Células que desafían la muerte celular tras un daño severo
Un estudio reveló que algunas células pueden activar señales de muerte celular y, aun así, sobrevivir y participar en la regeneración de tejidos dañados por radiación.

Cuando un tejido sufre un daño intenso, como el provocado por radiación fuerte, la respuesta biológica habitual es clara: muchas células activan programas internos que conducen a su eliminación. Este proceso se conoce como apoptosis y cumple una función básica: evitar que células dañadas sigan activas y pongan en riesgo al organismo.
Sin embargo, la biología no siempre sigue reglas absolutas. Investigaciones recientes muestran que algunas células activan señales asociadas a la muerte celular y, aun así, sobreviven. Más aún, estas células participan de forma directa en la reparación del tejido afectado, lo que cambia la forma de entender la regeneración.
Un estudio publicado en Nature Communications documenta este fenómeno con detalle, a partir de experimentos realizados en discos imaginales del ala de Drosophila. Los resultados explican cómo ciertas células resisten la apoptosis tras un daño severo por radiación ionizante y se convierten en el motor de la regeneración tisular.
Qué es la apoptosis y por qué no siempre implica muerte celular
La apoptosis es una forma de muerte celular programada. Se activa mediante una cascada de proteínas llamadas caspasas, que destruyen la célula de manera ordenada. Durante años, la activación de estas enzimas se consideró un punto de no retorno.
En tejidos con capacidad regenerativa, la muerte celular masiva suele ir acompañada de proliferación compensatoria. Este proceso permite que células supervivientes se dividan para reemplazar a las que se perdieron, conservando la función del tejido.
Hasta ahora, no estaba claro qué células impulsaban este proceso ni cómo se coordinaba. El nuevo estudio demuestra que no se trata de una respuesta general del tejido, sino de la acción de poblaciones celulares específicas que resisten la apoptosis y dirigen la regeneración.
Las células que sobreviven y dirigen la regeneración
Los investigadores identificaron dos tipos de células resistentes a la apoptosis tras la irradiación. El primer grupo activa la caspasa iniciadora Dronc, pero no completa el programa de muerte celular. A estas células se les denomina DARE (Dronc-activating apoptosis-resistant epithelial cells).
El segundo grupo, conocido como células NARE, no muestra activación detectable de Dronc, pero también sobrevive al daño. Su proliferación depende en gran medida de las señales emitidas por las células DARE.
Las células DARE aumentan rápidamente en número tras la irradiación y generan clones que pueden ocupar cerca de la mitad del tejido regenerado en fases avanzadas del proceso. Esto muestra que no solo sobreviven, sino que tienen una alta capacidad de expansión.
Dronc: una caspasa que no siempre mata
Uno de los hallazgos centrales del estudio es el papel no letal de la caspasa Dronc. En condiciones normales, esta enzima inicia la cascada apoptótica. En las células DARE, su activación es parcial y controlada.
El artículo señala que “la actividad de Dronc en las células DARE, independiente de Dark y de las caspasas efectoras, impulsa la regeneración tanto de forma autónoma como no autónoma”. Esto significa que la misma maquinaria molecular asociada a la muerte celular puede reutilizarse para promover proliferación y reparación, según el contexto.
Este enfoque ayuda a explicar resultados contradictorios de estudios previos y refuerza la idea de que muchas proteínas celulares cumplen funciones distintas según las condiciones del tejido.
Myo1D: el mecanismo que evita la muerte celular
Para que una célula active Dronc sin morir, debe existir un sistema de control. El estudio identifica a la proteína Myo1D como un factor clave en este proceso. Myo1D limita la activación de las caspasas efectoras y evita que la señal apoptótica se vuelva letal.
Según el propio artículo, “la interacción Dronc–Myo1D es crucial para prevenir una activación excesiva y no deseada de las caspasas efectoras y la apoptosis en las células DARE”.
Este dato resulta relevante porque Myo1D también ha sido vinculada con procesos tumorales, lo que sugiere paralelismos entre la regeneración tisular y la resistencia celular observada en algunos tipos de cáncer.
Señales que coordinan la reparación del tejido
La regeneración no depende solo de la supervivencia celular. El estudio destaca la participación de las rutas de señalización p38 y JNK, que regulan tanto la proliferación de las células DARE como la activación de las células NARE.
Estas señales promueven la división celular, pero también activan mecanismos de control que evitan un crecimiento desordenado. Mantener el equilibrio entre ambas poblaciones celulares resulta esencial para que el tejido recupere su estructura sin generar alteraciones.
Cuando este balance se rompe, la regeneración es incompleta o defectuosa, lo que confirma que la reparación tisular es un proceso regulado con precisión.
Resistencia heredada y relación con la radioterapia
Uno de los resultados más relevantes del estudio es que las células descendientes de las DARE heredan una mayor resistencia a la muerte celular. De acuerdo con los autores, “los descendientes de las células DARE resultaron ser excepcionalmente resistentes, hasta siete veces más resistentes a la muerte celular que las células del tejido original”.
Este fenómeno recuerda a lo observado en oncología, donde algunos tumores reaparecen con mayor resistencia tras la radioterapia. Aunque el estudio no equipara ambos procesos, sí sugiere que la capacidad de sobrevivir a señales letales y transmitir esa resistencia podría ser un principio biológico común.
Un nuevo enfoque para entender la regeneración tisular
El trabajo propone un cambio conceptual claro. La regeneración no es una reacción automática del tejido, sino un proceso dirigido por células especializadas que emergen tras el daño y asumen funciones centrales en la reparación.
La proliferación compensatoria, según el estudio, está impulsada por células naturalmente resistentes a la apoptosis, y no por células que permanecen vivas de forma transitoria. Esta distinción ayuda a aclarar debates abiertos desde hace décadas.
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Desde esta perspectiva, la muerte celular y la regeneración no son procesos opuestos, sino mecanismos coordinados que permiten al organismo conservar su integridad frente a daños extremos.
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