Por qué la natación en agua fría está ganando seguidores en el mundo
La natación en agua fría crece en distintos países y ya reúne a millones de personas que buscan bienestar físico y mental.

CIUDAD DE MÉXICO.- La natación en agua fría ha dejado de ser una práctica aislada. Cada vez más personas buscan esta experiencia, incluso cuando el termómetro marca alrededor de 10 grados. El primer contacto deja sin aliento, pero después de unos minutos el cuerpo parece adaptarse y muchos describen una sensación de bienestar que se mantiene durante el día.
En Inglaterra esta tendencia ya es masiva. Más de 6,8 millones de personas nadan de forma regular en ríos, lagos o piscinas descubiertas. Quienes la practican con frecuencia hablan de mejor ánimo y mayor energía, observaciones que ya cuentan con respaldo científico.
Un estudio de Swim England señala que la inmersión regular en agua fría puede reducir la fatiga, mejorar el sueño y disminuir síntomas de depresión. Esta información abrió nuevas líneas de investigación sobre los efectos físicos y mentales de esta práctica.
Qué dice la ciencia sobre el impacto en el cuerpo
La evidencia científica muestra que los beneficios no son imaginarios. Un estudio publicado en Lifestyle Medicine explica que incluso una sola inmersión de 20 minutos en agua a 13.6 °C puede disminuir el malestar emocional y aumentar el vigor y la autoestima.
El frío activa una “respuesta al choque” que libera adrenalina, dopamina y cortisol. Este proceso incrementa el estado de alerta, la energía y la tolerancia al dolor. Es un mecanismo similar a la euforia que sigue al ejercicio intenso. Para muchos nadadores esto se traduce en calma y claridad mental.
La exposición frecuente modifica esta respuesta. Un estudio realizado durante 12 semanas encontró que quienes nadaban en agua fría tres veces por semana liberaban menos cortisol con el tiempo. Reducir esta hormona se relaciona con menos inflamación y un envejecimiento más lento, lo que abre la puerta a posibles beneficios neuroprotectores.
Cómo influye en el bienestar emocional
Los efectos no se limitan a lo físico. Superar el miedo inicial y la incomodidad genera una sensación de dominio personal. Esta percepción de autoeficacia es un factor importante en la salud mental.
También influye la convivencia. Muchas personas forman comunidades alrededor de la natación en exteriores. Ese sentido de pertenencia suele ser un elemento que se busca en terapias para la depresión. Cuando esta actividad acompaña el tratamiento farmacológico, los avances pueden ser más notorios que con medicamentos por sí solos.
Una investigación incluida en la National Library of Medicine (NIH) refuerza esta idea. En un programa de cuatro meses, 36 participantes que nadaron en agua fría reportaron menos estrés, más vigor, mejor memoria y un ánimo más estable, en comparación con personas que solo hicieron ejercicio ocasional al aire libre.
Lo que ocurre en el cerebro después de un baño frío
Los científicos han comenzado a estudiar lo que pasa dentro del cerebro durante estas inmersiones. La investigadora Ala Yankouskaya, de la Universidad de Bournemouth, analizó la actividad cerebral de 33 personas antes y después de un baño de cinco minutos en agua a 20 °C.
El estudio mostró cambios en la conectividad entre la corteza prefrontal medial y el lóbulo parietal. Estas zonas están ligadas al control emocional, la atención y la toma de decisiones. Cuando su actividad está alterada, suele asociarse con depresión y ansiedad. Esto podría explicar por qué la natación en agua fría tiene efectos terapéuticos en algunas personas.
Los resultados recopilan una conclusión frecuente entre quienes ya practican esta actividad: “Después del agua fría, la mente se siente más clara”.
Riesgos reales y medidas de seguridad esenciales
Aunque los beneficios son llamativos, también existen riesgos. La exposición al frío sin preparación puede provocar hipotermia, inhalaciones bruscas peligrosas, complicaciones cardiovasculares y, en casos poco comunes, episodios de amnesia transitoria, sobre todo en personas mayores.
Por ello, autoridades y especialistas recomiendan medidas básicas:
- Nadar siempre acompañado.
- Usar flotadores visibles y gorros de colores.
- Evitar tiempos prolongados sin supervisión.
- Conocer señales de alarma como temblores intensos, confusión o dificultad para respirar.
Estas acciones permiten disfrutar la práctica de forma más segura.
El siguiente paso: combinar frío y calor
Otra línea de investigación estudia la alternancia entre agua fría y calor intenso, como el de las saunas. La combinación podría modificar ritmos de ondas cerebrales y potenciar beneficios para el bienestar mental. Aunque este campo aún se encuentra en fase inicial, representa un posible avance para quienes buscan métodos complementarios de autocuidado.
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