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Descansar sin culpa: por qué “no hacer nada” es una necesidad humana

La cultura de la productividad instaló la idea de que descansar es sinónimo de flojera, pero especialistas en psicología explican que las pausas son esenciales para la salud física, mental y emocional.

Descansar sin culpa: por qué “no hacer nada” es una necesidad humana

CIUDAD DE MÉXICO.- La vida cotidiana avanza marcada por la productividad. El descanso, aunque esencial, se volvió sospechoso. Quedarse quieto se interpreta como falta de ambición y hablar de ocio despierta incomodidad. En esta nota, especialistas explican por qué “no hacer nada” es una práctica de autocuidado que sostiene el equilibrio emocional, la claridad mental y el bienestar integral.

¿Por qué la cultura actual rechaza la inactividad?

La idea de mantenerse ocupado todo el tiempo se instaló como norma social. La doctora en Psicología Mariam Holmes lo resume así: “Vivimos en una cultura marcada por la productividad como valor moral. Parece que el tiempo solo tiene legitimidad si está ‘lleno’ con actividad visible”.

El temor a ser visto como poco ambicioso refuerza una “hiperexigencia sostenida” que deja poco espacio para el descanso. Para el psicólogo Flavio Calvo, “la inactividad queda mal asociada con vagancia o con falta de ambición”, lo que orienta el valor personal hacia el hacer y no hacia el ser.

La licenciada María Fernanda Giralt Font coincide y explica que muchas personas crecieron con la idea de que descansar es improductivo. Esta creencia puede generar presión constante y una sensación de obligación permanente.

¿Qué pasa en el cuerpo cuando no descansamos?

La ausencia de pausas tiene efectos claros. Holmes advierte sobre “mayor activación fisiológica, incremento del cortisol, alteraciones en el sueño, fatiga atencional y un progresivo empobrecimiento del sentido de vida”. Mantenerse activo de manera continua puede hacer que la vida se vuelva automática y desconectada.

Calvo explica que cuando no se descansa, el sistema nervioso no entra en modo recuperación. Eso dispara ansiedad, tensión muscular, problemas de concentración y agotamiento emocional.

Desde el enfoque neurocientífico, Giralt Font detalla que la falta de pausas afecta la inmunidad y eleva el riesgo de enfermedades. El estrés crónico abre la puerta al burnout y deteriora el bienestar emocional.

¿Descansar mejora la creatividad y la concentración?

Para los especialistas, el descanso es una herramienta y no un capricho. Holmes afirma que es “condición para que el organismo y la conciencia se regulen”. Volver a la quietud no implica renunciar a la actividad, sino recuperar el eje interno.

Calvo señala que “el descanso no es lo opuesto a la productividad: al contrario, es lo que la hace posible”. Las pausas oxigenan la mente y permiten una mejor regulación emocional.

Giralt Font agrega que el cerebro nunca descansa del todo: “consolida memorias, repara conexiones, baja el cortisol y reorganiza información”. Ese proceso activa la red por defecto, que impulsa la creatividad y la claridad mental.

¿Por qué sentimos culpa al descansar?

La culpa suele surgir de ideas aprendidas. Holmes lo explica así: “La culpa aparece porque hemos internalizado la idea de que siempre podríamos estar haciendo más”. Esta emoción no es ética ni racional; es un reflejo cultural que se puede transformar.

Calvo coincide: descansar parece “no aprovechar el tiempo”, y eso activa la culpa. Para desactivarla, propone practicar el descanso de manera intencional y asumir que cuidarse no es egoísmo.

Giralt Font sugiere cuestionar pensamientos automáticos como “si descanso, me atraso” y reemplazarlos por otros más realistas, como “descansar es una parte esencial del autocuidado”. Convertir el descanso en una práctica programada ayuda a reducir la sensación de improductividad.

¿Cómo saber si mi cuerpo necesita una pausa?

El cuerpo avisa, incluso cuando no lo escuchamos. Holmes señala que “el cuerpo siempre habla, pero vivimos ensordecidos”. Entre las señales más comunes están: tensión muscular, irritabilidad, niebla mental y sensación de desconexión.

Calvo menciona otros síntomas, como dolores de cabeza, cansancio profundo, problemas digestivos y caída de la concentración. No deben interpretarse como fallas personales, sino como advertencias.

Giralt Font propone entrenar la interocepción, la capacidad de percibir las necesidades del cuerpo, mediante chequeos breves, registro de estados de ánimo y notas personales sobre patrones de estrés.

¿Qué hábitos sencillos ayudan a descansar mejor?

Los especialistas coinciden en que no se necesitan cambios drásticos. Se trata de ajustes pequeños, sostenidos y realistas.

Holmes sugiere pausas somáticas, atención plena al cuerpo y actos simples de autocuidado. Recomienda iniciar con descansos breves y poner en palabras el malestar para reconocerlo.

Calvo aconseja interrupciones periódicas en la rutina, como levantarse unos minutos, respirar, estirarse o cambiar de ambiente. También destaca la importancia de establecer límites y dejar “espacios en blanco” sin tareas asignadas.

Giralt Font recomienda escaneo corporal, respiración profunda, priorizar el sueño y organizar el día en bloques de trabajo. Sugiere relacionar el descanso con valores personales, como estar más presente con la familia o mejorar el rendimiento laboral.

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En palabras de Holmes: “El equilibrio no es un estado final, sino un modo de estar”. La acción con sentido nace de la claridad interior y no de la agitación.

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