Deforestación obliga a los mosquitos a picar más a los humanos, advierten experto
La deforestación en la Mata Atlántica de Brasil redujo la fauna silvestre y alteró el comportamiento de los mosquitos, que ahora buscan sangre humana con mayor frecuencia.

La Mata Atlántica se extiende a lo largo de la costa este de Brasil, desde el estado de Río Grande del Norte, en el noreste, hasta Río Grande del Sur, con áreas que también alcanzan Paraguay y Argentina. Este ecosistema, uno de los más diversos del planeta, hoy conserva solo cerca de un tercio de su extensión original.
La tala y la urbanización avanzaron durante décadas. Como resultado, grandes superficies de bosque desaparecieron y muchas especies de animales se alejaron o dejaron de existir en la zona. Este cambio no solo afecta al ambiente. También impacta de forma directa en la salud de las personas que viven cerca de la selva.
¿Qué relación hay entre deforestación y mosquitos?
Cuando el bosque se reduce, los animales que antes servían de alimento a los mosquitos ya no están disponibles. Frente a esta falta de presas, los insectos modifican su conducta. Empiezan a buscar con mayor frecuencia sangre humana.
Un estudio publicado en Frontiers in Ecology and Evolution confirmó este cambio de patrón. La investigación fue realizada por Jeronimo Alencar, Sergio Machado y otros científicos de la Universidad Federal Rural de Río de Janeiro, el Instituto Oswaldo Cruz (FIOCRUZ) y la Universidad Federal de Río de Janeiro.
Los investigadores advirtieron que la pérdida de biodiversidad deja a las personas como el blanco principal de las picaduras.
¿Por qué este cambio representa un riesgo?
Para quienes viven cerca de áreas de selva degradada, el aumento de picaduras humanas implica un riesgo mayor de enfermedades transmitidas por mosquitos. Entre ellas se encuentran el dengue, el Zika, la chikungunya y la fiebre amarilla.
Al incrementarse el contacto entre mosquitos y personas, crece la posibilidad de brotes. El equilibrio natural se rompe: menos animales, más mosquitos buscando alternativas, y más exposición humana a virus.
En diálogo con Infobae, el doctor Sergio Machado señaló que el “fenómeno observado en el Bosque Atlántico brasileño también podría estar ocurriendo en otras zonas de Latinoamérica donde la deforestación está avanzando”.

¿Puede suceder en otras regiones del mundo?
Según los investigadores, este patrón no se limita a Brasil. Machado explicó que “más allá de Latinoamérica, podemos incluir otras partes del mundo donde el ecosistema está siendo perturbado por la acción humana”.
Esto puede ocurrir por la deforestación directa, la caza de animales o factores indirectos como la contaminación que cruza fronteras y el cambio climático. En todos los casos, el resultado es similar: menos fauna silvestre y mayor presión sobre las poblaciones humanas.
¿Cómo se realizó el estudio?
El trabajo de campo se desarrolló en la Reserva Ecológica de Guapiaçu y en el Sítio Recanto Preservar, ambos ubicados en el estado de Río de Janeiro. Estas zonas combinan fragmentos de selva con presencia humana cercana.
El equipo colocó trampas de luz para recolectar mosquitos. En total capturaron 1.714 ejemplares, pertenecientes a 52 especies distintas. De ese total, solo 145 hembras tenían sangre en el abdomen, condición necesaria para analizar su alimentación.

¿Qué reveló el análisis de la sangre?
En el laboratorio, los científicos extrajeron ADN de la sangre y utilizaron la técnica de secuenciación Sanger para identificar su origen. Solo 55 muestras tenían suficiente material genético, y en 24 casos se logró determinar la especie con precisión.
De esas 24 muestras, 18 correspondían a sangre humana. Las restantes provenían de aves, un anfibio, un cánido y un ratón. “Los resultados revelaron una clara tendencia de las especies de mosquitos capturadas a alimentarse predominantemente de humanos”, señalaron los autores del estudio.
Algunas especies, como Coquillettidia venezuelensis, mostraron una dieta mixta, con sangre humana y de anfibios.
¿Qué limitaciones encontraron los investigadores?
El equipo aclaró que solo el 37.93 por ciento de las muestras permitió identificar el ADN. Esto se debe a que, si un mosquito se alimenta de varios animales y la cantidad de sangre de alguno es mínima, el método puede no detectarla.
Por este motivo, los expertos recomendaron mejorar las técnicas de laboratorio y ampliar el volumen de datos. Contar con información más completa permite diseñar mejores estrategias de control y prevención.
¿Qué implicaciones tiene para la salud pública?
El cambio en la dieta de los mosquitos tiene consecuencias directas. Más picaduras humanas aumentan el riesgo de transmisión de virus. Por eso, los investigadores consideran que sus hallazgos pueden servir para reforzar las políticas de salud pública en zonas donde la deforestación avanza.
“Esta información es crucial para desarrollar políticas y estrategias eficaces para controlar los patógenos transmitidos por vectores”, afirmaron.
Saber a quién pican más los mosquitos ayuda a enfocar campañas de prevención, vigilancia y control de manera más precisa.
¿Qué medidas recomiendan los expertos?
Machado subrayó que “la mejor manera de prevenir las enfermedades transmitidas por mosquitos sería mantener la vigilancia entomológica combinada con la vigilancia epidemiológica”. Esto implica monitorear tanto a los insectos como a los casos humanos.
Además, destacó la importancia de la reforestación. “Es fundamental la reforestación para permitir la restauración de la fauna”, sostuvo. La recuperación de la biodiversidad es lenta, pero reduce la presión sobre las personas como fuente de alimento.
También consideró clave la educación ambiental. Concientizar sobre el impacto de talar un árbol o cazar un ave ayuda a prevenir problemas que, con el tiempo, afectan la salud.
¿Por qué cada acción cuenta?
Cuando se destruye un bosque, los animales pierden su espacio para alimentarse y reproducirse. Ese desplazamiento altera toda la cadena natural. Como explicó Machado, “los mosquitos tienden a buscar nuevas fuentes de alimento más accesibles y que les exijan menos esfuerzo, y en este sentido, los humanos y algunos animales domésticos resultan los más disponibles”.
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Cada árbol perdido y cada animal que abandona la selva pueden marcar una diferencia en la vida de quienes habitan cerca. Entender esta relación permite tomar decisiones más informadas y proteger tanto al ambiente como a la salud colectiva.
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