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Observan una estructura de gas en forma de reloj de arena en una galaxia espiral

Astrónomos detectaron en la galaxia ESO 130-G012 dos chorros de gas que se elevan de forma simétrica desde su disco, formando una estructura similar a un reloj de arena.

Observan una estructura de gas en forma de reloj de arena en una galaxia espiral

ESO 130-G012 se localiza a unos 55 millones de años luz de la Tierra. Es una galaxia espiral vista de perfil, lo que permite observar con claridad su disco estelar. Su ritmo de formación de estrellas es bajo, entre 0.1 y 0.6 masas solares por año, y se encuentra en un entorno galáctico tranquilo.

Por estas razones, no había llamado mayor atención. Todo cambió cuando el radiotelescopio australiano ASKAP captó una señal inesperada: una emisión de radio perfectamente simétrica que se extiende hacia ambos lados del disco galáctico.

¿Qué es un flujo bipolar y por qué importa?

El fenómeno detectado se conoce como flujo bipolar. Se trata de un escape de gas que sale de una galaxia en dos direcciones opuestas, perpendicular al plano donde se concentran sus estrellas.

En el caso de ESO 130-G012, el flujo alcanza dimensiones poco comunes. Los chorros se elevan hasta 30 kiloparsecs por encima y por debajo del disco, y la estructura completa llega a medir unos 50 mil parsecs, equivalentes a 160 mil años luz. Para dimensionarlo, el disco visible de la galaxia mide apenas unos 10 kiloparsecs.

Los autores del estudio describen el chorro como una estructura “con forma de reloj de arena cerrado”, cuya “cintura” mide cerca de 10 kiloparsecs de ancho. Es una de las estructuras más grandes de este tipo observadas en una galaxia espiral.

Un reloj de arena hecho de gas

La forma del flujo es uno de los aspectos más llamativos. Se trata de una burbuja doble, hueca en su interior y más brillante en los bordes, un efecto conocido como limb-brightening o “brillo de borde”. El disco estelar funciona como la parte central del reloj de arena, desde donde el gas se expande hacia el halo galáctico.

El estudio señala que el flujo “se eleva verticalmente desde el disco estelar, luego se ensancha lateralmente mientras continúa su expansión hacia arriba”, con un ángulo de apertura cercano a los 30 grados en ambos lados. Además, las imágenes muestran alas en forma de X que refuerzan la simetría de la estructura.

¿Qué impulsa estos chorros gigantes?

Una de las preguntas clave es qué puede generar un flujo tan grande en una galaxia aparentemente tranquila. La explicación principal apunta a la formación estelar distribuida a lo largo del disco. Las estrellas jóvenes producen vientos, supernovas y rayos cósmicos que, combinados, pueden empujar el gas hacia el exterior.

Esta hipótesis cobra fuerza porque no se detectaron chorros activos ni señales de un agujero negro central dominante. Tampoco hay indicios actuales de un núcleo galáctico muy energético. Además, ESO 130-G012 cumple con la relación radio-infrarrojo típica de galaxias donde la energía proviene principalmente de la formación estelar.

La energía necesaria para sostener el fenómeno

Los investigadores calcularon que el flujo requiere una energía cercana a 2 × 10⁵⁶ ergios para alcanzar el tamaño observado. Esa energía podría generarse si la formación estelar actual se mantiene durante unos 30 millones de años.

Esto significa que no se necesita un evento extremo o una explosión puntual. Un proceso continuo y moderado, sostenido en el tiempo, podría ser suficiente para crear una estructura de esta magnitud.

El hallazgo plantea otra pregunta práctica: si estos procesos no son raros, ¿por qué no se observan más flujos similares? La respuesta podría estar en las limitaciones de observación. Muchas estructuras así pudieron existir en el pasado y ya no emiten radio con la intensidad necesaria para ser detectadas.

Lo que este descubrimiento aporta al estudio de las galaxias

Más allá de su forma, el flujo bipolar de ESO 130-G012 ayuda a entender cómo las galaxias intercambian materia con su entorno. Estos chorros transportan gas desde el disco hacia el halo y, con el tiempo, parte de ese material puede regresar, influyendo en la formación de nuevas estrellas y en la distribución de elementos pesados.

En una galaxia con baja actividad como esta, la simetría y extensión del flujo ofrecen una oportunidad para estudiar el papel de los campos magnéticos y los vientos estelares sin la interferencia de un núcleo activo.

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ESO 130-G012 demuestra que incluso las galaxias que parecen normales pueden albergar fenómenos extremos. Lejos de ser un objeto discreto, resultó ser el origen de uno de los flujos bipolares más grandes detectados en el universo cercano. Las futuras observaciones buscarán analizar el gas caliente dentro del flujo y entender mejor las estructuras en forma de X que lo rodean.

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