avanzar en la dirección que quería: hacia delante, hacia arriba o hacia atrás”. (Ezequiel 1:15-21)
La descripción contiene varios elementos extraordinarios:
- Las estructuras parecían estar formadas por una rueda dentro de otra.
- Podían desplazarse hacia cualquiera de sus cuatro costados.
- No necesitaban girar antes de cambiar de dirección.
- Se elevaban del suelo.
- Se detenían y avanzaban de manera coordinada.
- Sus bordes estaban cubiertos por elementos que Ezequiel comparó con ojos.
- Producían un ruido intenso durante el movimiento.
Sobre los seres había una especie de expansión semejante al cristal y, encima de ella, algo parecido a un trono con una figura de apariencia humana rodeada de fuego y resplandor.
Para una persona del siglo VI a. C., la rueda era uno de los mecanismos más complejos y reconocibles relacionados con el transporte. Si Ezequiel contempló algo que se desplazaba y poseía componentes circulares, la expresión “rueda en medio de rueda” habría sido una comparación lógica dentro del conocimiento disponible en su época.
Los “ojos” alrededor de los bordes también pudieron ser una imagen simbólica relacionada con la vigilancia divina. Sin embargo, dentro de una lectura meramente descriptiva, podrían recordar luces, aberturas o componentes repetidos cuya función el observador desconocía.
La interpretación religiosa tradicional identifica la escena como la gloria de Dios transportada sobre un trono celestial móvil. En el capítulo 10, Ezequiel reconoce a los seres como querubines. Los estudios del contexto cultural antiguo también relacionan la aparición con una carroza divina capaz de desplazarse en cualquier dirección.
Incluso dentro de esa interpretación teológica, el profeta parece esforzarse por describir algo que considera prácticamente indescriptible.
El carro de fuego de Elías: ¿una forma antigua de describir un medio de transporte?
El relato de Elías es tan sorprendente como la visión de Ezequiel y, en algunos aspectos, resulta todavía más fuerte.
Ezequiel explica desde el comienzo que tuvo una visión. La historia de Elías, en cambio, está redactada como un acontecimiento presenciado directamente por Eliseo.
Ambos caminaban y conversaban cuando una aparición luminosa los separó:
“ Mientras ellos iban caminando y conversando, apareció una carroza de fuego tirada por caballos de fuego y separó a los dos profetas. Entonces Elías subió al cielo en un remolino. Eliseo lo vio y gritó: —¡Mi maestro! ¡Mi maestro! Fuiste más importante para Israel que los carros de combate y los soldados de caballería. Después de esto no volvió a ver a Elías. Entonces Eliseo tomó su ropa y la rompió en dos para mostrar su tristeza”. (2 Reyes 2:11-12)
El texto reúne cuatro elementos especialmente llamativos:
- La aparición repentina de un carro de fuego.
- La presencia de caballos también descritos como fuego.
- Un torbellino que se eleva hacia el cielo.
- La desaparición definitiva de Elías.
La palabra “carro” merece especial atención. En la época atribuida a Elías, alrededor del siglo IX a. C., un carro tirado por caballos era uno de los medios de transporte más rápidos, poderosos y sofisticados conocidos. También estaba relacionado con reyes, ejércitos y demostraciones de autoridad.
Si Eliseo hubiera observado un medio de transporte completamente desconocido, no habría contado con palabras como aeronave, cabina, propulsor o turbina. Su comparación inmediata posiblemente habría sido con un carro, mientras que las estructuras o fuerzas que parecían moverlo pudieron ser entendidas como caballos.
El fuego pudo funcionar como una representación de la presencia y el poder de Dios. Pero, desde una lectura descriptiva, también podría reflejar luces intensas, resplandor, calor o energía visible.
Esto no permite afirmar que Elías abordó una aeronave. De hecho, el versículo distingue dos acciones: el carro de fuego separó a Elías y Eliseo, mientras que Elías ascendió dentro del torbellino.
No obstante, ambas cosas aparecen como partes de una misma escena. Por ello, es razonable preguntarse si el carro, los caballos de fuego y el torbellino fueron las comparaciones empleadas para describir diferentes componentes de un solo fenómeno.
Cincuenta hombres buscaron a Elías durante tres días
La historia no termina con la desaparición. Un grupo de profetas consideró posible que Elías hubiera sido levantado y depositado en algún monte o valle. Por eso organizó una búsqueda física:
“ y le dijeron: —Eliseo, estamos para servirte. En nuestro grupo hay cincuenta valientes que están dispuestos a buscar a tu maestro Elías. Puede ser que el espíritu de Dios lo haya levantado y dejado sobre alguna montaña o en algún valle. Eliseo les contestó: —No envíen a nadie. Pero tanto le insistieron que acabó diciendo: —De acuerdo, ¡vayan! Entonces los profetas enviaron a cincuenta hombres, y durante tres días estuvieron buscando a Elías, pero no lo encontraron”. (2 Reyes 2:16-17)
Este detalle fortalece el carácter narrativo del episodio. Los demás profetas no entendieron inicialmente la desaparición como una muerte convencional. Consideraron que Elías podía haber sido transportado físicamente a otro lugar.
La búsqueda de 50 hombres durante tres días tampoco demuestra una abducción ni un viaje aéreo. Sin embargo, muestra que, dentro del propio relato, la desaparición fue tomada como un acontecimiento real que requería encontrar al profeta.
Elías nunca fue localizado y Eliseo conservó el manto que se le había caído durante el episodio, símbolo de que recibió la autoridad profética de su maestro.
Los carros de fuego vuelven a aparecer con Eliseo
Los carros de fuego no aparecen una sola vez en los libros de los Reyes. Tiempo después, un ejército sirio rodeó la ciudad donde se encontraba Eliseo. Su criado tuvo miedo, pero el profeta pidió que pudiera observar una realidad que hasta ese momento permanecía oculta:
“Luego Eliseo oró y dijo: «Dios, te ruego que lo ayudes a darse cuenta de lo que sucede». Entonces Dios ayudó al sirviente, y éste vio que la montaña estaba llena de caballos y carros de fuego que rodeaban a Eliseo”. (2 Reyes 6:17)
Este segundo pasaje respalda la interpretación religiosa de los carros como representación del ejército y la protección de Dios. También demuestra que el carro era una de las imágenes utilizadas por los autores bíblicos para describir una presencia celestial capaz de desplazarse e intervenir desde un plano diferente.
Por ello, el carro de fuego de Elías puede analizarse desde dos lecturas que no necesariamente se excluyen: como símbolo de la fuerza divina y como la descripción, condicionada por los conocimientos de su época, de un fenómeno de transporte que el observador no podía identificar.
La columna de nube y fuego que guiaba a Israel
El Éxodo contiene otro fenómeno que se desplazaba, permanecía visible y aparentemente modificaba su posición para guiar a los israelitas:
“En ningún momento Dios los dejó solos. De día los guiaba mediante una nube en forma de columna, y de noche les alumbraba el camino con una columna de fuego”. (Éxodo 13:21-22)
El relato no describe una aparición momentánea. La columna de nube y fuego permanecía delante del pueblo, señalaba la dirección del recorrido y podía observarse tanto de día como de noche.
Una explicación natural podría relacionarla con humo, polvo, fuego o condiciones atmosféricas particulares. Sin embargo, no existe información suficiente para determinar su composición ni reconstruir su comportamiento físico.
Dentro de la Biblia, la columna representa claramente la presencia de Dios. Desde la perspectiva de los israelitas, tampoco existía necesariamente una separación entre un fenómeno natural y una acción divina: aquello que los guiaba podía ser al mismo tiempo un acontecimiento visible y una manifestación de Dios.
Fuego, humo y un sonido desconocido sobre el monte Sinaí
La llegada de Dios al monte Sinaí también está acompañada por fenómenos atmosféricos, luminosos, acústicos y sísmicos:
“Al amanecer del tercer día, en el cielo se oían truenos y se veían relámpagos; sobre la montaña había una nube oscura, y se oía el fuerte toque de una trompeta. ¡Todos los israelitas que estaban en el campamento temblaban de miedo! Entonces Moisés sacó del campamento a los israelitas y los llevó al pie de la montaña del Sinaí para que se encontraran con Dios. Como Dios había bajado a la montaña en forma de fuego, ésta estaba llena de humo. ¡Hasta parecía un horno! En ese momento la montaña entera retumbó fuertemente, y el toque de trompeta se oyó cada vez más fuerte. Y mientras Moisés hablaba con Dios, él le contestaba con voz de trueno”. (Éxodo 19:16-19)
El pasaje menciona relámpagos, una nube espesa, fuego, humo, vibraciones del terreno y un sonido creciente semejante al de una bocina.
Una persona contemporánea intentaría separar cada componente y medirlo con instrumentos. Los observadores antiguos lo narraron como una sola manifestación del poder divino.
El texto no permite determinar si detrás del relato existió una tormenta, actividad sísmica, algún fenómeno geológico o exclusivamente una experiencia religiosa. Lo único que puede afirmarse es que la descripción corresponde a un acontecimiento extraordinario dentro de la experiencia de quienes lo narraron.
La estrella de Belén que avanzaba y se detuvo
El Evangelio de Mateo contiene otro fenómeno difícil de interpretar literalmente. La estrella observada por los magos no se limita a aparecer en el cielo: parece desplazarse delante de ellos y detenerse sobre un lugar concreto.
“Después de escuchar al rey, los sabios salieron hacia Belén. Delante de ellos iba la misma estrella que habían visto en su país. Finalmente, la estrella se detuvo sobre la casa donde estaba el niño. ¡Qué felices se pusieron los sabios al ver la estrella!”. (Mateo 2:9-10)
Se han propuesto explicaciones como una conjunción planetaria, un cometa, una nova o un símbolo astrológico. El inconveniente es que una estrella situada a enormes distancias no podría señalar físicamente una casa como lo haría un objeto cercano.
Es posible que el relato empleara el lenguaje astronómico y religioso disponible en su época. También pudo tratarse de una señal celeste interpretada por los magos, quienes observaban el cielo desde conocimientos astrológicos diferentes a los actuales.
Por ello, la estrella de Belén puede considerarse un fenómeno celeste cuya naturaleza exacta no puede reconstruirse únicamente mediante el relato.
El enorme rollo volador observado por Zacarías
El Libro de Zacarías contiene la descripción de un objeto volador de enormes dimensiones:
“Volví a levantar la vista, y ante mis ojos vi volar un libro. El ángel me preguntó: —¿Qué es lo que ves, Zacarías? Yo le respondí: —Veo un libro que vuela. El libro mide diez metros de largo y cinco de ancho. Entonces el ángel me explicó: —Este libro representa la maldición que pronto caerá sobre toda la tierra. En un lado está escrita la maldición que caerá sobre los ladrones. En el otro lado está la maldición que caerá sobre los mentirosos, esos que usan mi nombre para hacer falsos juramentos”. (Zacarías 5:1-3)
En otras palabras, Zacarías no describió una pequeña hoja flotando, sino un enorme objeto de 10 metros de largo, comparable por sus dimensiones con un anuncio espectacular.
Sin embargo, el propio pasaje ofrece una explicación: el rollo representa una maldición que se extiende sobre la tierra. Su vuelo y sus dimensiones forman parte de una visión cargada de simbolismo, por lo que no necesariamente se trata de un objeto físico observado en el cielo.
Este ejemplo impide clasificar automáticamente como OVNI cada objeto volador mencionado en la Biblia. Primero debe distinguirse entre una narración presentada como acontecimiento, una visión profética y una imagen cuyo significado aparece explicado dentro del mismo pasaje.
Entonces, ¿la Biblia habla realmente de OVNIs?
La Biblia no afirma la existencia de otros planetas habitados, viajeros espaciales o tecnología procedente de otros mundos.
Sin embargo, sí conserva relatos de:
- Objetos o estructuras que se elevaban.
- Carros y caballos rodeados de fuego.
- Desapariciones en el cielo.
- Columnas luminosas que guiaban personas.
- Luces, nubes y sonidos extraordinarios.
- Fenómenos celestes que parecían desplazarse.
- Un gigantesco libro volador.
Algunos pasajes fueron redactados expresamente como visiones simbólicas. Otros están narrados como sucesos presenciados por personas dentro de la historia bíblica.
La posibilidad más prudente es reconocer que sus autores utilizaron el conocimiento y vocabulario de su época para describir experiencias que consideraron extraordinarias. Si contemplaron algo desconocido, recurrieron a comparaciones con carros, caballos, ruedas, alas, fuego, nubes y estrellas. Eso no convierte los relatos en pruebas de tecnología extraterrestre.
La Biblia puede contener relatos que hoy llamaríamos fenómenos anómalos no identificados. El misterio no está en afirmar que fueran naves de otros mundos, sino en reconocer que todavía no podemos saber con certeza qué experiencias originales dieron nacimiento a algunas de sus descripciones más extraordinarias.
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