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Errores comunes al empezar a entrenar y cómo corregirlos

La mayoría abandona el ejercicio por expectativas irreales y planes poco viables.

Errores comunes al empezar a entrenar y cómo corregirlos

La mayoría de quienes inician una rutina de ejercicio abandona antes de notar cambios visibles. Esto no ocurre por falta de voluntad, sino por errores en la planeación y expectativas equivocadas. Especialistas citados por GQ coinciden en que la adherencia al entrenamiento depende de ajustar el enfoque, establecer metas realistas y aplicar estrategias prácticas que permitan sostener el hábito en el tiempo.

Uno de los factores más comunes del abandono es la distancia entre lo que la persona espera y lo que realmente puede sostener en su vida diaria. Eloise Skinner, entrenadora personal y psicoterapeuta, explica que muchas rutinas fracasan porque no consideran el tiempo disponible real o porque se persiguen metas estéticas poco alcanzables en plazos cortos.

Además, quienes esperan cambios drásticos en pocas semanas suelen desmotivarse cuando los resultados no aparecen de inmediato. Esta falta de avances visibles termina por romper el compromiso inicial con el ejercicio.

El error de pensar que el ejercicio es temporal

Raphael Akobundu, enfermero especializado en salud masculina, advierte un problema de fondo: “No existe un momento en el que ‘terminas’ y puedes dejar de entrenar. Cuando la gente comprende que el ejercicio no es temporal, muchos desconectan mentalmente”, afirmó en diálogo con GQ.

Akobundu explica que beneficios como una mejor postura, mayor resistencia física y una salud cardíaca más estable requieren semanas de constancia. Sin embargo, la mayoría abandona antes de los primeros treinta días, justo cuando el cuerpo comienza a adaptarse.

Por ello, los especialistas subrayan la importancia de definir objetivos realistas y acordes a cada persona. Entender el ejercicio como un proceso continuo, y no como una meta con fecha de cierre, ayuda a reducir la frustración inicial.

Cómo adaptar el ejercicio a la vida cotidiana

Uno de los pasos más importantes es ajustar el plan de entrenamiento a la rutina real. Akobundu recomienda analizar con honestidad cómo transcurre una semana común y detectar en qué momentos es posible entrenar, aunque solo sean 30 minutos al mediodía o una hora el domingo por la mañana.

Programar sesiones que no coinciden con los hábitos personales suele llevar al abandono. Si una persona necesita tiempo para activarse por la mañana, no es recomendable fijar entrenamientos al amanecer.

El especialista resume esta idea de forma clara: “Un plan perfecto que no puedes completar no sirve de nada”. Un esquema sencillo, pero viable, suele generar mejores resultados a largo plazo.

El valor de un plan de ejercicios personalizado

Un plan de ejercicios funciona mejor cuando se adapta a las necesidades y circunstancias de cada persona. No se trata de seguir rutinas ideales, sino de construir una estructura posible de sostener.

Skinner señala que el disfrute es clave para consolidar el hábito. Elegir actividades que resulten agradables activa un refuerzo positivo: el movimiento libera dopamina y endorfinas, lo que genera placer y motiva a repetir la experiencia.

Con el tiempo, esta repetición ayuda a integrar el ejercicio como parte de la identidad personal, lo que facilita mantener la constancia sin depender solo de la motivación momentánea.

Prepararse con anticipación facilita la constancia

La preparación previa puede marcar la diferencia. Skinner sugiere dejar lista la ropa deportiva, planear la ingesta de proteínas y anotar los ejercicios la noche anterior. Estas acciones reducen obstáculos y hacen que el entrenamiento sea más accesible al día siguiente.

Llevar un registro sencillo de los ejercicios, los pesos o las repeticiones permite visualizar el progreso. Akobundu recomienda evitar la obsesión con el peso corporal diario, ya que suele variar por múltiples factores.

En su lugar, propone registrar indicadores como el desempeño, la energía diaria y la calidad del descanso, que reflejan mejor los avances reales.

La importancia del compromiso social

El sentido de responsabilidad compartida puede ser un factor decisivo. Entrenar con un compañero, avisar los horarios a familiares o comprometerse con sesiones pagadas son estrategias que refuerzan la constancia.

“Algunos necesitan que un amigo los llame si faltan; otros, simplemente, avisar a su pareja sobre sus planes. Hay quienes requieren pagar a un entrenador para no ausentarse”, explica Akobundu, según GQ.

Estos mecanismos funcionan porque reducen la posibilidad de abandonar sin consecuencias visibles y fortalecen el compromiso personal.

Por qué el hábito es más importante que la disciplina

Más allá del mito de la disciplina, los especialistas coinciden en que la constancia se construye al transformar el ejercicio en un hábito automático. Skinner señala que la fuerza de voluntad se agota, por lo que es más efectivo crear automatismos.

Asociar el ejercicio a actividades ya establecidas, como entrenar antes de ducharse o al regresar del trabajo, ayuda a que el cuerpo y la mente lo integren a la rutina diaria.

“Los hábitos son económicos; son comportamientos automáticos porque los hemos incorporado a la rutina”, agrega Akobundu.

La consistencia supera a la intensidad

Akobundu enfatiza que no se trata de reinventarse cada semana, sino de sumar repeticiones. Incluso un día de ejercicio a la semana es mejor que ninguno.

Fijar objetivos alineados con una identidad, como sentirse una persona activa o deportista, favorece la permanencia en el tiempo. Skinner coincide en que encontrar un sentido personal para entrenar permite sostener la motivación más allá de los resultados inmediatos.

Ambos especialistas destacan que la consistencia, incluso con sesiones breves, produce mejores efectos que entrenamientos intensos pero esporádicos.

Qué hacer cuando la motivación baja

Toda rutina enfrenta días difíciles. Skinner recomienda permitirse descansar o realizar actividad ligera cuando la motivación disminuye. Alternar disciplinas o probar nuevos estímulos puede ayudar a recuperar el interés.

Si el desánimo se prolonga, conviene analizar las causas y buscar alternativas que se adapten a las prioridades actuales. Reprogramar el ejercicio como una cita fija en la agenda puede facilitar su cumplimiento.

Para avanzar a largo plazo, los especialistas coinciden en que cambiar de plan constantemente por falta de resultados inmediatos suele ser contraproducente.

El ejercicio como un proceso a largo plazo

Akobundu advierte que todo programa necesita tiempo para mostrar efectos reales. Skinner concluye que el secreto está en valorar el proceso por encima del logro inmediato, sin perder de vista el bienestar y la salud.

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Construir el hábito de forma gradual e integrarlo de manera natural en la vida cotidiana permite comprender el verdadero papel del ejercicio en cada proyecto personal.

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