Desintoxicación: qué es real, qué es mito y cómo cuidar al cuerpo sin riesgos
La desintoxicación se popularizó como sinónimo de bienestar, impulsada por redes sociales y un mercado multimillonario que promete limpiezas rápidas sin respaldo científico.
La palabra desintoxicación ocupa hoy un lugar central en el discurso sobre bienestar. Redes sociales, podcasts y blogs de salud difunden mensajes que prometen limpiezas internas, aumentos rápidos de energía y protección frente a un entorno percibido como contaminado. Esta narrativa suele combinar información general con mensajes comerciales que apelan al miedo y a la urgencia, muchas veces sin respaldo científico.
El resultado es un mercado en expansión y una conversación pública saturada, donde no siempre es claro qué prácticas son útiles y cuáles pueden representar un riesgo para la salud.
Un negocio multimillonario que crece a escala global
El fenómeno no es menor. De acuerdo con Forbes, en un informe firmado por Adaira Landry, profesora adjunta de medicina de urgencias en la Facultad de Medicina de Harvard, el mercado mundial de productos de desintoxicación —que incluye suplementos, tés y bebidas herbales, kits de limpieza y cosméticos— mueve cifras multimillonarias dentro de la economía del bienestar.
Las promesas abarcan desde almohadillas para pies hasta limpiezas vendidas a través de tiendas en redes sociales. Aunque muchas se presentan como inofensivas, algunas han derivado en consecuencias médicas graves.
Cuando las limpiezas provocan daños reales
Landry explicó que, en la práctica clínica, existe una brecha clara entre el marketing del bienestar y la evidencia médica. Relató el caso de un paciente que debió ser hospitalizado tras consumir una limpieza desintoxicante, la cual le provocó diarrea severa y un desequilibrio electrolítico grave.
Este tipo de episodios expone que no todos los productos catalogados como “naturales” o “detox” son seguros, y que su consumo sin supervisión puede generar efectos adversos importantes.
Por qué preocupa tanto la exposición a toxinas
Más allá de las ventas, especialistas observan un aumento en la demanda de educación en salud. Esta tendencia está impulsada por la preocupación ante la exposición cotidiana a sustancias químicas, una inquietud que influye en hábitos de consumo, cambios en el estilo de vida y un mayor interés por políticas y regulaciones ambientales.
Desde la medicina, el concepto de desintoxicación no es ajeno. El cuerpo humano cuenta con sistemas eficaces para eliminar desechos y toxinas de forma continua: riñones, hígado, pulmones, intestinos y piel. El reto actual, según Landry, no es la falta de estos mecanismos, sino el volumen y la frecuencia de las exposiciones químicas modernas.
Un entorno químico sin precedentes
Para profundizar en este contexto, Landry consultó a Aly Cohen, reumatóloga certificada y especialista en medicina integrativa. Cohen señaló un dato clave: “Se estima que actualmente se utilizan 300.000 sustancias químicas sintéticas a nivel mundial”.
La mayoría de estos compuestos se incorporaron en los últimos 75 a 100 años, un periodo breve en términos evolutivos. Esta rápida expansión representa una carga constante para los sistemas naturales de eliminación del organismo, debido a la cantidad y repetición de la exposición.
Fortalecer al cuerpo, no forzarlo
Cohen fue clara al descartar productos milagro y limpiezas agresivas. Su enfoque se centra en reforzar los procesos fisiológicos que ya existen. Entre las estrategias recomendadas se encuentran el ejercicio regular y la sudoración, el movimiento para estimular el sistema linfático, la hidratación con agua limpia y una alimentación que favorezca el microbioma intestinal y aporte nutrientes adecuados.
Estas acciones, explicó, apoyan de forma sostenida los mecanismos naturales del cuerpo sin someterlo a estrés innecesario.
Menos información, más acciones concretas
La especialista advirtió que la saturación de información puede resultar paralizante. En declaraciones a Forbes, señaló que “no es necesario conocer muchas toxinas ni cómo funcionan en el laboratorio o en nuestro cuerpo”. En su lugar, recomendó enfocarse en aquellas exposiciones que son más fáciles de identificar y reducir en la vida diaria.
Este enfoque práctico permite avanzar con cambios reales, sin caer en extremos ni en soluciones instantáneas.
Sustancias comunes que conviene reducir
Entre los compuestos que merecen mayor atención, Cohen destacó el bisfenol A (BPA), utilizado en la fabricación de plásticos y conocido por su efecto como disruptor endocrino. Aunque fue prohibido en vasos y copas en 2012, aún se encuentra en el revestimiento interno de alimentos enlatados.
Para disminuir la exposición, recomendó evitar productos enlatados y optar por recipientes de vidrio o acero inoxidable. “Se ha demostrado que esto disminuye los niveles de bisfenol A en orina en numerosos estudios”, afirmó.
También mencionó los ftalatos, presentes en fragancias, productos de cuidado personal y limpieza, detergentes y ambientadores. Estas sustancias se asocian con alteraciones endocrinas e inmunitarias, además de un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer.
A esto se suman los metales pesados en el agua potable, cuya presencia puede reducirse mediante sistemas de filtración accesibles y eficientes.
Medidas preventivas que sí tienen respaldo
Cohen desaconsejó el uso de kits caseros para medir toxinas y la realización de pruebas frecuentes sin indicación médica. En cambio, sugirió acciones preventivas con impacto comprobado: uso de filtros de agua de alta calidad, preferencia por alimentos frescos o congelados, limpieza del hogar con bicarbonato de sodio y vinagre blanco, y remojo de productos no orgánicos para reducir residuos de pesticidas.
En un entorno donde las redes sociales dificultan distinguir entre propuestas inofensivas y opciones potencialmente dañinas, la especialista subrayó la importancia del escepticismo informado.
Cambios graduales, no promesas extremas
Las recomendaciones basadas en evidencia coinciden en un punto central: cuidar al cuerpo no implica someterlo a limpiezas agresivas ni seguir promesas rápidas. Los mayores beneficios provienen de cambios graduales y sostenidos que reduzcan la exposición cotidiana a sustancias químicas y fortalezcan los sistemas naturales del organismo.
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En materia de desintoxicación, la utilidad está menos en lo extraordinario y más en las decisiones diarias que se repiten en el tiempo.
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