Por qué el queso resulta tan atractivo y qué dice la ciencia sobre su consumo
El queso es un alimento ampliamente consumido por su sabor, variedad y versatilidad en la cocina.

Desde una tabla gourmet hasta una pizza recién horneada, el queso forma parte de la alimentación cotidiana en muchos países. Su presencia es constante por su facilidad de uso, su sabor y su capacidad para integrarse en platillos simples o elaborados. Esta popularidad ha despertado el interés de la ciencia, que busca explicar qué lo hace tan deseado y cómo influye en la salud.
Más allá del gusto, el debate actual se centra en su composición, en la forma en que el cuerpo lo procesa y en el papel que juega en los hábitos alimentarios. El queso no solo es un ingrediente culturalmente valorado, también es un alimento que genera preguntas sobre moderación y bienestar.
Variedad de quesos y sus usos más comunes
Especialistas de Sportlife señalan que existen numerosos tipos de queso, entre ellos cheddar, gouda, brie, roquefort, parmesano y feta. Cada uno presenta diferencias claras en sabor, textura y origen, lo que explica su uso en recetas tradicionales y modernas.
Esta diversidad permite que el queso se adapte a distintos momentos de consumo, desde desayunos hasta cenas, y a preparaciones frías o calientes. Su versatilidad es uno de los factores que refuerzan su presencia constante en la cocina.

¿Qué aporta el queso al organismo?
Según expertos de Sportlife, el valor nutricional del queso se explica por su composición: agua, grasas, proteínas —principalmente caseína—, lactosa, sales minerales y vitaminas A, D y E. También es una fuente importante de calcio y energía.
La intervención de microorganismos durante su elaboración y la cantidad de sal utilizada influyen en su sabor, textura y conservación. Por ello, no todos los quesos aportan la misma cantidad de grasa o sodio, un punto clave al momento de elegir cuál consumir.
La ciencia detrás del placer al comer queso
Diversos estudios científicos han intentado explicar por qué el consumo de queso puede resultar difícil de moderar. Los especialistas explican que, durante la digestión, la caseína puede generar péptidos opiáceos, sustancias que actúan sobre el sistema nervioso y producen sensaciones de placer.
A esto se suma que los quesos con alto contenido de grasa y sabores intensos estimulan la liberación de dopamina, un neurotransmisor relacionado con la recompensa. Esta combinación de estímulos sensoriales y procesos fisiológicos puede hacer que algunas personas perciban un fuerte deseo de seguir consumiéndolo.

Factores culturales y emocionales
Desde una perspectiva psicológica y cultural, Sportlife señala que el queso suele asociarse con celebraciones, reuniones familiares y momentos de convivencia. Esta relación refuerza su vínculo con el bienestar y la pertenencia social.
Las experiencias positivas asociadas al consumo de queso, junto con su sabor y textura, fortalecen el hábito de incluirlo de forma regular en la dieta, más allá de su aporte nutricional.
¿Existe relación entre el queso y la salud cerebral?
La literatura científica ha explorado la relación entre los alimentos y los sistemas de recompensa del cerebro. Hasta ahora, no hay estudios que demuestren de manera directa cómo el queso activa estos circuitos.
Sin embargo, un estudio publicado en la revista Neurology analizó a 27 mil 670 adultos suecos durante cerca de 25 años. Los resultados mostraron que quienes consumían al menos 50 gramos diarios de quesos ricos en grasa, como cheddar o brie, tuvieron un 13% menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes ingerían menos de 15 gramos al día.

Claves para un consumo equilibrado
Ante el interés por entender la relación entre el queso y el cerebro, los especialistas recomiendan considerar factores individuales como la genética, los hábitos culturales y el entorno social. No todas las personas responden de la misma forma a este alimento.
Los expertos coinciden en que un consumo equilibrado, dentro de una dieta variada, permite aprovechar los beneficios del queso sin caer en excesos. La investigación continúa para ofrecer recomendaciones más precisas, mientras el queso mantiene su lugar en la mesa y en la cultura gastronómica de muchas regiones.
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