Tus uñas después de entrenar en el gimnasio están 10 veces más sucias que un asiento de inodoro: 5 errores que debes evitar
El aumento de personas en el gimnasio también eleva la exposición a bacterias.

El inicio del año suele llevar a más personas al gimnasio. Con ello también aumenta el contacto con pesas, bancos y tapetes compartidos. Ese entorno favorece la presencia y transmisión de bacterias, incluso después de terminar la rutina.
Una investigación reciente alertó sobre un punto poco visible: las uñas de las manos. Aunque parezcan limpias, pueden conservar una carga de microorganismos mayor a la que muchos imaginan.
¿Qué encontró el estudio sobre bacterias en las uñas?
Un análisis de laboratorio realizado a hisopos de uñas de cuatro personas, tras una hora de entrenamiento, detectó niveles de bacterias hasta 10 veces más altos que los de un asiento de inodoro promedio. En cada muestra se hallaron más de 15 mil unidades formadoras de colonias, una cifra superior a la registrada en la bandeja de un avión.
Entre los microorganismos identificados se encontraron estafilococo, enterococo, bacillus y E. coli, asociados con infecciones en la piel, irritaciones y otros problemas de salud. La causa principal sería el uso de equipo y superficies que han pasado por las manos y el sudor de decenas o cientos de personas.
¿Por qué el gimnasio favorece la presencia de gérmenes?
El calor corporal, la humedad del sudor y el uso constante del mismo equipo crean un ambiente donde las bacterias pueden permanecer activas durante horas. Incluso cuando las manos no muestran suciedad visible, los gérmenes pueden quedar atrapados debajo de las uñas.
Por ello, la higiene personal y el cuidado del entorno se vuelven claves para reducir riesgos sin dejar de entrenar.
Error 1: dejar el equipo sin limpiar
Uno de los fallos más comunes es abandonar bancos, mancuernas o máquinas sin desinfectar. Los microorganismos se mantienen en superficies húmedas y pueden pasar fácilmente a otras personas.
El entrenador personal Lee Mitchell recomienda “siempre desinfectar el equipo antes y después de usarlo con sprays y toallitas”. Especialistas en salud física señalan que, tras limpiar, conviene esperar alrededor de dos minutos para que el producto actúe y elimine las bacterias.
Error 2: tocarse la cara durante el entrenamiento
Secarse el sudor con la mano parece un gesto automático, pero aumenta el riesgo de infección. Al tocar ojos, nariz, boca u oídos, los gérmenes pasan directamente a zonas sensibles.
“Cada contacto puede transferir gérmenes directamente de las manos a áreas sensibles”, explicó Mitchell. La recomendación es usar una toalla limpia y evitar el contacto directo con el rostro.
Error 3: compartir objetos personales
Toallas, guantes o botellas de agua pueden retener sudor, células de la piel y microorganismos. Prestarlos o usarlos de otra persona facilita el paso de bacterias entre usuarios.
“Prestar o pedir prestadas toallas, guantes o botellas es una vía rápida para que los gérmenes se muevan entre personas”, señaló Mitchell. Usar equipo propio reduce este riesgo.
Error 4: mantener las uñas largas
Las uñas largas funcionan como un refugio para bacterias y hongos, sobre todo en ambientes húmedos. En algunos casos, incluso se han detectado restos de E. coli.
Mantenerlas cortas y limpiar debajo de las cutículas con un cepillo pequeño ayuda a frenar la acumulación y propagación de microorganismos.
Error 5: no lavarse bien las manos
Lavarse las manos con agua y jabón durante al menos 20 segundos sigue siendo una de las medidas más efectivas para prevenir infecciones. Si no hay acceso inmediato a un lavabo, el uso de gel antibacterial puede ser una alternativa temporal.
Tras el entrenamiento, también se aconseja usar sandalias en las duchas del gimnasio, ya que estos espacios suelen concentrar hongos y bacterias que afectan la piel de los pies.
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Los hallazgos no buscan alejar a las personas del gimnasio, sino reforzar hábitos básicos. Limpiar el equipo, cuidar las manos y evitar prácticas de riesgo permite seguir entrenando sin sumar problemas de salud invisibles, pero comunes en estos espacios compartidos.
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