Científicos desarrollan un sistema que usa luz solar para transformar CO₂ en energía limpia, un avance real que podría cambiar cómo se producen los combustibles del futuro
Investigaciones universitarias demuestran que ya es posible convertir dióxido de carbono y agua en compuestos energéticos usando solo luz solar, un paso relevante hacia nuevas formas de producir energía con menor impacto ambiental

INGLATERRA.- La idea de aprovechar el dióxido de carbono para producir energía limpia ya no pertenece solo al terreno de la ciencia ficción. En laboratorios universitarios, científicos han logrado demostrar que es posible transformar CO₂, agua y luz solar en compuestos con valor energético, un avance que abre una nueva ruta para pensar el futuro de los combustibles y de la industria química.
Qué lograron exactamente los científicos
Equipos de investigación han desarrollado dispositivos experimentales inspirados en la fotosíntesis, conocidos como “hojas artificiales”, capaces de usar la luz solar para convertir dióxido de carbono en compuestos químicos útiles.
Uno de los avances más sólidos fue presentado por científicos de la Universidad de Cambridge, quienes lograron producir formiato —un compuesto que puede emplearse como vector energético o como materia prima industrial— a partir de CO₂, agua y luz.
Los resultados fueron publicados en una revista científica especializada, lo que confirma que se trata de un desarrollo verificado y revisado por expertos.
Cómo funciona este sistema que imita a la naturaleza
El dispositivo replica procesos básicos de la fotosíntesis natural:
- capta luz solar
- utiliza agua como medio de reacción
- incorpora enzimas bacterianas que dirigen las reacciones químicas
- convierte dióxido de carbono en formiato, sin generar residuos complejos
El sistema es autónomo, no requiere electricidad externa, y logró operar durante más de 24 horas continuas en condiciones de laboratorio, un dato relevante en términos de estabilidad.
Los investigadores también destacaron que es la primera vez que semiconductores orgánicos se usan con éxito como captadores de luz en un sistema biohíbrido de este tipo.
Otros avances reales en la conversión solar de CO₂
No se trata de un caso aislado. En Estados Unidos, científicos de la Universidad de California en Berkeley desarrollaron estructuras microscópicas de cobre que, usando energía solar, permiten transformar CO₂ y agua en hidrocarburos simples como etileno y etano, compuestos que hoy se emplean en la industria energética y química.
Este trabajo fue publicado en la revista Nature Catalysis y difundido por la propia universidad como una prueba de concepto de que la conversión solar de dióxido de carbono es técnicamente posible.

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Por qué estos avances son relevantes
Actualmente, la mayor parte de los combustibles y productos químicos se fabrica a partir de petróleo, gas o carbón, procesos que liberan grandes cantidades de dióxido de carbono.
La posibilidad de:
- Usar CO₂ como materia prima,
- Aprovechar energía solar,
- Obtener compuestos energéticos o industriales,
abre la puerta a modelos donde el carbono se recicla en lugar de extraerse del subsuelo.
Para los científicos, estas tecnologías podrían ayudar a reducir la dependencia de los combustibles fósiles y a replantear cómo se producen materiales básicos de la vida moderna.
Lo que todavía no existe y por qué es importante decirlo
Los propios investigadores subrayan que estos dispositivos:
- Funcionan solo en laboratorio,
- Aún presentan rendimientos bajos,
- Requieren avances importantes para operar a gran escala.
Hoy no existe un sistema comercial capaz de producir combustible solar en volúmenes industriales. Sin embargo, estos desarrollos son considerados pasos fundamentales, porque demuestran que el proceso es viable desde el punto de vista científico.
Qué podría cambiar a largo plazo
Si estas tecnologías logran escalarse, podrían permitir:
- Plantas químicas alimentadas por energía solar,
- Producción de combustibles con menor huella de carbono,
- Uso del CO₂ capturado del aire o de fábricas como recurso,
- Transición más ordenada hacia economías menos dependientes del petróleo.
Por eso, estos avances son observados de cerca por universidades, centros de investigación y sectores energéticos.

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La información se basa en investigaciones difundidas por la Universidad de Cambridge y la Universidad de California en Berkeley, así como en estudios publicados en revistas científicas como Nature Catalysis. Las propias universidades confirmaron que los sistemas funcionan en laboratorio y representan avances experimentales reales, no tecnologías comerciales.
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