¿Un mes sin alcohol es suficiente? Lo que dice la evidencia sobre la presión arterial
Dejar el alcohol durante un mes puede generar mejoras iniciales en la presión arterial, pero los beneficios más importantes se logran cuando la abstinencia se mantiene entre seis meses y un año.

Reducir o suspender el consumo de alcohol suele ser una de las primeras recomendaciones cuando una persona busca cuidar su presión arterial. Iniciativas como el “Enero seco” han popularizado la idea de dejar de beber durante un mes, pero la evidencia muestra que los efectos más relevantes aparecen cuando la abstinencia se mantiene por más tiempo. A continuación, se explica qué ocurre en el cuerpo, qué beneficios son posibles y qué estrategias ayudan a lograr cambios sostenibles.
¿Un mes sin alcohol mejora la presión arterial?
Dejar el alcohol durante un mes puede generar mejoras visibles en la presión arterial. Sin embargo, los cambios más importantes requieren constancia. De acuerdo con una columna publicada en Very Well, la abstinencia debe mantenerse entre seis meses y un año para observar resultados más amplios y duraderos en la salud cardiovascular.
Este primer periodo sin alcohol funciona como un punto de partida. Permite identificar cambios tempranos y evaluar cómo responde el organismo, pero no representa el límite de los beneficios posibles.
Qué pasa con la presión arterial después de beber alcohol
El consumo de alcohol tiene efectos inmediatos y posteriores sobre la presión arterial. El doctor Sohaib Imtiaz, jefe médico del People Inc. Health Group, explicó que “dentro de las primeras horas después de tomar más de tres bebidas, la presión arterial disminuye, pero luego aumenta en las horas siguientes”.
Estudios citados por el especialista indican que este efecto provoca un incremento aproximado de 3.7 milímetros de mercurio (mmHg) entre 12 y 24 horas después de un consumo excesivo. Es decir, aunque al inicio pueda haber una baja temporal, el resultado final suele ser un aumento.
El impacto acumulado del consumo diario
Con el paso de los años, el riesgo se incrementa. Las personas que consumen más de una bebida al día presentan mayor probabilidad de desarrollar hipertensión. Este riesgo está directamente relacionado con la cantidad ingerida.
Imtiaz señaló que “cada bebida al día se asocia a un incremento de 1.25 puntos en la presión arterial sistólica en cinco años”. Esto demuestra que incluso niveles considerados moderados pueden tener efectos acumulativos sobre el sistema cardiovascular.
Por qué el consumo regular eleva el riesgo cardiovascular
Después de beber alcohol, la presión arterial tiende a aumentar durante varias horas. Este aumento es más marcado cuando se consume una cantidad considerable en poco tiempo. La respuesta genera una carga adicional para el sistema cardiovascular y afecta la regulación de los vasos sanguíneos y la función renal.
Una ingesta frecuente, sobre todo mayor a una bebida diaria en mujeres o dos en hombres, favorece el desarrollo progresivo de hipertensión. Esto ocurre porque el alcohol altera el equilibrio hormonal, activa el sistema nervioso simpático y promueve la inflamación de los vasos sanguíneos.
Además, el alcohol puede disminuir la eficacia de los medicamentos para controlar la presión arterial y agravar padecimientos como la insuficiencia cardíaca o las arritmias. Very Well subraya que quienes tienen enfermedades cardiovasculares o toman betabloqueantes deben consultar con un especialista antes de consumir alcohol.
¿Reducir es suficiente o conviene dejarlo por completo?
Disminuir el consumo de alcohol puede traducirse en una baja de la presión arterial, incluso si no se logra la abstinencia total. Según el doctor Imtiaz, pasar de más de seis bebidas diarias a la mitad ya produce cambios favorables.
No obstante, también aclaró que incluso un consumo bajo implica riesgos mayores frente a la abstinencia completa. El artículo de Very Well señala que “hasta la ingesta baja de alcohol aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular y enfermedad coronaria”. Investigaciones adicionales advierten que el peligro se extiende a eventos como insuficiencia cardíaca o muerte súbita de origen cardiovascular.
Deshidratación, electrolitos y cortisol: otros efectos del alcohol
El alcohol actúa como diurético. Aumenta la producción de orina y favorece la deshidratación. Esta condición puede alterar los electrolitos, lo que dificulta la regulación de la presión arterial.
La deshidratación provoca la contracción de los vasos sanguíneos y obliga al corazón a trabajar con mayor esfuerzo, facilitando picos de presión arterial. A esto se suma el aumento del cortisol, conocida como la hormona del estrés. Su elevación, asociada al consumo frecuente o elevado de alcohol, incrementa la presión arterial y favorece la inflamación de las paredes de los vasos.
Otro punto relevante es el sueño. Aunque el alcohol puede facilitar el inicio del descanso, especialistas advierten que reduce su calidad y altera los ciclos de reparación del cuerpo, esenciales para mantener la salud cardiovascular.
Estrategias prácticas para reducir o dejar el alcohol
El doctor Imtiaz recomienda adoptar estrategias graduales. Evitar dejar el alcohol de forma repentina puede facilitar que el cambio se mantenga en el tiempo. Reducir la cantidad de manera progresiva suele ser más viable y ayuda a prevenir recaídas.
Monitorear la salud con dispositivos electrónicos, como relojes inteligentes o pulseras que registran frecuencia cardíaca, sueño y recuperación, permite observar de forma clara los beneficios de reducir el consumo.
También es útil optar por alternativas en reuniones sociales, como bebidas sin alcohol o refrescos bajos en calorías. Para quienes enfrentan mayores dificultades, la terapia cognitivo-conductual y los grupos de apoyo, como Alcohólicos Anónimos, representan opciones accesibles y efectivas.
Más allá de unas semanas sin alcohol
No consumir alcohol durante varias semanas es un avance relevante para el control de la salud general. Sin embargo, los beneficios más profundos en la presión arterial y el sistema cardiovascular dependen de mantener la abstinencia durante periodos más largos.
Entender estos efectos permite tomar decisiones informadas y realistas. Reducir o dejar el alcohol no es solo un reto temporal, sino una estrategia que, sostenida en el tiempo, puede marcar una diferencia clara en la salud cardiovascular.
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