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Durante años cubrimos con caucho los patios infantiles para proteger a los niños, pero un estudio en Finlandia encontró que el contacto con tierra y barro podría fortalecer su sistema inmunológico

Un proyecto científico que involucra decenas de escuelas y guarderías analiza si devolver la naturaleza a los espacios de juego puede ayudar a reducir alergias, mejorar la salud y fortalecer las defensas desde la infancia.

Durante años cubrimos con caucho los patios infantiles para proteger a los niños, pero un estudio en Finlandia encontró que el contacto con tierra y barro podría fortalecer su sistema inmunológico

Durante décadas, muchas ciudades sustituyeron la tierra, el pasto y el barro de los parques infantiles por superficies de caucho, materiales sintéticos y espacios cada vez más controlados. La idea parecía lógica: reducir accidentes, mejorar la limpieza y ofrecer entornos más seguros para los niños.

Sin embargo, un ambicioso proyecto científico desarrollado en Finlandia está poniendo en duda esa estrategia. Investigadores han encontrado indicios de que alejar a los menores del contacto cotidiano con la naturaleza podría tener consecuencias inesperadas para su salud, especialmente en el desarrollo de su sistema inmunológico.

Por esa razón, varias escuelas y guarderías finlandesas están haciendo algo que hace algunos años habría parecido impensable: devolver el barro, la vegetación y los suelos naturales a los patios donde juegan los niños todos los días.

¿Por qué Finlandia quiere que los niños vuelvan a jugar en la tierra?

La iniciativa forma parte de Vahvistu, un programa de investigación que estudia cómo la presencia de naturaleza en escuelas y guarderías puede influir en la salud infantil.

La hipótesis es sencilla, pero poderosa. Los científicos creen que el contacto frecuente con la biodiversidad presente en la tierra, las plantas y otros elementos naturales expone a los niños a microorganismos beneficiosos que ayudan a entrenar y equilibrar las defensas del organismo.

En otras palabras, los investigadores buscan comprobar si jugar en espacios más naturales puede ayudar al cuerpo a aprender a distinguir entre amenazas reales y elementos inofensivos.

¿Qué relación tiene esto con las alergias y otras enfermedades?

Según diversos estudios citados por los investigadores, la exposición temprana a microbios presentes en entornos naturales parece estar asociada con un menor riesgo de desarrollar alergias, dermatitis atópica y otros trastornos relacionados con el sistema inmunitario.

Los expertos explican que las defensas del cuerpo necesitan estímulos durante la infancia para desarrollarse correctamente. Cuando ese contacto disminuye, el organismo puede reaccionar de forma exagerada ante sustancias comunes como el polen, el polvo o el pelo de los animales.

Por ello, algunos científicos comparan el sistema inmunológico con un músculo que necesita ejercitarse para funcionar adecuadamente.

¿Cómo están realizando la investigación?

El proyecto forma parte de una iniciativa más amplia llamada BIWE, respaldada por la Academia de Finlandia y desarrollada entre 2021 y 2027.

Para poner a prueba la teoría, distintas autoridades regionales destinaron cerca de un millón de euros para transformar los patios de 43 escuelas y guarderías.

En estos espacios se incorporaron plantas, tierra, vegetación y materiales naturales con el objetivo de aumentar la biodiversidad disponible para los menores durante sus actividades diarias.

Posteriormente, los investigadores comparan los resultados con otros centros educativos que mantienen sus patios sin modificaciones.

¿Qué analizan los científicos en los niños participantes?

El estudio va mucho más allá de observar dónde juegan los menores.

Los investigadores realizan análisis de piel, saliva, heces y sangre para estudiar cambios en la microbiota y en el funcionamiento del sistema inmunológico.

También evalúan indicadores relacionados con el estrés, como los niveles de cortisol, además de aplicar pruebas cognitivas y cuestionarios sobre bienestar y salud.

Estas mediciones se repiten cada año desde que comenzaron las intervenciones en 2024, con el fin de observar cambios a largo plazo.

¿Qué descubrieron investigaciones anteriores?

Los científicos involucrados ya habían obtenido resultados prometedores antes del inicio de este proyecto.

En un estudio publicado en 2020, considerado uno de los primeros experimentos controlados de este tipo, enriquecieron con microbiota natural la arena utilizada en áreas de juego infantiles.

Los resultados sugirieron que pequeñas modificaciones en el entorno podían influir positivamente en el equilibrio del sistema inmunológico de los niños en edad preescolar.

Este hallazgo abrió la puerta a investigaciones más amplias para determinar si cambios sencillos en los espacios urbanos pueden tener beneficios importantes para la salud pública.

¿Por qué todavía no existe una respuesta definitiva?

Aunque los resultados preliminares son alentadores, los propios investigadores reconocen que aún quedan muchas preguntas por responder.

El proyecto apenas acumula algunos años de seguimiento, un periodo que podría resultar insuficiente para medir el impacto en enfermedades que tardan mucho tiempo en desarrollarse.

Además, todavía no está claro qué combinación de vegetación, tipo de suelo o diseño urbano ofrece los mejores resultados.

Por ello, el principal desafío será convertir estos descubrimientos en recomendaciones concretas que puedan aplicarse en futuras escuelas, parques y espacios públicos.

¿Qué podría significar este hallazgo para las ciudades del futuro?

La investigación plantea una pregunta que cada vez genera más interés entre urbanistas, médicos y científicos: ¿es posible que las ciudades modernas se hayan alejado demasiado de la naturaleza?

Si los resultados finales confirman los beneficios observados hasta ahora, la presencia de barro, hierba, árboles y biodiversidad podría dejar de verse como un simple elemento decorativo para convertirse en una herramienta de salud pública.

La información fue difundida por Xataka, con base en los avances del proyecto finlandés Vahvistu y del programa científico BIWE, que continúa analizando cómo el contacto diario con la naturaleza puede influir en la salud de las nuevas generaciones.

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