Escribir antes de los romanos: lo que los grafitos de Illiberis revelan sobre la vida cotidiana prerromana
Un estudio reciente analizó 130 grafitos prerromanos hallados en cerámica local e importada, escritos principalmente en lengua ibérica, con algunos ejemplos en griego y latín.

CIUDAD DE MÉXICO.- La antigua Illiberis, identificada con la actual Elna, se localizaba en una posición estratégica en la llanura del Rosellón, a pocos kilómetros del mar Mediterráneo. Desde finales del siglo V a. C., este asentamiento formó parte de un espacio marcado por el contacto cultural en el nordeste de la península. Su desarrollo urbano quedó reflejado en la arquitectura, en los objetos de uso diario y en una práctica que resulta central para entender su organización social: la escritura.
Un estudio reciente, publicado en la Revista d’Arqueologia de Ponent, analizó de forma sistemática los grafitos prerromanos hallados en el yacimiento. El objetivo fue claro: comprender cómo la escritura se integró de manera gradual en la vida social, económica y simbólica de estas comunidades antes de la llegada definitiva de Roma.
¿Qué son los grafitos de Illiberis y cuántos se han encontrado?
Las investigaciones de las últimas décadas ampliaron de forma notable el corpus epigráfico del sitio. A los materiales ya conocidos se sumaron numerosos grafitos inéditos procedentes de excavaciones recientes. Esto permitió revisar lecturas antiguas y contextualizar mejor cada inscripción, tanto desde el punto de vista arqueológico como cronológico.
Hasta ahora se han documentado 130 grafitos prerromanos. De ellos, cerca de 80 contienen texto con valor lingüístico. La mayoría está escrita en lengua ibérica, aunque también hay ejemplos en griego y latín, además de marcas figurativas y signos cuyo significado no siempre es claro. Este conjunto ofrece una base sólida para analizar el uso de la escritura entre los siglos V y I a. C.
¿En qué objetos se escribía y quiénes lo hacían?
La mayor parte de los grafitos aparece sobre cerámica. Hay piezas de producción local y también de importación, como vajilla de barniz negro, cerámicas grises rousillonenses, ánforas y recipientes no torneados. La escritura no se concentró en un solo sector del asentamiento, lo que indica que no fue una práctica exclusiva de una élite ni de un espacio específico.
La distribución amplia de los grafitos sugiere que escribir sobre los objetos formaba parte de rutinas comunes. Marcar, identificar o señalar algo en un recipiente era una acción integrada en la vida diaria de la comunidad.
Lenguas en contacto: ibérico, griego y latín
Uno de los aspectos más relevantes del conjunto es la convivencia de varios sistemas de escritura. Predomina la escritura ibérica nororiental, presente tanto en su variante dual, propia de las fases más antiguas, como en formas posteriores. La aparición de grafitos griegos y latinos confirma que Illiberis participaba en redes de intercambio cultural y comercial de largo alcance.
En los textos ibéricos destacan los nombres propios, a menudo acompañados del elemento “-ḿi”, característico de las llamadas inscripciones parlantes. En estos casos, el objeto parece “hablar” en primera persona para identificarse con su propietario. Los grafitos latinos, más escasos y tardíos, reflejan ya la adopción de convenciones romanas hacia el cambio de era.
¿Para qué servía la escritura en Illiberis?
El análisis funcional muestra una diversidad clara de usos. Muchos grafitos pueden entenderse como marcas de propiedad, útiles para identificar recipientes en contextos domésticos o colectivos. Otros parecen vinculados a actividades comerciales, como el control del contenido, la cantidad o la circulación de productos.
Existen también casos menos frecuentes que apuntan a usos simbólicos o votivos. Además, junto a los textos aparecen signos simples: letras aisladas, cruces, estrellas o motivos geométricos. Aunque no siempre se puede precisar su significado, su repetición indica que marcar objetos con signos gráficos era una práctica habitual, incluso sin una alfabetización plena.
¿Cuándo empezó a escribirse en Illiberis?
Los grafitos más antiguos se remontan a finales del siglo V y al siglo IV a. C., una etapa en la que la escritura ibérica comenzaba a difundirse en el nordeste peninsular. Esto sitúa a Illiberis entre los asentamientos con los testimonios más tempranos de escritura en la región.
A partir del siglo II a. C., el número de grafitos aumenta de forma clara. Este crecimiento coincide con una intensificación de los contactos con Roma tras la Segunda Guerra Púnica. La tendencia se repite en otros yacimientos del Mediterráneo noroccidental, donde la presencia romana impulsó nuevas formas de gestión administrativa y económica.
Escritura, economía y vida cotidiana
Un dato relevante es la relación entre los grafitos y los contextos de almacenamiento, como los silos. Muchos textos aparecen en recipientes asociados a la gestión de excedentes agrícolas. Esto sugiere un uso práctico de la escritura para organizar recursos, de manera similar a lo que ocurrió en otras culturas antiguas, donde escribir surgió como una herramienta funcional.
Al mismo tiempo, los nombres inscritos en los objetos refuerzan la visibilidad social de las personas. A través de ellos es posible identificar la convivencia de tradiciones onomásticas diversas, incluidos nombres de posible origen indoeuropeo adaptados al sistema ibérico.
Illiberis frente a otros asentamientos de la región
Comparada con yacimientos como Ensérune, Ruscino o el Mas Castellar de Pontós, Illiberis presenta una evolución coherente, pero con rasgos propios. La densidad y variedad de su corpus epigráfico reflejan el dinamismo del asentamiento y su papel como punto de contacto entre comunidades locales e influencias mediterráneas.
El estudio de estos grafitos resulta clave para comprender cómo la escritura se difundió de forma social en el Rosellón protohistórico, más allá de contextos formales o administrativos.
Una comunidad que escribía antes de Roma
El conjunto de grafitos prerromanos de Illiberis ofrece una imagen clara de cómo la escritura se integró en la vida cotidiana entre los siglos V y I a. C. Las evidencias muestran un uso amplio, con funciones prácticas, identitarias y simbólicas, y abierto al contacto con otras culturas.
Antes de la romanización, Illiberis ya era una comunidad que escribía. Por ello, el sitio se convierte en un referente para estudiar cómo las sociedades protohistóricas adoptaron y adaptaron la escritura como una herramienta cotidiana, mucho antes de que Roma impusiera sus modelos.
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