¿Qué son la edad cronológica y la edad biológica y por qué la IA podría calcularlas mejor que la ciencia actual?
La edad biológica busca medir el desgaste real del cuerpo y no solo los años vividos, como hace la edad cronológica.

La brecha entre la edad que aparece en un documento oficial y la que realmente refleja el cuerpo se volvió un tema central en los debates sobre salud y longevidad. La edad cronológica solo contabiliza los años vividos. Sin embargo, aporta poca información sobre el estado real del organismo o sobre cómo ha enfrentado el paso del tiempo.
Ante esta limitación, surgió el concepto de edad biológica, una medida que busca estimar el desgaste físico y mental real a partir de distintos marcadores del cuerpo y del cerebro. Este enfoque permite explicar por qué personas con la misma edad cronológica pueden mostrar niveles de salud y envejecimiento muy distintos.
¿Qué es la edad biológica y para qué sirve?
La edad biológica intenta resumir, en una sola cifra, el estado general del organismo. Según el columnista Graham Lawton, esta métrica condensa el declive progresivo que cada persona experimenta con los años. Su utilidad es doble.
Para los individuos, puede funcionar como una señal de alerta temprana. Con esta información, algunas personas ajustan hábitos de vida o buscan intervenir antes de que aparezcan problemas mayores. Para los científicos, la edad biológica permite evaluar posibles tratamientos contra el envejecimiento sin esperar décadas para ver resultados.
Este interés ha impulsado la aparición de empresas que ofrecen pruebas comerciales para conocer la “edad real” del cuerpo. La demanda va en aumento y los precios suelen ser elevados, reflejo del interés social por estas mediciones.
Cómo funcionan los relojes biológicos
Los llamados relojes biológicos se basan en la observación de marcadores que cambian con la edad. Los primeros modelos se desarrollaron a partir de la epigenética, es decir, de modificaciones químicas del ADN que influyen en cómo se expresan los genes a lo largo de la vida.
Un equipo liderado por Steve Horvath, en la Universidad de California en Los Ángeles, identificó que ciertos marcadores epigenéticos se modifican de forma predecible con los años. Al medir estos cambios y analizarlos con algoritmos, se obtiene una estimación de la edad biológica que busca reflejar el deterioro real del organismo.
Con el tiempo, surgieron otros métodos. Algunos relojes se basan en proteínas en la sangre, en la longitud de los telómeros, en metabolitos de la orina, en imágenes faciales o incluso en radiografías. Esta diversidad muestra el interés creciente por el tema, pero también abre la puerta a nuevos problemas.
Por qué los resultados no siempre coinciden
Uno de los principales retos es que distintos relojes biológicos no suelen dar el mismo resultado en una misma persona. Esta falta de concordancia pone en duda la fiabilidad de las mediciones y complica su uso en la práctica clínica y en la investigación.
Un ejemplo claro es el ensayo clínico CALERIE, que analizó el efecto de la restricción calórica, una intervención asociada con beneficios antienvejecimiento, en 220 adultos. En este estudio se utilizaron cinco relojes biológicos distintos.
Dos de ellos detectaron una reducción significativa en la edad biológica de quienes siguieron la dieta. Los otros tres no mostraron cambios relevantes. Esta disparidad plantea una pregunta clave: ¿a qué reloj se le debe dar mayor peso?
El riesgo de la falsa precisión
Otro punto crítico es la forma en que se presentan los resultados. La mayoría de los relojes biológicos entrega una cifra exacta, sin explicar el margen de error ni la incertidumbre del proceso.
Un artículo publicado en la revista npj Aging advierte que esta precisión es solo aparente. Factores biológicos y estadísticos pueden alterar la estimación. El riesgo es que las personas tomen decisiones importantes sobre su salud basadas en datos poco fiables, lo que puede generar confianza excesiva o ansiedad innecesaria.
Inteligencia artificial: una posible alternativa
A pesar de sus limitaciones, los relojes biológicos no se consideran inútiles. Investigadores como Dmitrii Kriukov, del Instituto Skolkovo de Ciencia y Tecnología, señalan que muchos de los problemas actuales podrían resolverse con avances tecnológicos y metodológicos.
En este contexto, la inteligencia artificial gana terreno. Los grandes modelos de salud, entrenados con enormes volúmenes de datos médicos, buscan predecir el riesgo de muerte y de enfermedades relacionadas con la edad con mayor precisión que los métodos tradicionales.
Un artículo reciente en Nature Medicine sostiene que estos modelos ya superan el desempeño de los relojes biológicos convencionales, aunque aún están en desarrollo.
Qué tener en cuenta antes de hacerse una prueba
Mientras estas nuevas herramientas se perfeccionan, la recomendación de expertos como Lawton es clara. Quienes decidan someterse a una prueba de edad biológica deben interpretar los resultados con cautela y entender que la ciencia del envejecimiento sigue en evolución.
La edad biológica puede ofrecer pistas útiles, pero no debe verse como un diagnóstico definitivo ni como una verdad absoluta sobre la salud futura.
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