¿El nuevo tabaco? Científicos de Harvard comparan los ultraprocesados con los cigarrillos
Los alimentos ultraprocesados son productos industriales que combinan azúcares, grasas y aditivos para generar placer inmediato y fomentar el consumo repetido.
Los alimentos ultraprocesados son productos fabricados de forma industrial que contienen ingredientes y aditivos que no se usan de manera habitual en el hogar. Entre ellos se encuentran colorantes, saborizantes, emulsionantes y conservadores. Estos productos combinan azúcares, grasas y químicos de manera precisa para generar placer inmediato al consumirlos.
Esa combinación activa los circuitos de recompensa del cerebro y provoca el deseo de seguir comiendo. Por este motivo, diversos expertos señalan que pueden generar conductas similares a las asociadas con la adicción.
Investigadores de las universidades de Harvard, Michigan y Duke, en Estados Unidos, advirtieron que los ultraprocesados comparten características clave con el tabaco, ya que ambos son productos industriales diseñados para generar placer rápido y dificultar que el consumo se detenga.
Por qué los científicos comparan los ultraprocesados con el tabaco
De acuerdo con el estudio, los ultraprocesados y los productos de tabaco utilizan estrategias similares para maximizar el deseo y la repetición del consumo. Entre ellas se encuentran la intensificación de sabores, el uso de químicos específicos y la creación de efectos placenteros breves, pero intensos.
Los investigadores afirmaron que estos productos “deben verse menos como alimentos y más como consumibles optimizados hedónicamente, similares a los cigarrillos”. El análisis fue publicado en la revista especializada en salud pública y políticas sanitarias The Milbank Quarterly.
El equipo estuvo integrado por Ashley Gearhardt, Kelly Brownell y Allan Brandt, académicos de la Universidad de Michigan, la Universidad de Duke y la Universidad de Harvard.
Las cinco estrategias de la industria para aumentar el consumo
El estudio identificó cinco tácticas principales utilizadas por la industria de los ultraprocesados para estimular el consumo frecuente:
1. Optimización de la dosis: Las empresas ajustan con precisión las cantidades de azúcar, grasa y sal para lograr el mayor impacto placentero posible y reforzar el deseo de seguir comiendo.
2. Velocidad de entrega: Los productos están diseñados para que el sabor y la energía lleguen al cerebro casi de inmediato, lo que genera una recompensa rápida y fomenta la repetición.
3. Ingeniería del placer: Se cuidan detalles como textura, color, sabor y sonido. Incluso el crujido o el ruido del empaque al abrirse están calculados para reforzar la experiencia sensorial.
4. Presencia constante: Los ultraprocesados están disponibles en casi todos los entornos, desde tiendas pequeñas hasta supermercados, lo que facilita su consumo en cualquier momento.
5. Reformulación engañosa: Algunas marcas ofrecen versiones “bajas en grasa” o “sin azúcar”, pero mantienen ingredientes que estimulan el deseo y el consumo. Esta práctica es conocida como health washing.
Cómo se diseñan para provocar una gratificación breve
Los investigadores explicaron que estos productos buscan provocar una explosión inicial de sabor que desaparece rápidamente. El estudio recoge la frase de un especialista en sabor de la industria: “Queremos una explosión al principio. Y tal vez un final que no dure demasiado, para que quieras más”.
Este efecto se logra al combinar carbohidratos refinados y grasas en proporciones poco comunes en la naturaleza. El resultado, según los científicos, es “una gratificación sensorial intensa pero breve, que refuerza el ciclo de deseo y consumo repetido”.
Qué efectos tiene su consumo en la salud
El consumo elevado de ultraprocesados se asocia con mayores tasas de obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares. Los investigadores analizaron datos de más de 50 países y observaron que, a medida que estos productos dominan la dieta, aumentan los problemas de salud relacionados.
También señalaron que “el consumo de ultraprocesados se asocia con cambios en el comportamiento, como la pérdida de control y el deseo persistente de comer más”.
El estudio advierte que “una persona muere cada cuatro minutos en Estados Unidos por enfermedades prevenibles relacionadas con estos productos”.
Cuáles son los ultraprocesados más adictivos
No todos los ultraprocesados presentan el mismo nivel de riesgo. Sin embargo, los más problemáticos son aquellos que combinan altos niveles de carbohidratos refinados y grasas añadidas.
Entre ellos se encuentran las gaseosas, las golosinas, las papas fritas y las comidas rápidas. Estos productos también son los más consumidos por adolescentes y jóvenes, lo que incrementa los riesgos a largo plazo.
Qué proponen los investigadores para reducir el impacto
Los expertos sugieren tratar a los ultraprocesados no solo como alimentos poco saludables, sino como productos capaces de influir en el cerebro y el comportamiento. Por ello, proponen aplicar políticas similares a las usadas en el control del tabaco.
Entre las medidas planteadas están las restricciones a la publicidad, impuestos específicos, acciones legales por daños a la salud y la limitación de su presencia en escuelas y hospitales. Subrayan que la responsabilidad no debe recaer solo en las decisiones individuales, sino también en la industria y en las políticas públicas.
La visión desde América Latina y el papel de la regulación
En diálogo con Infobae, Victoria Tiscornia, nutricionista e investigadora de la Fundación Interamericana del Corazón (FIC) en Argentina, destacó que “es valioso que la investigación señale que los ultraprocesados y el tabaco comparten la capacidad de activar el sistema de recompensa del cerebro y fomentar el consumo compulsivo”.
Tiscornia señaló que en Argentina el 35% de las calorías consumidas por niños y adolescentes proviene de ultraprocesados, según un estudio realizado junto con UNICEF.
Advirtió que el consumo de azúcares añadidos supera las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y que gran parte de estos azúcares proviene de productos ultraprocesados, lo que desplaza alimentos nutritivos.
La especialista resaltó la importancia de políticas como el etiquetado frontal, que advierte de manera clara cuando un producto tiene exceso de azúcar, grasas o sodio, y de medidas fiscales como las aplicadas en México y Chile.
“Crear entornos saludables como parte de una política pública, y no solo dejar la responsabilidad en la decisión individual, es clave para prevenir enfermedades asociadas al consumo excesivo de ultraprocesados”, concluyó.
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