La ciencia del viaje explica por qué elegir al compañero adecuado importa tanto como el destino
La investigación identifica cuatro factores clave para una buena experiencia: inteligencia emocional, experiencia de viaje, compatibilidad en hábitos y expectativas, y responsabilidad.

CIUDAD DE MÉXICO.- Viajar no solo implica trasladarse de un lugar a otro. Supone convivir, tomar decisiones en conjunto y adaptarse a situaciones imprevistas. En los últimos años, la ciencia del turismo y del comportamiento comenzó a analizar el viaje como una experiencia social estructurada, donde las relaciones influyen de forma directa en cómo se recuerda lo vivido.
En ese contexto, una investigación publicada en International Journal of Tourism Research plantea una pregunta poco explorada: qué hace deseable a un compañero de viaje cuando no existe una relación previa. El estudio ofrece claves útiles para quienes viajan con personas que apenas conocen, una práctica cada vez más común.
Viajar en fechas clave: por qué la convivencia pesa más
En periodos como Navidad y fin de año, los desplazamientos aumentan y los viajes suelen ser más largos y complejos. El cansancio, las expectativas y la presión del tiempo intensifican las interacciones entre compañeros.
En estos escenarios, la elección de con quién se viaja se vuelve decisiva. No solo por razones prácticas, sino porque una mala convivencia puede transformar un trayecto esperado en una experiencia difícil de repetir. La ciencia del turismo busca explicar por qué algunos viajes se recuerdan con agrado y otros no.
El viaje como objeto de estudio científico
Durante décadas, la investigación turística se enfocó en destinos, flujos de visitantes y consumo. La convivencia entre viajeros quedó en segundo plano. Esto empezó a cambiar con el auge de plataformas digitales que conectan a personas interesadas en viajar al mismo lugar.
Estos viajes entre desconocidos generan relaciones breves e intensas, sin la confianza previa que existe entre amigos o familiares. Todo se pone a prueba desde el primer día. Por eso, resultan un escenario clave para observar dinámicas de cooperación, adaptación y toma de decisiones compartidas.
El estudio analiza experiencias reales narradas por viajeros y trata el viaje como una situación social acotada, útil para entender cómo se construye la convivencia en poco tiempo.
Cuatro atributos que definen a un buen compañero de viaje
A partir del análisis de más de mil publicaciones en plataformas sociales, los investigadores identificaron cuatro atributos recurrentes en la figura del compañero ideal. No son rasgos abstractos, sino cualidades prácticas.
El primero es la inteligencia emocional, entendida como la capacidad de manejar las propias emociones y comprender las de los demás. En situaciones de estrés, esta habilidad evita que los problemas se agraven.
El segundo es la experiencia de viaje. No se trata de acumular destinos, sino de saber planificar, orientarse y resolver imprevistos. Este conocimiento aporta seguridad al grupo.
El tercero es la congruencia, que no implica afinidad personal profunda. Se refiere a la compatibilidad en aspectos básicos como presupuesto, ritmos diarios y expectativas.
El cuarto atributo es la responsabilidad, entendida como el cumplimiento de acuerdos y la disposición a asumir tareas compartidas. Esto sostiene el funcionamiento del grupo.
Cómo estos atributos influyen en la experiencia compartida
El estudio señala que estos atributos no actúan de forma aislada. Su impacto se da a través del intercambio entre compañeros: información, recursos y apoyo emocional. Cuando una persona aporta algo útil, se activa la reciprocidad y se refuerza la cooperación.
La inteligencia emocional reduce tensiones. La experiencia de viaje funciona como un recurso práctico. La congruencia y la responsabilidad disminuyen conflictos. En conjunto, estos factores liberan energía para disfrutar el viaje y generan recuerdos más positivos.
Diferencias según la composición de género
La investigación también detectó variaciones según la composición de género del grupo. En grupos formados por personas del mismo sexo, la inteligencia emocional y la responsabilidad tienen mayor peso. La estabilidad y la fiabilidad se perciben como claves para convivir.
En grupos mixtos, destacan la experiencia y la congruencia. La coincidencia práctica y la complementariedad resultan más relevantes, ya que las expectativas de similitud suelen ser menores.
El estudio aclara que estas diferencias no se explican por factores biológicos, sino por construcciones sociales y normas culturales que influyen en la interpretación de las conductas.
Qué aporta este estudio a la forma en que viajamos hoy
La investigación deja una conclusión clara: elegir bien al compañero de viaje no significa buscar afinidad total, sino compatibilidad funcional. Esta idea resulta útil para viajeros y plataformas digitales que conectan a personas sin vínculos previos.
Para los viajeros, el hallazgo ayuda a reducir conflictos y a tomar decisiones más informadas. Para las plataformas, sugiere que no basta con coincidir en destino y fechas; las habilidades y expectativas también importan.
Aunque los autores reconocen límites culturales en el estudio, el mensaje central es claro: la experiencia del viaje se construye tanto en el trayecto como en la relación con quien acompaña. Elegir bien puede marcar la diferencia entre un buen recuerdo y una experiencia que no se desea repetir.
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