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El dispensador de agua de tu oficina está más sucio de lo que crees: aquí te explicamos por qué

Un análisis de estudios internacionales advierte que los dispensadores de agua en oficinas suelen tener más contaminación bacteriana que el agua del grifo que los abastece.

El dispensador de agua de tu oficina está más sucio de lo que crees: aquí te explicamos por qué

En muchas oficinas, el dispensador de agua es un punto de reunión cotidiano. Se asocia con practicidad y, para algunas personas, con una opción más confiable que el agua del grifo. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que esta percepción no siempre coincide con la realidad. De acuerdo con diversos estudios, el agua de la llave puede ser, en varios casos, una alternativa más segura.

¿Qué encontró la investigación más reciente?

Una revisión amplia publicada en la revista AIMS Microbiology analizó décadas de estudios sobre la contaminación bacteriana en dispensadores de agua en distintos continentes. El resultado fue consistente: estos equipos suelen presentar niveles de bacterias más altos que el agua potable que los abastece.

En varios trabajos revisados, entre 70% y 80% de los dispensadores analizados superaron los límites de seguridad establecidos por autoridades sanitarias en distintos países y estados de Estados Unidos.

Datos concretos que llaman la atención

Algunos ejemplos ilustran la magnitud del problema. En Arizona, 73% de los dispensadores evaluados rebasaron el límite recomendado por la Agencia de Protección Ambiental (EPA). En el Valle de Coachella, California, 32% de las máquinas expendedoras de agua presentaron crecimiento bacteriano.

En Brasil, más de 76% de los dispensadores contenían bacterias, frente a solo 36% de las muestras tomadas directamente del agua de la llave. Estos datos refuerzan una tendencia observada en distintas regiones: la contaminación es más frecuente en los dispensadores que en el suministro municipal.

¿Qué bacterias se han identificado?

Entre los microorganismos detectados se encuentra Pseudomonas aeruginosa, una bacteria que representa un riesgo serio para personas con sistemas inmunológicos debilitados. Puede provocar neumonía, infecciones en la sangre y complicaciones urinarias.

También se identificaron bacterias coliformes, las más comunes en las muestras de dispensadores. Su presencia puede indicar posible contaminación fecal en el agua embotellada o almacenada.

Las boquillas, el punto más crítico

Uno de los hallazgos más relevantes es que las boquillas de los dispensadores concentran el mayor problema. Diversos estudios señalaron que estas superficies pueden tener hasta 100 veces más contaminación que otras partes del equipo. El riesgo aumenta porque los usuarios tienen contacto directo con esta zona al llenar vasos o botellas, lo que facilita la transmisión de bacterias.

El papel de los biofilms

La principal causa de esta contaminación son los biofilms, comunidades de bacterias que se adhieren a superficies como tuberías internas, filtros y grifos. Estas bacterias se protegen con una capa viscosa que dificulta su eliminación.

Incluso después de una limpieza y desinfección cuidadosa, los biofilms pueden volver a formarse en pocos días. Además, cuando los dispensadores no se usan por la noche o durante fines de semana, el agua estancada favorece la multiplicación bacteriana.

Factores que favorecen el crecimiento bacteriano

A diferencia del agua municipal, los dispensadores no contienen cloro, un elemento que ayuda a frenar el crecimiento de bacterias. También influyen los materiales: las mangueras con recubrimiento de hule tienden a favorecer más el desarrollo bacteriano que superficies de vidrio o acero inoxidable.

Otro punto relevante es que estos equipos no están sujetos a las mismas regulaciones que el agua potable municipal, la cual se rige por la Ley de Agua Potable Segura en Estados Unidos y normas equivalentes en otros países.

¿Qué puede hacer el usuario?

La evidencia disponible sugiere que no siempre el dispensador es la opción más segura. Para el lector, resulta útil considerar la limpieza y mantenimiento del equipo, evitar el contacto directo con la boquilla y no asumir que el agua embotellada o dispensada es automáticamente mejor que la del grifo.

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En muchos casos, el agua potable municipal, correctamente tratada y regulada, puede ofrecer mayores garantías de seguridad que un dispensador poco supervisado. Conocer estos datos permite tomar decisiones informadas en un hábito tan cotidiano como beber agua en la oficina.

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