Por qué a veces comemos sin necesitarlo: los tipos de hambre que explica la ciencia
El hambre no responde solo a la necesidad de energía, sino a varios sistemas que interactúan entre el cuerpo y la mente.

El hambre no es solo una señal del estómago. Responde a una red de mecanismos que involucran al cuerpo y la mente. La ciencia amplió el concepto tradicional de apetito y mostró que va más allá de la necesidad de energía. Comprender cómo funciona ayuda a prevenir excesos y a cuidar la salud física y mental.
Un estudio publicado por The New England Journal of Medicine identificó tres sistemas principales que regulan el apetito y la ingesta: el hambre fisiológica, el hambre hedónica y el hambre influida por la microbiota intestinal. Cada uno actúa de forma distinta y tiene implicaciones prácticas para la vida diaria.
¿Qué es el hambre fisiológica y cómo se activa?
El hambre fisiológica, también llamada homeostática, aparece cuando el cuerpo necesita reponer energía. Es la forma más común de hambre y se origina en la interacción entre el sistema digestivo y el hipotálamo.
Este proceso está mediado por hormonas clave. La grelina, liberada por el estómago, estimula el apetito. En contraste, la leptina y otras hormonas como GLP-1 y PYY reducen la sensación de hambre cuando las reservas energéticas son suficientes.
Después de comer, el cuerpo activa mecanismos de saciedad de manera progresiva. Primero responden los mecanorreceptores del estómago. Luego actúan las hormonas gastrointestinales. Finalmente, el aumento de glucosa e insulina en sangre envía señales al cerebro para detener la ingesta.La endocrinóloga María Teresa Calabrese explicó en una nota a Infobae que el cerebro integra estos estímulos para decidir cuándo iniciar y cuándo terminar de comer.
En términos prácticos, este sistema busca evitar el exceso y mantener el equilibrio calórico.
Hambre hedónica: cuando se come por placer
El hambre hedónica no responde a una necesidad metabólica. Se relaciona con el deseo de comer por placer y se origina en los circuitos de recompensa del cerebro.
Este tipo de hambre suele activarse frente a alimentos ricos en azúcar, grasas o sal. Según explicó en su cuenta de X el doctor en Filosofía William Wallace, puede aparecer por estímulos como el estrés, un olor o la imagen de un alimento, incluso cuando el cuerpo no necesita energía.
Calabrese señaló una diferencia clave: el hambre genuina se acompaña de señales físicas claras, mientras que el deseo aparece como un impulso menos definido. Además, las primeras experiencias alimentarias, como el amamantamiento, pueden influir en la búsqueda de consuelo en la comida durante la adultez.
La liberación de dopamina ante alimentos placenteros vuelve estos impulsos difíciles de controlar. Esto puede favorecer episodios de atracones y contribuir al desarrollo de obesidad.
¿La microbiota intestinal también regula el apetito?
Un tercer mecanismo, aún en estudio, es el hambre regulada por la microbiota intestinal. De acuerdo con The New England Journal of Medicine, las bacterias del intestino producen metabolitos que modifican las señales de hambre y saciedad.
Estos compuestos influyen en hormonas como la insulina, la grelina y el GLP-1. Además, la microbiota participa en el sistema inmunitario y puede imitar señales químicas que aumentan o reducen el apetito.
La evidencia sobre su papel exacto todavía es limitada. Muchos hallazgos provienen de estudios en animales y requieren confirmación en humanos. Aun así, este campo abre nuevas líneas de investigación sobre la regulación del hambre.
Factores genéticos y enfermedades relacionadas con el apetito
A los sistemas de regulación del hambre se suman factores genéticos y ciertas condiciones médicas. El estudio menciona, por ejemplo, el síndrome de Prader–Willi, causado por una deleción en el cromosoma 15, que predispone a la hiperfagia y a la obesidad.
El espectro clínico del apetito es amplio. Va desde la ingesta excesiva, asociada con obesidad, hasta la restricción severa observada en la anorexia nerviosa. Ambos extremos afectan la salud cardiovascular y la calidad de vida.
¿Por qué es importante entender los tipos de hambre?
El conocimiento actual sobre la fisiología del hambre es parcial, pero ya permite intervenciones clínicas y cambios en la vida cotidiana. Reconocer los distintos tipos de hambre ayuda a tomar decisiones más conscientes y a modificar hábitos alimentarios.
Distinguir entre hambre fisiológica y deseo emocional permite evitar elecciones automáticas. Entre las estrategias más recomendadas se encuentran mantener horarios regulares de comida, llevar una alimentación equilibrada, dormir lo suficiente, realizar actividad física y gestionar el estrés.
El nutricionista Raúl E. Sandro Murray explicó que una dieta balanceada ayuda a reducir los antojos, aunque el entorno emocional puede intensificarlos. Otras medidas útiles incluyen limitar el acceso a alimentos ultraprocesados, elegir porciones pequeñas, buscar actividades alternativas o masticar chicle sin azúcar.
Cuando los patrones de alimentación se vuelven difíciles de manejar, buscar asesoría profesional es fundamental. Comprender que no todos los deseos requieren satisfacción inmediata fortalece la tolerancia emocional y mejora la relación con la comida y el bienestar personal.
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