¿Se puede frenar el envejecimiento? El auge de los tratamientos de longevidad en EE. UU.
El negocio de la longevidad crece con rapidez en Estados Unidos, impulsado por inversiones millonarias y el interés de figuras influyentes.

La búsqueda de una vida más larga y con mejor calidad dejó de ser un interés individual para convertirse en una industria en expansión. En Estados Unidos, el llamado negocio de la longevidad avanza impulsado por inversiones millonarias, desarrollos experimentales y la participación de figuras influyentes de la ciencia, la política y las finanzas. Este fenómeno ya tiene impacto social, económico y médico, y está modificando la forma en que se entiende la vejez y la prevención en salud.
¿Cuánto vale la industria de la longevidad?
De acuerdo con proyecciones citadas por The Washington Post, el mercado mundial de bienestar preventivo y longevidad superará los USD 1.900.000 millones en 2034, frente a los USD 784.900 millones registrados en 2024.Solo en el último año, la inversión en empresas del sector alcanzó USD 8.490 millones, lo que representa un aumento del 220% en comparación con 2023.
Estas cifras explican por qué la longevidad se ha convertido en uno de los sectores más atractivos para inversionistas que buscan alto crecimiento, aun con riesgos elevados.
¿Quiénes impulsan este auge?
El interés no se limita a laboratorios pequeños o clínicas privadas. Empresarios como Jeff Bezos y Sam Altman respaldan compañías como Altos Labs y Retro Biosciences, enfocadas en extender la vida saludable mediante investigaciones que buscan modificar procesos biológicos asociados al envejecimiento.
Estas apuestas colocan al sector en el centro del debate público, al combinar grandes recursos económicos con expectativas altas sobre resultados que aún no están probados en humanos.
¿Qué tratamientos ofrecen las clínicas de longevidad?
Las clínicas especializadas ofrecen un catálogo amplio y, en muchos casos, polémico. Entre los procedimientos más comunes se encuentran:
- Infusiones de NAD+, promocionadas para mejorar la energía celular y la función cerebral, sin respaldo clínico sólido.
- Cámaras hiperbáricas de oxígeno, que prometen estimular la regeneración de tejidos, aunque la evidencia sobre su efecto en la longevidad es limitada.
- Terapia quelante, utilizada para eliminar metales pesados del organismo, aún en fase experimental para fines antienvejecimiento.
- Intercambio de plasma con donantes jóvenes, una de las prácticas más controvertidas, ya que no existen estudios que demuestren beneficios sostenidos.
- Tratamientos hormonales, suplementos personalizados y terapias de ozono, ampliamente promocionados pese a la falta de pruebas concluyentes.
El atractivo de estas opciones combina innovación tecnológica con la idea de mantener control sobre el paso del tiempo.
¿Qué riesgos existen para los pacientes?
La mayoría de estas intervenciones carece de validación clínica robusta y se ofrece en un entorno con regulación limitada. Esto genera un escenario con alta demanda y baja supervisión, propicio para la experimentación, pero también para prácticas sin sustento científico.
Muchos usuarios de estas terapias expresan desconfianza hacia el sistema de salud tradicional, al que perciben más enfocado en tratar enfermedades que en prevenirlas. Para ellos, la longevidad representa una forma de anticiparse al deterioro físico y mental.
Johnny Adams, de 75 años, relató su experiencia tras someterse a un intercambio de plasma en Texas. Aunque reconoció que no hay garantías, resumió su postura así: “Incluso si es un placebo, lo acepto”, declaró a The Washington Post.
¿Por qué casi no hay regulación?
Uno de los principales vacíos legales es que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) no reconoce el envejecimiento como una enfermedad. Esto impide aprobar fármacos o terapias diseñadas específicamente para ralentizarlo.
La ausencia de un marco normativo claro permite que clínicas y empresas ofrezcan tratamientos sin procesos formales de aprobación ni controles estrictos de eficacia. Este contexto ha derivado en investigaciones y sanciones por la promoción de productos sin base científica o prácticas médicas irregulares.
¿Qué dice la comunidad científica?
Especialistas advierten que ninguna intervención debería incorporarse a la práctica médica sin superar ensayos clínicos aleatorizados y doble ciego en humanos. Diana Zuckerman, presidenta del National Center for Health Research, subrayó la necesidad de validar cada terapia con estudios rigurosos antes de adoptarla de forma generalizada.
Desde el ámbito académico, Douglas Vaughan, director del Potocsnak Longevity Institute, explicó: “Seguimos en etapa de descubrimiento, buscando intervenciones escalables, asequibles y efectivas para la mayoría”.
El debate ético: ¿quién podrá vivir más?
Más allá de la ciencia, la longevidad plantea preguntas éticas. El alto costo de muchos tratamientos abre el debate sobre la equidad en el acceso y el riesgo de ampliar brechas sociales. También existe la preocupación de que el entusiasmo por la innovación lleve a minimizar riesgos reales.
La expectativa de vivir más y mejor ya está cambiando la percepción social del envejecimiento. Sin embargo, el sector enfrenta un reto central: demostrar con evidencia que sus propuestas funcionan y son seguras.
Hasta que eso ocurra, la industria de la longevidad seguirá avanzando entre la promesa de un futuro más largo y las dudas sobre cuánto de esa promesa puede convertirse en realidad.
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