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Una fotógrafa francesa escaló 4 mil 200 metros en los Alpes y soportó temperaturas de 28 grados bajo cero para capturar el triple arco de la Vía Láctea que terminó publicando la NASA

Angel Fux planeó la expedición durante seis meses y dedicó otras 40 horas a procesar la imagen final donde no solo aparece el doble arco galáctico sino un tercer fenómeno luminoso que la sorprendió en plena cumbre

Una fotógrafa francesa escaló 4 mil 200 metros en los Alpes y soportó temperaturas de 28 grados bajo cero para capturar el triple arco de la Vía Láctea que terminó publicando la NASA

Hay imágenes que parecen imposibles de capturar y sin embargo existen porque alguien decidió enfrentar el frío extremo, la altitud y semanas enteras de planificación para lograrlas. Eso fue lo que hizo la astrofotógrafa francesa Angel Fux, quien ascendió hasta los 4 mil 200 metros de altitud en una cumbre de los Alpes y soportó condiciones que ella misma describe como infernales para capturar uno de los fenómenos astronómicos más difíciles de fotografiar: el doble arco de la Vía Láctea.

De acuerdo con la información publicada por el portal especializado Xataka, la expedición de Fux ocurrió en marzo y la imagen final fue tan extraordinaria que la NASA decidió incluirla en su selección oficial de imágenes astronómicas destacadas del año, un reconocimiento que pocas fotografías independientes logran obtener.

Pero lo que comenzó como un plan para capturar dos brazos de nuestra galaxia terminó convirtiéndose en algo todavía más raro. Mientras revisaba las imágenes capturadas durante la noche en la cumbre, Fux descubrió un tercer fenómeno luminoso que ni siquiera ella esperaba encontrar en su encuadre, lo que terminó por elevar la fotografía a la categoría de imagen única en el mundo.

¿Quién es Angel Fux y por qué hace este tipo de fotografías?

Angel Fux es una fotógrafa nacida en París en 1998 que con el paso de los años se especializó en una de las ramas más complejas y exigentes de la fotografía: la astrofotografía combinada con paisajes nocturnos de montaña. Su trabajo no consiste en simplemente apuntar una cámara al cielo, sino en planificar expediciones a lugares remotos donde la contaminación lumínica es mínima y la oscuridad permite capturar la profundidad real del universo.

A lo largo de su carrera, Fux ha desarrollado proyectos en algunos de los lugares más oscuros y elevados del planeta, incluyendo los Alpes, los Andes, los Pirineos y las Dolomitas. En su propio blog, la fotógrafa reconoce que su obsesión por los cielos oscuros se ha ido intensificando con los años de una manera que ella misma no comprendió hasta hace poco.

Antes de la expedición al Dent d’Hérens, Fux ya había explorado los Andes peruanos y en 2025 había subido al Gornergrat, en los Alpes Peninos, donde fotografió por primera vez el doble arco de la Vía Láctea a 3 mil 100 metros de altitud. Esa experiencia previa le abrió la puerta a un reto mayor: hacer lo mismo, pero mil metros más arriba.

¿Qué es el doble arco de la Vía Láctea que quería fotografiar?

El doble arco de la Vía Láctea es un fenómeno astronómico que ocurre una vez al año en el hemisferio norte y que solo puede observarse durante unos pocos días en el mes de marzo. Lo que sucede es algo extraordinario: durante una misma rotación terrestre, es posible contemplar ambos brazos de la Vía Láctea sobre el horizonte, aunque no al mismo tiempo.

Como explica la propia Fux, el arco invernal es una franja de estrellas más tranquila y menos densa que se eleva durante la primera mitad de la noche. Luego, a medida que la Tierra gira, el arco estival asciende desde la otra dirección, trayendo consigo el núcleo galáctico, que es ese inconfundible y denso río de luz que asociamos con las imágenes más impresionantes de nuestra galaxia.

Juntos, ambos brazos forman lo que se conoce como el doble arco de la Vía Láctea. No es un fenómeno completamente inexplorado, ya que otros fotógrafos han logrado capturarlo antes. Sin embargo, hacerlo desde una cumbre alpina a más de 4 mil metros de altitud, en condiciones de frío extremo y con riesgo real para la vida, sí es algo que muy pocos profesionales se atreven a intentar.

¿Qué condiciones extremas enfrentó en la cumbre del Dent d’Hérens?

El plan original de Fux contemplaba temperaturas duras, pero la realidad superó cualquier pronóstico. Mientras el reporte meteorológico anticipaba valores de menos 19 grados centígrados, una vez en la cumbre la fotógrafa y su equipo se encontraron con temperaturas que descendieron hasta los menos 25 y menos 28 grados, acompañadas de gélidas rachas de viento que hacían cualquier movimiento todavía más complicado.

A esto se sumaron las cornisas heladas que rodeaban la zona de trabajo, formaciones de nieve y hielo que sobresalen del borde de las montañas y donde un solo paso en falso puede ser fatal. Para protegerse, Fux usó un saco de dormir diseñado para soportar temperaturas de hasta menos 30 grados, con un umbral de supervivencia que llegaba hasta los menos 50 o 60 grados. Sus botas eran de montaña de tres capas con crampones acoplables, y su vestimenta incluía varias capas pensadas para mantener el calor pasivo y permitir el movimiento activo.

La fotógrafa también tuvo que trabajar con un sistema de cuerdas y arneses, ya que una vez en la cima debía estar atada en todo momento cuando salía de la tienda. Para esta expedición contó con el apoyo de un guía de montaña profesional llamado Richard Lehner, quien participó en el proyecto junto con su hijo Arnaud. Sin este acompañamiento técnico, el proyecto habría sido prácticamente imposible de ejecutar.

¿Por qué fue tan difícil técnicamente capturar esta imagen?

Aunque el espectáculo natural se repite cada año, fotografiarlo correctamente exige que se alineen varias condiciones simultáneamente. Para empezar, debe haber una fase adecuada de la luna, una ubicación correcta para el ángulo de los arcos, un horizonte despejado de 360 grados y un nivel de contaminación lumínica lo más bajo posible.

Incluso cuando el fotógrafo cuida todos esos factores, todavía queda un elemento que no se puede controlar: la meteorología. Como explica Fux, el periodo óptimo para tomar la imagen dura apenas cinco días, lo que significa que hay años en los que sencillamente el espectáculo desaparece porque las nubes, el viento o la nieve impiden cualquier intento de captura.

A nivel de equipo, Fux utilizó una cámara Nikon Z6 II adaptada para astrofotografía, un objetivo Nikon NIKKOR Z 20mm f/1.8 y un rastreador de estrellas Benro Polaris. Incluso con todo este material profesional, la fotógrafa tuvo que lidiar con imprevistos técnicos serios. Durante una de sus sesiones de práctica para aclimatarse a la altitud, su cámara grabó una secuencia completa de una hora y media sin registrar nada en la tarjeta de memoria, un problema conocido en cámaras sin espejo cuando operan en frío extremo.

¿Qué fue el tercer arco que apareció por sorpresa en la imagen?

Aquí está el momento más fascinante de toda la historia. Fux había planeado capturar el doble arco, pero al revisar las panorámicas tomadas durante la noche se encontró con algo inesperado. “Hubo una sorpresa”, relató la fotógrafa. “Mientras revisaba la panorámica del arco invernal me fijé en un tenue arco ovalado que se extendía en dirección opuesta al sol, atravesando el encuadre con un degradado sutil pero inconfundible”.

Ese arco adicional resultó ser el Gegenschein, un fenómeno luminoso muy difícil de captar. Se trata de un brillo difuso del cielo nocturno causado por la luz solar que refleja el polvo interplanetario, justo en la posición opuesta al sol. Su nombre proviene del alemán y significa literalmente “contrabrillo”. Es tan tenue que rara vez aparece en fotografías, y cuando lo hace suele requerir condiciones absolutamente perfectas de oscuridad y atmósfera.

Lo extraordinario es que el Gegenschein estaba presente incluso en los archivos sin procesar, lo que confirmaba que la imagen final tendría más de lo que la fotógrafa había previsto en su planificación original. Lo que iba a ser un doble arco se convirtió en un arco triple: el Gegenschein, la Vía Láctea invernal y la estival, todos juntos en un único encuadre sobre los Alpes.

¿Cuánto tiempo le tomó procesar la fotografía final?

La parte más arriesgada y fascinante del proyecto terminó cuando Fux descendió de la montaña, pero el trabajo estaba lejos de concluir. La fotógrafa dedicó 40 horas completas a procesar el material capturado durante esa noche en el Dent d’Hérens, la mayor inversión de tiempo que ha realizado hasta la fecha en una sola fotografía.

Durante las primeras 10 horas de ese proceso, Fux ni siquiera trabajaba con imágenes propiamente dichas. En su pantalla solo veía números, histogramas, scripts y códigos. Para alguien acostumbrado a ver en qué trabaja, eso resulta especialmente desconcertante. La fotógrafa admite que en varias ocasiones tuvo ganas de tirar el ordenador por la ventana ante la frustración del proceso técnico.

Poco a poco, el resultado fue tomando forma hasta convertirse en un paisaje nocturno con tres arcos de apariencia casi onírica, el producto final de meses de planificación, una expedición de alto riesgo y un capricho natural de última hora a 4 mil metros de altitud.

¿Por qué la NASA decidió publicar esta fotografía?

La fotografía resultó tan fascinante que la NASA la incluyó en abril dentro de su selección oficial de imágenes astronómicas destacadas. Este tipo de reconocimiento es excepcional para una fotógrafa independiente y confirma el valor científico y estético del trabajo realizado por Fux durante meses.

La publicación en NASA cumple varios propósitos. Por un lado, documenta visualmente fenómenos astronómicos que rara vez pueden capturarse en una sola imagen. Por otro, muestra cómo la combinación entre planificación rigurosa, equipo especializado y resistencia física puede producir resultados que ni los telescopios espaciales pueden replicar exactamente, porque incluyen el componente terrestre del paisaje alpino.

Para Fux, el reconocimiento fue una validación importante de un proyecto que llevaba meses de preparación. Incluso sus propios padres, que al principio se mostraron preocupados por los riesgos de la expedición, terminaron pidiéndole ser los primeros en recibir una copia de la imagen en gran formato. Una anécdota personal que cierra de manera entrañable una de las historias más fascinantes de la astrofotografía contemporánea.

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