Histamina e inflamación: claves de una de las causas más frecuentes de infertilidad femenina
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a una de cada diez mujeres en edad reproductiva y suele tardar años en diagnosticarse.

La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a una de cada diez mujeres en edad reproductiva en el mundo. Esto equivale a más de 190 millones de personas. A pesar de su alta prevalencia, sigue siendo una condición poco comprendida y con un diagnóstico que suele llegar tarde.
La enfermedad se identifica por la presencia de tejido similar al endometrio —el revestimiento interno del útero— fuera de este órgano. Estos focos pueden localizarse en los ovarios, las trompas de Falopio, el intestino, la vejiga o incluso el diafragma, lo que explica la variedad de síntomas que pueden presentarse.
El médico genetista Jorge Dotto (MN 107.411) explicó a Infobae que el retraso diagnóstico puede extenderse entre cuatro y once años desde la aparición de los primeros síntomas. Este retraso, señaló, tiene un impacto directo y negativo en la calidad de vida de las pacientes.
Qué es la endometriosis y cómo se desarrolla en el cuerpo
La endometriosis consiste en la presencia de tejido endometrial fuera del útero. Este tejido se comporta de forma similar al endometrio normal: responde a las hormonas del ciclo menstrual y crece con cada ciclo.
La diferencia es que, al encontrarse fuera del útero, no tiene una vía de salida. Esto provoca inflamación persistente, formación de adherencias, dolor crónico y, en muchos casos, dificultades para lograr un embarazo.
La explicación clásica de su origen es la llamada “menstruación retrógrada”. Según esta teoría, durante la menstruación, parte del flujo menstrual regresa por las trompas hacia la cavidad pélvica y transporta células endometriales que pueden implantarse fuera del útero. Sin embargo, esta teoría no explica por sí sola todos los casos.
El papel de la genética y otros factores menos visibles
Hoy se sabe que la endometriosis es una enfermedad multifactorial. Además de la menstruación retrógrada, intervienen factores hormonales, inmunológicos y genéticos.
“Hoy sabemos que existe una base genética clara: estudios en gemelas demostraron que la heredabilidad de la endometriosis alcanza aproximadamente el 50%, y las hijas de mujeres diagnosticadas tienen el doble de riesgo de desarrollarla”, afirmó Dotto.
La investigación científica también identificó múltiples genes y cambios epigenéticos relacionados con la enfermedad, así como la circulación de microARN (miRNAs) que pueden modificar la expresión genética y favorecer la inflamación crónica.
Síntomas variados que dificultan el diagnóstico temprano
Uno de los principales problemas de la endometriosis es que no se manifiesta igual en todas las mujeres. Algunas no presentan síntomas, mientras que otras experimentan dolor intenso.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran la dismenorrea intensa, el dolor pélvico crónico, el dolor durante las relaciones sexuales, la fatiga, las alteraciones intestinales y los problemas de fertilidad. Esta diversidad suele llevar a confusión clínica.
Dotto advirtió que el 65% de las pacientes recibe inicialmente un diagnóstico incorrecto. El dolor muchas veces se minimiza o se atribuye a estrés, colon irritable o ansiedad, lo que retrasa el abordaje adecuado.
Enfermedades asociadas y coexistencia de diagnósticos
La endometriosis puede coexistir con otras condiciones médicas. Entre ellas se encuentran los miomas uterinos, la adenomiosis, la fibromialgia, la migraña y el síndrome de intestino irritable.
También puede asociarse con cistitis intersticial, depresión, ansiedad, artritis reumatoide, lupus y esclerosis múltiple. Esta superposición de diagnósticos complica la identificación de la causa real del dolor.
El diagnóstico definitivo suele requerir estudios por imágenes y confirmación quirúrgica mediante laparoscopia con biopsia. Aunque la ecografía transvaginal y la resonancia magnética pueden ser útiles, su precisión depende en gran medida de la experiencia del especialista.
Una enfermedad inflamatoria que afecta a todo el organismo
La endometriosis no se limita al aparato reproductor. Dotto la describió como una enfermedad sistémica que puede afectar el metabolismo hepático, el tejido adiposo y el sistema nervioso central.
Esto explica por qué algunas mujeres continúan con dolor incluso después de que las lesiones visibles fueron retiradas mediante cirugía. Estudios genéticos internacionales demostraron que la endometriosis comparte bases genéticas con otros trastornos de dolor crónico.
En algunas pacientes existe una mayor sensibilidad al dolor de origen genético, lo que representa un desafío adicional para el tratamiento y obliga a considerar enfoques más amplios.
El círculo vicioso entre estrógenos e inflamación
La inflamación persistente es el eje central de la endometriosis. El microambiente peritoneal contiene células inmunitarias y mediadores inflamatorios que favorecen la supervivencia de los implantes endometriales.
Investigaciones recientes destacaron la activación del inflammasoma NLRP3 y de los mastocitos, células inmunes que producen histamina. Estos mecanismos explican parte del dolor y otros síntomas.
“El estrógeno, especialmente en presencia de IgE, estimula la activación de mastocitos, aumentando así la liberación de histamina. Esta histamina, a su vez, actúa sobre los ovarios favoreciendo la producción de más estrógenos, lo que perpetúa un círculo vicioso de inflamación”, explicó Dotto.
Hormonas, histamina y cambios genéticos clave
Los estrógenos juegan un papel central en el crecimiento de los implantes endometriósicos. Durante la ovulación y la fase premenstrual, los picos hormonales intensifican la inflamación.
Además, los estrógenos pueden reducir la actividad de la enzima DAO, encargada de degradar la histamina. Esto agrava los síntomas en ciertos momentos del ciclo menstrual.
También se identificaron cambios epigenéticos, como la hipermetilación de genes relacionados con la respuesta a la progesterona. Estos cambios favorecen la inflamación persistente y dificultan la implantación embrionaria.
Impacto en la salud mental y la vida diaria
El dolor crónico, la infertilidad y la falta de respuestas claras afectan de forma directa la salud emocional. Ansiedad, depresión y aislamiento social son frecuentes en mujeres con endometriosis.
Dotto explicó que el entorno inflamatorio modifica el sistema nervioso central y amplifica la percepción del dolor. Esto afecta el estado de ánimo y la capacidad de llevar una vida cotidiana estable.
Por esta razón, el abordaje debe ser integral y considerar tanto los aspectos físicos como los emocionales de la enfermedad.
Tratamientos actuales y sus limitaciones
El tratamiento tradicional incluye terapias hormonales y cirugía. Las opciones hormonales pueden reducir síntomas, pero suelen generar efectos secundarios como cambios de ánimo, sofocos y disminución de la densidad ósea.
La cirugía puede aliviar el dolor, pero no garantiza una solución definitiva. En cerca de la mitad de los casos, los síntomas reaparecen en menos de cinco años.
En el plano nutricional, se suele recomendar una dieta antiinflamatoria. Aunque puede mejorar el bienestar general, “no basta para aliviar los síntomas ni lograr un embarazo exitoso” en la mayoría de los casos, según Dotto.
Nuevos enfoques: genética y nutrición personalizada
A partir del análisis genético, algunos centros comenzaron a estudiar variantes relacionadas con el metabolismo de la histamina en cada paciente. Esto permite identificar por qué el organismo no logra eliminarla de forma eficiente.
“Según qué variantes estén presentes, podemos personalizar la dieta para que sea no solo antiinflamatoria, sino también baja en histamina”, explicó Dotto. El objetivo es reducir el efecto “estrogénico-histamínico pro-inflamatorio”.
Este enfoque busca ofrecer alternativas concretas a mujeres con síntomas severos o que no responden a los tratamientos convencionales.
Hacia una medicina personalizada en endometriosis
“La interacción compleja entre hormonas sexuales, sistema inmune, mediadores inflamatorios y componentes genéticos obliga a pensar la endometriosis desde una perspectiva de medicina personalizada”, sostuvo Dotto.
En los últimos años, la investigación científica colocó a la endometriosis en el centro del debate médico. La genética, la epigenética y la nutrición personalizada abren nuevas posibilidades para mejorar el diagnóstico temprano y la calidad de vida.
Avanzar en este conocimiento es clave para ofrecer tratamientos más eficaces, menos invasivos y ajustados a las necesidades reales de cada paciente.
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