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Qué alimentos no conviene guardar en el refrigerador y por qué

Conocer qué alimentos conviene guardar a temperatura ambiente permite conservar mejor sus propiedades, evitar desperdicios y mantenerlos en mejores condiciones para el consumo.

Qué alimentos no conviene guardar en el refrigerador y por qué

La heladera es una aliada para conservar alimentos, pero no todos se benefician del frío. Aunque suele pensarse que refrigerar todo ayuda a evitar que se eche a perder, distintos estudios científicos muestran que, en varios casos comunes, ocurre lo contrario. Por eso, cada vez es más importante saber qué alimentos conviene dejar fuera del refrigerador para conservar mejor su sabor, textura y propiedades.

De acuerdo con estudios y con organismos especializados en alimentación y salud, algunos productos pueden perder calidad y, en ciertos casos, incluso volverse menos seguros cuando se almacenan en la heladera. A continuación, se explica cuáles son y cómo conviene conservarlos.

¿Por qué no todos los alimentos deben refrigerarse?

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que el frío no es adecuado para todos los alimentos. Las bajas temperaturas y la humedad del refrigerador pueden provocar cambios físicos y químicos que afectan el sabor, la textura y algunos nutrientes.

Conocer estos efectos permite tomar decisiones prácticas en la cocina y evitar desperdicios.

Alimentos enlatados y básicos de despensa

Atún en lata: El atún en lata no debe refrigerarse mientras el envase esté cerrado. La humedad puede afectar la lata y el contenido. En el caso de las conservas en aceite, el frío solidifica los triglicéridos, lo que altera la textura y dificulta su uso. Una vez abierta la lata, se recomienda pasar el contenido a un recipiente hermético, refrigerarlo y consumirlo en poco tiempo.

Pan: Según la FAO, el pan se deteriora más rápido en la heladera. A bajas temperaturas, el almidón se endurece, la miga pierde suavidad y la corteza se vuelve gomosa. Lo ideal es conservarlo a temperatura ambiente y consumirlo en pocos días, o congelarlo si no se va a usar pronto.

Miel: La miel puede cristalizar y endurecerse con el frío. Además, si absorbe humedad dentro del refrigerador, existe riesgo de fermentación, lo que afecta su calidad. Se recomienda guardarla bien cerrada, en un lugar seco y a temperatura ambiente.

Aceite de oliva: El aceite de oliva puede enturbiarse y formar grumos en la heladera. Aunque este cambio se revierte al volver a temperatura ambiente, dificulta su uso inmediato en la cocina. Por eso, conviene almacenarlo en un sitio fresco, oscuro y fuera del refrigerador.

Frutas y verduras sensibles al frío

Tomate, berenjena y calabaza: Estas hortalizas tropicales son sensibles a las bajas temperaturas. La FAO y estudios citados en PubMed señalan que el frío puede provocar daños internos, pérdida de aroma y cambios en la textura, incluso antes de que se noten por fuera. Lo mejor es conservarlas a temperatura ambiente.

Ajo y cebolla: En la heladera, el ajo y la cebolla pueden ablandarse, brotar antes de tiempo y desarrollar moho debido a la humedad. Se recomienda guardarlos en un lugar seco, ventilado y fuera del refrigerador.

Papas: El frío transforma parte del almidón de la papa en azúcares. Esto cambia el sabor y, al cocinarla a altas temperaturas, puede favorecer la formación de acrilamida, un compuesto potencialmente nocivo. Lo ideal es almacenarlas en un lugar fresco, seco y oscuro, pero no en la heladera.

Frutas que maduran mejor fuera del refrigerador

Bananas y paltas: El frío interrumpe su maduración natural, endurece la pulpa y puede provocar manchas internas. Se recomienda dejarlas a temperatura ambiente hasta que alcancen el punto deseado. Solo después de maduras pueden refrigerarse si es necesario.

Sandía: De acuerdo con HealthDay, la sandía entera conserva mejor sus antioxidantes cuando se guarda a temperatura ambiente. Solo se aconseja refrigerarla una vez cortada y bien cubierta.

Una mejor forma de conservar los alimentos

No todos los alimentos se benefician del frío del refrigerador. Saber cuáles conviene guardar a temperatura ambiente y cuáles sí requieren refrigeración ayuda a conservar mejor su sabor, textura y propiedades. Mantener latas cerradas, pan, algunas frutas, verduras y ciertos aceites fuera del refrigerador evita cambios indeseados y permite que los alimentos lleguen a la mesa en mejores condiciones.

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Esta práctica no solo ayuda a aprovechar mejor los productos, sino que también contribuye a una alimentación más segura y a reducir el desperdicio en el hogar.

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