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El antídoto de Jean-Paul Sartre contra la frustración moderna: Por qué la clave de la felicidad no es hacer lo que quieres, sino amar lo que haces

El filósofo francés que rechazó el Nobel propone una revolucionaria postura ética: cómo transformar tus obligaciones diarias en actos de libertad absoluta para escapar de la ‘mala fe’.

El antídoto de Jean-Paul Sartre contra la frustración moderna: Por qué la clave de la felicidad no es hacer lo que quieres, sino amar lo que haces

¿Cuál es el verdadero significado de la frase de Jean-Paul Sartre sobre la felicidad?

Para Jean-Paul Sartre, la felicidad no es una meta vinculada a la acumulación de logros, sino una postura ética ante la cotidianeidad. Su famosa premisa sostiene que la libertad real no consiste en seguir impulsos o caprichos momentáneos —lo cual consideraba una forma de esclavitud—, sino en apropiarse de las acciones diarias. Al “querer lo que haces”, el individuo deja de ser una víctima de sus circunstancias y se convierte en el arquitecto de su propia identidad. Esta filosofía invita a dejar de esperar que la alegría “caiga del cielo” y empezar a encontrarla en las decisiones que definen nuestro día a día.

¿Qué es la ‘mala fe’ y cómo nos impide ser libres según el existencialismo?

Uno de los conceptos más provocadores de Sartre es la “mala fe”, que ocurre cuando una persona se convence a sí misma de que no tiene opción de elegir sobre su vida. Es el refugio de las excusas y el miedo al “vértigo de la libertad”. En la sociedad actual, la mala fe se manifiesta cuando nos acomodamos en la zona de confort por temor a tomar las riendas. Sartre argumenta que estamos condenados a ser libres, lo que significa que incluso no elegir es, en sí mismo, una elección. Identificar estos autoengaños es el primer paso para construir un proyecto de vida auténtico.

¿Cómo aplicar la filosofía de Sartre para superar la frustración en el trabajo o el deporte?

La lógica sartreana funciona como un manual de resiliencia para el alto rendimiento. El pensador francés diferencia el impulso (hacer lo que uno quiere) del proyecto vital (querer lo que uno hace). Respecto a esta aplicación práctica, se destacan los siguientes puntos:

  • De la obligación a la elección: Transformar el “tengo que trabajar” en un “elijo este proyecto porque define quién soy” anula la carga negativa de la tarea.
  • Identidad en la acción: Un deportista que madruga no sigue un capricho, sino que constituye su identidad a través de ese sacrificio voluntario.
  • Propiedad del destino: Al aceptar la responsabilidad total de nuestros actos, eliminamos el resentimiento y recuperamos el control emocional.

Ejercicio práctico: Mañana, al realizar la tarea que más te pese, intenta repetirte: “No hago esto porque debo, sino porque este acto construye la persona que elijo ser”. Verás cómo el peso de la obligación se desvanece.

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