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A la Generación Z le dijeron que triunfar era ganar más, pero está eligiendo algo que el sueldo no compra: salir a tiempo, cuidar su salud mental y tener una vida fuera del trabajo

El salario sigue siendo decisivo para aceptar un empleo, pero ya no basta para conservarlo: nuevos estudios muestran que el tiempo propio, una carga sostenible y la posibilidad de vivir fuera de la oficina están cambiando la idea de éxito laboral

Durante años, la fórmula del éxito laboral pareció sencilla: entrar a una empresa, trabajar más horas, subir de puesto y ganar un mejor sueldo. La Generación Z está cuestionando ese camino, pero no porque el dinero haya dejado de importarle.

Lo que ha cambiado es el precio que muchos jóvenes están dispuestos a pagar por ganar más.

Salir tarde todos los días, responder mensajes fuera del horario laboral, vivir bajo estrés constante o aceptar un ascenso que deja menos tiempo para la familia y la vida personal ya no se entienden automáticamente como señales de éxito.

La información fue publicada originalmente por Xataka, que analizó cómo la estabilidad, la conciliación y el tiempo libre están ganando peso en las decisiones laborales de los jóvenes. Los datos más recientes de Randstad y Deloitte respaldan una conclusión similar: el sueldo continúa siendo necesario, pero cada vez más trabajadores jóvenes rechazan la idea de que progresar implique entregar todo su tiempo al empleo.

El salario sigue importando, pero ya no alcanza para retener a una persona

Decir que la Generación Z ya no se preocupa por el dinero sería incorrecto.

La presión económica continúa condicionando muchas de sus decisiones. La Encuesta Global de la Generación Z y Millennials 2026 de Deloitte encontró que el 55% de los integrantes de la Generación Z ha retrasado decisiones importantes, como casarse, formar una familia, iniciar un negocio o continuar sus estudios, debido a su situación financiera.

El dinero sigue siendo, por tanto, una necesidad central.

Lo que cambia es lo que ocurre después de aceptar el empleo.

El Workmonitor 2026 de Randstad señala que, entre el talento consultado en México, el salario sigue atrayendo a las personas hacia una empresa, pero el equilibrio entre la vida laboral y personal es una de las principales razones para permanecer: el 45% lo identifica como un factor de retención.

La diferencia es importante.

Un buen sueldo puede conseguir que alguien acepte una oferta, pero ya no garantiza que quiera quedarse si el trabajo termina ocupando todas las horas del día.

Casi la mitad de la Generación Z ya aceptó ganar menos por tener más control de su tiempo

La prioridad por el tiempo no se queda en declaraciones.

Una investigación internacional de Randstad encontró que el 60% de la Generación Z prefiere tener autonomía sobre sus horarios antes que recibir un salario mayor.

El dato más revelador es que el 49% dijo haber aceptado ya un empleo con una paga menor a cambio de mayor flexibilidad de tiempo.

No significa que los jóvenes quieran cobrar poco.

Significa que una parte importante está haciendo una cuenta distinta a la de generaciones anteriores: cuánto dinero recibe, pero también cuántas horas entrega, cuánto estrés acumula y cuánto de su vida permanece disponible al terminar la jornada.

La misma investigación encontró que el 60% de los trabajadores consultados preferiría tener menos estrés antes que un salario más alto. Cuatro de cada diez ya habían aceptado un puesto peor pagado para reducir la presión laboral.

¿Entonces la Generación Z es menos ambiciosa?

Los datos no sostienen esa conclusión.

La encuesta global 2026 de Deloitte encontró que sólo el 25% de los integrantes de la Generación Z prefiere una carrera acelerada, marcada por ascensos rápidos. La mayoría se inclina por un crecimiento gradual o acepta movimientos laterales que le permitan ganar experiencia sin convertir la velocidad del ascenso en el único indicador de progreso.

Sólo el 6% de los jóvenes de la Generación Z y los millennials consultados dijo que alcanzar un puesto de liderazgo era su principal meta profesional.

Eso no significa que hayan renunciado a crecer.

La diferencia está en las condiciones.

Un ascenso deja de verse automáticamente como una recompensa cuando implica jornadas más largas, disponibilidad permanente, una carga mental mayor y poca mejora en la calidad de vida.

Para muchos jóvenes, progresar puede significar aprender una nueva habilidad, cambiar de área, conseguir estabilidad, trabajar con mayor autonomía o simplemente llegar a casa con energía para hacer algo más.

Tener tiempo dejó de ser un extra y se convirtió en parte del éxito

El cambio puede resumirse en una pregunta sencilla: ¿de qué sirve ganar más si no queda tiempo para vivir?

La investigación retomada originalmente por Xataka señala que los jóvenes ya no vinculan el éxito únicamente con el salario o la posición profesional. La estabilidad, disfrutar lo que se hace y poder conciliar el trabajo con la vida personal aparecen cada vez más como elementos centrales.

El Centro Reina Sofía de Fad Juventud encontró además que seis de cada diez jóvenes consideran que existen circunstancias externas que pueden frenar su progreso incluso cuando se esfuerzan. El 64.7% señaló la necesidad de obtener ingresos a corto plazo como uno de los factores que condicionan sus decisiones sobre el futuro profesional.

La contradicción es clara.

Los jóvenes necesitan dinero y estabilidad, pero al mismo tiempo desconfían de un modelo en el que trabajar más no garantiza vivir mejor.

Por eso el tiempo libre empieza a sentirse como un lujo.

La salud mental también entró en la negociación laboral

La idea de éxito ya no termina en la nómina.

La carga de trabajo, el estrés, el trato de los jefes y la posibilidad de desconectarse también influyen en la decisión de permanecer en una empresa.

Deloitte describe este cambio como una búsqueda de progreso bajo condiciones propias. Los jóvenes quieren estabilidad y desarrollo, pero también una carga laboral sostenible y caminos de crecimiento que no obliguen a sacrificar el bienestar.

Este punto resulta especialmente relevante en un mercado laboral donde la presión económica sigue siendo elevada.

En marzo de 2026, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó una tasa de informalidad laboral de 54.8% y una tasa de condiciones críticas de ocupación de 39.6% entre la población ocupada.

Ese contexto explica por qué la discusión no puede reducirse a decir que una generación “ya no quiere trabajar”.

Para muchas personas, el verdadero debate es cuánto debe ocupar el empleo dentro de una vida que también necesita descanso, relaciones, familia y tiempo propio.

La Generación Z también pide ayuda para no equivocarse al elegir su futuro

Los jóvenes no sólo quieren mejores condiciones laborales.

También reconocen que muchas decisiones profesionales se toman con información insuficiente.

El barómetro del Centro Reina Sofía encontró que el 75.7% quiere conocer mejor aquello que realmente le interesa antes de elegir su camino laboral. El 74% pide más información sobre las opciones que se ajustan a sus capacidades y más del 73% reclama formación financiera, orientación sobre derechos laborales y datos más claros sobre las posibilidades reales de cada trayectoria profesional.

Detrás de esas cifras aparece otro cambio.

El éxito ya no consiste únicamente en llegar más alto. También implica evitar pasar años en un camino que no ofrece estabilidad, posibilidades de desarrollo o una vida compatible con lo que cada persona considera importante.

El nuevo lujo puede ser cerrar la computadora y seguir teniendo un día

La transformación no elimina el salario de la ecuación.

La Generación Z necesita ingresos, busca estabilidad y enfrenta presiones económicas que incluso están retrasando decisiones personales importantes.

Pero ganar más dejó de ser la única respuesta a la pregunta de qué significa triunfar.

Para una parte de los jóvenes, el éxito también puede ser salir a la hora acordada, no vivir pendiente del teléfono, conservar la salud mental, ver a la familia, dormir bien o tener energía para una vida que no empiece cuando termina la carrera profesional.

Las empresas que quieran conservar talento joven tendrán que entender esa nueva cuenta.

El sueldo abre la puerta. El tiempo, la autonomía y una vida fuera del trabajo pueden ser lo que finalmente haga que alguien decida quedarse.

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