Madre se vuelve alcohólica luego de no conectar con su hijo subrogado: habría buscado tener al bebé solo para complacer a su esposo
Pam Andras, de 54 años, rompe el silencio sobre la “verdad oscura” detrás de la gestación subrogada: depresión, alcoholismo y una desconexión total con su bebé.
En un mundo donde el streaming y las redes sociales nos venden la subrogación como el final feliz ideal, el testimonio de Pam Andras ha llegado para sacudir la industria.
Tras sobrevivir a 10 abortos espontáneos y una cirugía de corazón, Pam pensó que el nacimiento de su tercer hijo, Lucah, traería paz a su hogar en Nueva York. Sin embargo, lo que siguió fue un descenso a los infiernos.
¿Por qué Pam Andras no logró conectar con su bebé?
A diferencia de sus embarazos anteriores, Pam confiesa que el motor de esta decisión no fue su propio deseo, sino el de complacer a su esposo.
A pesar de que la gestante era su propia sobrina, Pam no desarrolló el instinto maternal durante los nueve meses de espera.
“No había conexión biológica ni emocional”, relata. Esta falta de vínculo, sumada a la presión social por ser una “madre feliz”, la hundió en una crisis de identidad sin precedentes.
El alcohol: El refugio ante el resentimiento y la culpa
Tras el nacimiento de Lucah, la depresión no tardó en aparecer. Pam se sentía como una extraña en su propia casa.
Para adormecer el dolor y el resentimiento por haber cedido a un proceso que no deseaba, desarrolló una dependencia severa al vino.
Lo que muchos veían como una familia perfecta, era en realidad un matrimonio en riesgo y una mujer luchando contra la adicción para soportar la realidad de su nueva maternidad.
¿Es la subrogación tan “glamorosa” como dicen las famosas?
La advertencia de Pam es clara: la subrogación no es para todos. Ella critica duramente la imagen que proyectan las celebridades, señalando que se omiten los riesgos psicológicos graves.
- El vacío emocional: La ausencia de cambios hormonales y físicos puede dificultar el apego.
- La presión de pareja: Ceder a este proceso para salvar una relación o complacer al otro es, según su experiencia, una receta para el desastre.
¿Cómo logró recuperarse después de tres años?
La sanación de Pam no fue rápida. Le tomó tres años de terapia intensa (individual y de pareja) para reconstruir su bienestar emocional y dejar el hábito de la bebida.
Hoy, ya recuperada, comparte su historia no para atacar el método, sino para que otras mujeres no se sientan culpables si no experimentan ese “amor instantáneo” que la sociedad exige.
Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados