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Pubertad precoz en niñas: por qué ocurre cada vez antes y qué deben saber las familias

La pubertad precoz en niñas es un fenómeno en aumento a nivel mundial y se manifiesta con cambios puberales antes de los ocho años.

Pubertad precoz en niñas: por qué ocurre cada vez antes y qué deben saber las familias

Niñas de distintas regiones del mundo están atravesando la pubertad a edades cada vez más tempranas. Este fenómeno genera inquietud entre especialistas y familias, no solo por los cambios físicos, sino también por sus efectos emocionales y de salud a largo plazo. La evidencia científica muestra que no se trata de un hecho aislado, sino de una tendencia sostenida en el tiempo.

¿Qué es la pubertad precoz y desde cuándo se considera un problema?

La pubertad precoz se define como el inicio del desarrollo puberal antes de los ocho años en las niñas. Esto incluye signos como el crecimiento de las mamas, la aparición de vello púbico o axilar y un aumento acelerado de la estatura en poco tiempo.

Históricamente, la primera menstruación o menarquia ocurría alrededor de los 16 o 17 años, a mediados del siglo XIX. Hoy, el promedio se ubica cerca de los 12 años y, en algunos casos, incluso antes de los ocho. Una reciente publicación de la revista Nature confirmó que la edad de la menarquia descendió de forma sostenida desde mediados del siglo XIX.

En los años sesenta, el desarrollo mamario comenzaba cerca de los 11 años. En la década de los noventa, en Estados Unidos, bajó a entre nueve y diez años. Esta tendencia también se observa en Europa, Asia, África y América Latina, con variaciones según la región. En Argentina, la Sociedad Argentina de Pediatría confirmó el adelantamiento del desarrollo puberal, con mayor frecuencia en niñas.

Por qué aumentaron los casos en la última década y durante la pandemia

Clínicas y publicaciones médicas coinciden en que los diagnósticos de pubertad precoz aumentaron de forma marcada en los últimos años, especialmente durante la pandemia de COVID-19.

La endocrinóloga pediátrica Verónica Figueroa explicó: “El primer reporte sobre este cambio epidemiológico surgió en Italia, donde se describió un aumento de la incidencia de nuevos casos de pubertad precoz y una progresión puberal acelerada durante el aislamiento por COVID-19, comparado con cifras de la misma institución durante los cinco años previos”.

El endocrinólogo pediátrico Guillermo Alonso agregó: “Los casos de pubertad precoz se quintuplicaron durante la pandemia. Si bien desde el segundo semestre de 2022 los números cayeron, aún no regresaron a la línea de base de 2019”.

El estrés, los cambios de rutina, el aumento del sedentarismo y la mayor exposición a pantallas durante el confinamiento aparecen como factores que actuaron en conjunto.

Obesidad infantil y su relación con el adelanto puberal

La evidencia científica reciente muestra una asociación clara entre el aumento de la obesidad infantil y el adelanto de la pubertad en niñas. Según Nature, las tasas globales de obesidad en niños y adolescentes crecieron del 2% en 1990 al 8% en 2022. En Estados Unidos, superan el 20%.

Investigadores explican que el exceso de tejido adiposo eleva los niveles de leptina, una hormona clave en la regulación del desarrollo sexual, lo que puede activar de forma anticipada los procesos hormonales de la pubertad.

Ángela Nakab, especialista en Pediatría y Adolescencia de la SAP, señaló: “El tejido adiposo no es solo una reserva de energía, sino que funciona como un órgano endocrino activo. Cuando las nenas tienen sobrepeso u obesidad, puede aumentar algunas señales metabólicas que tienen que ver con la leptina y con la insulina. Esto informa al cuerpo que tiene suficientes reservas de energía y puede activar el eje hormonal que regula el inicio de la pubertad”.

También explicó que este tejido puede producir más estrógenos y acelerar la maduración ósea, lo que empuja al organismo a una pubertad temprana. Sin embargo, aclaró: “No todas las nenas con obesidad desarrollan pubertad precoz. No toda pubertad precoz está causada por obesidad. La obesidad es un factor más, pero no es un destino inevitable”.

Pantallas, estrés y disruptores hormonales: otros factores clave

Los especialistas advierten que el uso intensivo de pantallas altera los ritmos de sueño y reduce la actividad física, lo que puede influir en el equilibrio hormonal. Alonso explicó que “la exposición a pantallas genera cambios en neurotransmisores relacionados con el sueño, lo que termina influyendo a nivel hormonal y predispone a la pubertad precoz”.

A esto se suma la exposición a disruptores hormonales presentes en plásticos, pesticidas, cosméticos y residuos industriales. La endocrinóloga pediatra Romina de la Puente advirtió: “Se trata de sustancias que, una vez ingeridas o en contacto con el cuerpo, se transforman en hormonas y simulan su acción o bien bloquean procesos hormonales. Hábitos cotidianos como reutilizar botellas plásticas o calentar recipientes plásticos en microondas pueden influir en el adelantamiento de la pubertad”.

El estrés infantil también cumple un papel relevante. Estudios citados por Nature muestran que niñas con altos niveles de estrés y mayor índice de masa corporal desarrollan signos puberales varios meses antes que sus pares. Durante la pandemia, esta combinación habría actuado como un desencadenante adicional.

Señales de alerta y cuándo consultar al pediatra

Nakab recomendó prestar atención a ciertos cambios: “Si aparece desarrollo de las mamas antes de los ocho años, crecimiento acelerado en muy poco tiempo, vello en la zona púbica o axilar, mayor sudoración, o si estos cambios no coinciden con la edad habitual, hay que consultarlo”.

También subrayó la importancia de observar el estado emocional de las niñas: “Es importante atender el malestar emocional, si las nenas se sienten preocupadas o no se las ve bien”.

La especialista enfatizó la necesidad de controles regulares: “Siempre tenemos que hacer controles de salud en los chicos, sobre todo en los escolares, entre dos y tres veces por año para poder detectarlo a tiempo”.

Alonso recordó que los pediatras están capacitados para detectar estos signos y definir los primeros estudios, con derivación al endocrinólogo si es necesario.

Consecuencias físicas y emocionales de la pubertad precoz

La pubertad precoz no solo adelanta cambios visibles. También puede reducir hasta diez centímetros la talla final debido al cierre prematuro de los cartílagos de crecimiento. A largo plazo, se asocia con mayor riesgo de obesidad, enfermedades cardiovasculares y cáncer de mama en la adultez.

En el plano emocional, las niñas pueden experimentar ansiedad, depresión, crisis de angustia y aislamiento social, en parte por el desfase con sus pares.

Por eso, Nakab remarcó la importancia de los hábitos saludables desde la primera infancia: “Hay que favorecer una alimentación saludable, reducir los ultraprocesados, promover el movimiento y disminuir el sedentarismo. No se debe hablar sobre el cuerpo ni estigmatizar, sino acompañar con información clara y adecuada a la edad”.

Tratamiento, acompañamiento y qué esperar a futuro

El tratamiento de la pubertad precoz es seguro y efectivo. La endocrinóloga pediátrica Analía Freire explicó que “su acción es transitoria y reversible, y permite controlar la producción hormonal para que el desarrollo se ajuste a las etapas adecuadas, reduciendo riesgos físicos y psicológicos”.

Además del abordaje médico, el acompañamiento emocional es clave. Nakab sostuvo: “El sostén emocional y los espacios de diálogo son fundamentales. Si la pubertad se adelanta, el acompañamiento de las personas adultas es clave para reducir el impacto emocional y fortalecer la autoestima”.

Este año, la Endocrine Society prevé publicar nuevas directrices internacionales para actualizar los criterios diagnósticos y reforzar un enfoque multidisciplinario que incluya a la familia y al entorno educativo.

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La tendencia al adelanto puberal exige vigilancia clínica, prevención y acompañamiento cercano para garantizar un desarrollo saludable y emocionalmente protegido en las niñas.

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