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Mientras en México los teléfonos públicos se han descontinuado y solo comunican zonas rurales con poca cobertura en Inglaterra las cabinas antiguas son un atractivo turístico para extranjeros

Ya sea por turismo o conseciones, los teléfonos públicos aún se ven en las calles de ambos países.

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MÉXICO. — El destino de las infraestructuras urbanas obsoletas revela profundas diferencias culturales, económicas y de planificación entre las naciones.

La evolución tecnológica impulsada por la conectividad móvil global ha dejado en el olvido herramientas que hace un par de décadas eran vitales para la comunicación diaria.

Dos ejemplos de este fenómeno global muestran caminos diametralmente opuestos: las casetas telefónicas de México y las icónicas cabinas rojas del Reino Unido.

Mientras que en el territorio mexicano estos dispositivos enfrentan un retiro forzado debido al desuso generalizado, en Inglaterra se han transformado en una valiosa veta para el sector turístico internacional.

Este contraste evidencia cómo un mismo avance tecnológico puede provocar el abandono de la infraestructura en un país en vías de desarrollo, o motivar un exitoso programa de conservación patrimonial en el continente europeo.

A continuación, analizaremos cómo México aborda el desmantelamiento de sus redes analógicas tradicionales, el rol de auxilio social que aún conservan estas infraestructuras en las comunidades más alejadas del país, el fenómeno de la resignificación turística británica y los factores clave detrás de estas realidades dispares.

El declive de la telefonía pública en las ciudades de México

La desaparición de los teléfonos públicos en las principales urbes de la República Mexicana es una realidad impulsada por la acelerada penetración de los teléfonos inteligentes y el acceso masivo a internet móvil.

Durante los años noventa y principios de los dos mil, las cabinas telefónicas de empresas dominantes como Teléfonos de México (Telmex) representaban una de las principales vías de comunicación para millones de ciudadanos que carecían de una línea fija residencial.

No obstante, las estadísticas de conectividad actuales han modificado por completo este panorama de consumo tecnológico urbano.

De acuerdo con datos actualizados del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI, 2024), más del 90% de la población mexicana es usuaria activa de telefonía celular, lo que provocó una caída irreversible en el uso de los aparatos de monedas o tarjetas prepago.

Como resultado de este desuso masivo, las casetas telefónicas ubicadas en avenidas principales y plazas metropolitanas comenzaron a deteriorarse aceleradamente por la falta de mantenimiento continuo.

A este desuso comercial se sumó una problemática de orden social y urbano: el vandalismo reiterado y la acumulación de desechos.

Muchas de estas estructuras se transformaron gradualmente en obstáculos físicos para el tránsito peatonal seguro, lo que generó reportes constantes por contaminación visual y obstrucción de banquetas en ciudades con alta densidad demográfica como Monterrey, Guadalajara y la Ciudad de México.

Por tales motivos, el Poder Legislativo e instancias locales se coordinaron para emitir normativas enfocadas en el retiro masivo de estas plataformas obsoletas.

  • Pérdida de rentabilidad: La baja venta de tarjetas de prepago hizo financieramente inviable el mantenimiento físico de las casetas.
  • Problemas de espacio público: Las estructuras abandonadas reducen la movilidad de peatones y personas con discapacidades en las banquetas.
  • Falta de refacciones: La descontinuación de componentes electrónicos analógicos aceleró el cese de operaciones de miles de módulos a nivel nacional.

¿Por qué los teléfonos públicos siguen en México e Inglaterra?

A pesar de la campaña masiva de retiro logístico en las áreas metropolitanas, la telefonía pública no ha desaparecido por completo del mapa mexicano debido a una brecha digital persistente. En miles de localidades rurales de alta marginación, donde la infraestructura de las redes móviles 4G o 5G es inestable o inexistente, las antiguas líneas fijas e inalámbricas comunitarias representan el único canal de enlace con el exterior. Para estas poblaciones aisladas, la caseta del pueblo no es una reliquia nostálgica, sino una herramienta de emergencia indispensable.

Existen obligaciones legales de cobertura universal estipuladas en los títulos de concesión originales de empresas como Telmex, los cuales exigen mantener un número mínimo de líneas activas por cada millar de habitantes en áreas catalogadas como desatendidas.

Aunque para las corporaciones de telecomunicaciones sostener esta infraestructura representa un costo operativo elevado y poco rentable, el impacto social de retirarlas de forma total sería devastador para las comunidades ejidales y serranas del país.

La utilidad actual de los teléfonos públicos supervivientes en zonas rurales marginadas abarca las siguientes necesidades básicas:

  • Atención de emergencias médicas: Permiten solicitar ambulancias o asistencia sanitaria hacia clínicas regionales cuando los celulares carecen por completo de señal.
  • Contacto con familiares migrantes: Facilitan la recepción y realización de llamadas telefónicas de larga distancia internacional hacia los Estados Unidos.
  • Coordinación de programas sociales: Sirven como puntos de enlace para que las autoridades locales coordinen apoyos gubernamentales y alertas climáticas ante desastres naturales.

El modelo británico: Iconos culturales y atractivo turístico

Una realidad opuesta se observa en el Reino Unido, donde las tradicionales cabinas telefónicas rojas —diseñadas originalmente por el arquitecto Sir Giles Gilbert Scott en la década de 1920 y conocidas técnicamente como los modelos K2 y K6— han esquivado el camino de la chatarra urbana.

En lugar de removerlas de las calles de Londres, Edimburgo o los pequeños pueblos de la campiña inglesa, las autoridades británicas y la empresa de telecomunicaciones BT Group diseñaron programas de conservación patrimonial que atraen a millones de viajeros internacionales.

Estas estructuras de hierro fundido rojo se han convertido en un símbolo de la identidad británica a la altura del Big Ben o los autobuses de dos pisos. Su preservación responde a una estrategia de marketing turístico y de conservación arquitectónica sumamente efectiva. Las agencias de viajes reportan que capturar una fotografía junto a una de estas cabinas históricas es una de las actividades prioritarias para los turistas que visitan el territorio británico por primera vez.

Para evitar que estas estructuras se transformaran en cascarones vacíos y deteriorados, el programa nacional “Adopt a Kiosk” (Adopta una Cabina) permitió a comunidades locales, organizaciones benéficas y emprendedores privados adquirir estas cabinas por el valor simbólico de una libra esterlina. Esta iniciativa comunitaria descentralizada dio paso a una reconversión creativa que ha diversificado el paisaje comercial urbano e impulsado microeconomías locales mediante los siguientes giros:

  • Microbibliotecas comunitarias: Intercambio gratuito de libros entre residentes y viajeros.
  • Estaciones de desfibriladores médicos: Espacios cardioprotegidos equipados para emergencias de salud pública.
  • Kioscos de café y snacks de especialidad: Pequeños locales comerciales enfocados en el turismo peatonal de alta velocidad.
  • Galerías de arte contemporáneo de ocupación individual: Espacios de exhibición artística a escala miniatura.

Dos perspectivas del patrimonio urbano y el desarrollo tecnológico

El contraste entre los teléfonos públicos abandonados de México y las rentables cabinas turísticas de Inglaterra demuestra cómo el valor económico de un objeto cambia según el contexto cultural y de planificación urbana de cada país.

Mientras que el gobierno y las empresas mexicanas priorizan la recuperación del espacio público y la migración definitiva hacia los entornos digitales, el ecosistema británico percibe sus remanentes analógicos como activos históricos capaces de generar ingresos económicos indirectos por medio de la industria turística.

La diferencia fundamental radica en que el Reino Unido estandarizó el diseño de sus casetas bajo un concepto arquitectónico unificado y estético desde sus inicios, lo que facilitó su transición a monumentos protegidos por la ley.

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En cambio, la telefonía pública en México se diversificó a través de múltiples diseños plásticos, metálicos y publicitarios que carecían de un valor artístico intrínseco, lo que dificultó su reciclaje como patrimonio cultural urbano ante los ojos de la ciudadanía moderna.

  • Enfoque en México: Sustitución tecnológica acelerada, priorización de la conectividad digital móvil y remoción de obstáculos físicos en vías urbanas saturadas.
  • Enfoque en el Reino Unido: Conservación histórica, diversificación comercial mediante el reciclaje de estructuras e integración arquitectónica con fines recreativos y turísticos.

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