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Caminar y hacer ejercicio también protege el cerebro: qué dice la ciencia

La actividad física regular no solo fortalece los músculos, también protege el cerebro.

La actividad física no solo fortalece los músculos. La evidencia científica muestra que el movimiento diario cumple un papel directo en la salud del cerebro, en la memoria y en la prevención del deterioro cognitivo. Incluso acciones simples, como caminar con regularidad, generan cambios medibles en la estructura cerebral.

“Más allá de sus beneficios cognitivos, la actividad física moderada también contribuye a una mayor esperanza de vida y a mejores resultados generales de salud. Incluso caminar regularmente ha demostrado tener un gran impacto en la estructura y función cerebral”, destacó el doctor William A. Wallace, divulgador y creador del podcast Daily Value, según una nota anterior en Infobae.

De acuerdo con el especialista, estudios recientes confirman que las personas que caminan alrededor de 4 mil pasos diarios presentan aumentos tanto en la materia gris como en la materia blanca del cerebro, áreas clave para la memoria, el aprendizaje y la toma de decisiones.

“Las personas que caminan unos 4.000 pasos diarios logran aumentos notorios tanto en la materia gris como en la materia blanca del cerebro”, apuntó Wallace, en referencia a un estudio liderado por la Universidad de Washington en St. Louis y publicado en Journal of Alzheimer’s Disease.

¿Por qué los músculos influyen en la salud del cerebro?

La relación entre músculos y cerebro va más allá del movimiento. La ciencia ha identificado un sistema de comunicación interna que se activa durante el ejercicio.

“Tus músculos hacen más que moverte: también se comunican con el resto del cuerpo”, explicó William A. Wallace. Durante la actividad física, los músculos envían señales químicas que influyen en órganos como el cerebro, el corazón y el hígado.

Este diálogo ocurre a través de sustancias llamadas mioquinas, que se liberan cuando los músculos se contraen. “Las mioquinas actúan como los ‘mensajes de texto’ moleculares de los músculos hacia otros órganos”, describió el experto.

Qué son las mioquinas y cómo actúan en el cerebro

Cada vez que una persona camina, levanta peso o pedalea, los músculos liberan mioquinas al torrente sanguíneo. Estas moléculas llegan al cerebro y participan en procesos clave para su funcionamiento.

Wallace explicó que algunas mioquinas cumplen funciones específicas:

  • BDNF (factor neurotrófico derivado del cerebro): favorece la formación de nuevas neuronas y refuerza las conexiones existentes, fundamentales para la memoria y el aprendizaje.
  • IGF-1 (factor de crecimiento similar a la insulina 1): contribuye a la supervivencia neuronal y a la plasticidad cerebral.
  • VEGF (factor de crecimiento endotelial vascular): impulsa la formación de vasos sanguíneos que llevan oxígeno y nutrientes al cerebro.
  • Irisina: regula el metabolismo cerebral y reduce procesos inflamatorios.
  • IL-6: participa en el equilibrio energético y en la respuesta inmunológica.

A modo de ejemplo, el especialista señaló que el ejercicio aeróbico regular eleva los niveles de BDNF, lo que se asocia con mejoras claras en la memoria y en la función cognitiva.

El tipo de ejercicio también importa

No todos los ejercicios activan las mismas mioquinas. Según Wallace, el tipo de actividad física determina qué señales recibe el cerebro.

  • Ejercicio aeróbico (caminar, correr, andar en bicicleta): incrementa BDNF y VEGF, mejora el flujo sanguíneo cerebral y favorece la neuroplasticidad.
  • Entrenamiento de resistencia (pesas o ejercicios de fuerza): eleva IGF-1 e IL-6, mejora la fuerza muscular y la regulación energética.
  • Entrenamiento combinado o HIIT: reúne ambos efectos. El HIIT alterna periodos breves de ejercicio intenso con descansos cortos.

“Doce semanas de entrenamiento mixto —aeróbico y de resistencia— resultaron en mejoras de la memoria y del metabolismo energético en adultos mayores”, destacó Wallace.

Cómo el ejercicio ayuda a frenar el envejecimiento cerebral

Con el paso de los años, la producción de mioquinas disminuye. Esto se asocia con pérdida de fuerza muscular y con un declive gradual de la función cerebral.

“El ejercicio restaura la comunicación molecular, favorece la salud mitocondrial, reduce el estrés oxidativo y protege contra enfermedades neurodegenerativas”, afirmó el especialista.

También señaló que la actividad física sostenida puede retrasar cambios relacionados con enfermedades como Alzheimer y Parkinson, gracias a la acción continua de estas señales químicas.

El músculo como órgano clave para la longevidad

La evidencia científica ha cambiado la forma de entender el músculo. Ya no se considera solo un tejido de movimiento.

“Más que un tejido de movimiento, es un órgano endocrino que establece comunicación con el cerebro. Gracias a mioquinas como el BDNF, el IGF-1 y la irisina, cada sesión de ejercicio desencadena señales que favorecen el crecimiento, la reparación y la longevidad”, resaltó Wallace.

Y lo resumió así: “En términos simples: cuando mueves tu cuerpo, literalmente alimentas tu cerebro”.

“El ejercicio es mucho más que fuerza: es un canal de comunicación interna. Los músculos liberan mensajeros moleculares que protegen tu cerebro, equilibran tu metabolismo y ralentizan el reloj biológico. El movimiento no es solo medicina: es un mensaje para la longevidad”, concluyó.

Actividades físicas que ayudan a proteger el cerebro

Diversos estudios identificaron ejercicios accesibles que favorecen la salud cognitiva, en especial en adultos mayores:

  • Ejercicio aeróbico regular: aumenta el flujo sanguíneo al cerebro y el tamaño del hipocampo, área clave para la memoria y el aprendizaje. Incluye caminata, running, remo o bicicleta.
  • Entrenamiento de resistencia: un estudio en mujeres de 65 a 75 años mostró mejoras en memoria y funciones cognitivas tras 12 meses de ejercicios de fuerza dos veces por semana.
  • Taichí: investigaciones apoyadas por el National Center for Complementary and Integrative Health indican mejoras en razonamiento, planificación y memoria.
  • Baile: un seguimiento de más de 20 años publicado en New England Journal of Medicine encontró que bailar regularmente reduce el riesgo de demencia.
  • Yoga: un estudio de la Universidad de California (UCLA), publicado en Journal of Alzheimer’s Disease, observó mejoras en memoria verbal y visual tras 12 semanas de yoga meditativo y meditación en casa.

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La evidencia es clara: moverse con regularidad no solo mantiene el cuerpo activo, también protege el cerebro y apoya la salud a largo plazo.

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