El veneno cultural de los finales felices: El experto Tal Ben-Shahar revela cómo la ‘falacia de la llegada’ afecta a quienes crecieron buscando el éxito absoluto y qué podemos aprender de la ciencia para sanar nuestra relación con la felicidad
La psicología de Harvard advierte que los finales de Disney y las comedias románticas de los 80 y 90 nos programaron para esperar una plenitud inexistente. Al alcanzar metas, el cerebro activa la “adaptación hedónica”, devolviéndonos a la normalidad y provocando un vacío que a menudo confundimos con fracaso
Si creciste viendo películas de Disney o comedias románticas, es probable que la idea del “y fueron felices para siempre” se colara en tu imaginario como la meta definitiva. Sin embargo, para el doctor Tal Ben-Shahar, profesor de Harvard y experto en psicología positiva, esta filosofía ha permeado nuestra psicología de forma dañina, creando lo que él denomina la falacia de la llegada.
Esta falacia se basa en la creencia errónea de que alcanzar un hito —como casarse, obtener un ascenso o comprar una casa— nos proporcionará una felicidad duradera. El problema, según el experto, es que la felicidad no es un destino, sino un estado transitorio regido por la biología cerebral.
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¿Por qué nos sentimos vacíos tras alcanzar el éxito?
El fenómeno detrás de esta insatisfacción se conoce como adaptación hedónica. Nuestro cerebro tiene una capacidad innata para ajustarse a las nuevas circunstancias, por más positivas que sean:
- El efecto lotería: Estudios demuestran que, meses después de ganar el premio, las personas reportan el mismo nivel de felicidad que tenían antes de ser millonarios.
- La anticipación: Tendemos a ser más felices “antes” de conseguir algo debido a la dopamina que genera la expectativa; una vez obtenido, la magia se rompe.
- Veneno cultural: La narrativa de los 80 y 90 nos enseñó a ignorar el proceso y obsesionarnos con el “clímax” emocional, lo que hoy genera frustración al descubrir que los logros no solucionan todos nuestros problemas.
El cambio necesario: Valorar el proceso sobre la meta
La psicología moderna sugiere que el camino para superar este vacío es abandonar las expectativas irreales. Mientras que las generaciones pasadas se enfocaban en “llegar”, hoy se propone entender la vida como un flujo continuo de cambios.
Aprender a valorar el camino y aceptar que la felicidad es intermitente permite que no le demos importancia excesiva a ese sentimiento de vacío que surge tras cumplir un objetivo. Al final del día, la verdadera satisfacción nace de la resiliencia y el aprendizaje durante el desafío, no solo de la medalla al final de la carrera.
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