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Cómo manejar conflictos sin caer en confrontaciones inútiles, según expertos

Ante un conflicto, la clave es no reaccionar desde la emoción de la otra persona.

Cómo manejar conflictos sin caer en confrontaciones inútiles, según expertos

CIUDAD DE MÉXICO.- En la vida diaria, los conflictos son inevitables. Aparecen en el trabajo, en la familia, en espacios públicos y también en redes sociales. La forma en que reaccionas ante ellos puede marcar la diferencia entre resolver un problema o agravarlo. Frente a una situación tensa, la recomendación central es clara: no reaccionar a la carga emocional de la otra persona. Hacerlo suele bloquear cualquier posibilidad de solución. Ante ese escenario, conviene detenerse y preguntarse: “¿Cuál es el problema aquí?”.

No responder desde la emoción del otro

Imagina que una persona entra a un negocio y comienza a gritar: “¡Son unos ladrones!”. Si quien atiende responde desde el enojo o la defensa, la escena escala a una confrontación que no resuelve nada. En cambio, si mantiene la calma y trata de identificar qué originó la queja, el enfoque cambia. La atención deja de estar en el grito y se dirige al problema concreto del cliente.

Responder con serenidad no significa ceder ni aceptar acusaciones injustas. Significa priorizar la solución por encima del impulso inmediato de defenderse.

Mantener la calma también se entrena

Es común pensar que controlar la reacción emocional es imposible. La respuesta suele ser: “No es sencillo mantenerse calmado cuando te atacan”. Es cierto que no es fácil, pero sí es posible. Y es justamente esa capacidad la que permite resolver conflictos de manera eficaz.

Antes de responder, conviene evaluar el contexto y, sobre todo, el tipo de relación que tienes con la otra persona. No todos los conflictos merecen la misma atención ni el mismo nivel de involucramiento.

Saber cuándo tomar distancia

Hay situaciones en las que la mejor decisión es no involucrarse. Si alguien te cuenta un chisme sobre una compañera de trabajo con quien no tienes un vínculo cercano, una respuesta válida es marcar distancia: “Ok, no es mi problema. Apenas conozco a esta persona”. Esa postura evita que te arrastren a un conflicto ajeno.

El principio es simple: no todos los problemas requieren tu opinión ni tu energía. Elegir no participar también es una forma de autocuidado.

Evitar la triangulación en conflictos familiares

Cuando una persona intenta involucrarte en un conflicto que tiene con un familiar tuyo, se produce lo que se conoce como “triangulación”. En estos casos, lo más sano es no entrar en el juego y fijar un límite claro: “No soy yo quien debe arreglar esto contigo. Háblalo con él o con ella, por favor”.

Quedar en medio de disputas ajenas suele generar una sensación de uso y frustración. Otra opción válida es escuchar sin dar crédito ni tomar partido. Es decir, oír sin asumir responsabilidades que no te corresponden.

Críticas y ataques en redes sociales: cuándo no responder

Si has recibido comentarios negativos o críticas en redes sociales, conviene recordar algo importante: le ocurre a muchas personas. En estos espacios, es frecuente que individuos con heridas personales o baja autoestima descarguen su “ira no admitida” sobre otros, incluso de forma anónima.

La recomendación es directa: no gastes tu tiempo respondiendo ese tipo de mensajes. La mayoría no busca diálogo ni solución, sino provocar una reacción.

Elegir tus batallas con criterio

En lugar de centrarte en los conflictos, enfócate en lo que realmente importa. Antes de discutir, pregúntate: ¿con quién estoy discutiendo y por qué? ¿Vale la pena? ¿Obtengo algún beneficio real de esta confrontación?

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No permitas que otros decidan tus batallas. Elígelas tú, con claridad y sentido práctico, y dirige tu energía a aquello que sí aporta valor a tu vida.

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