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Esta molécula explica por qué el ejercicio puede retrasar el envejecimiento

El ejercicio activa una molécula llamada betaína, presente en alimentos como la remolacha y la espinaca, que ayuda a frenar el envejecimiento.

Esta molécula explica por qué el ejercicio puede retrasar el envejecimiento

CIUDAD DE MÉXICO.- Un grupo de científicos en China identificó una molécula que ayuda a explicar por qué el ejercicio protege al cuerpo del envejecimiento. La investigación fue publicada en la revista Cell y señala que la betaína, presente en alimentos como la remolacha y la espinaca, aumenta en el organismo cuando existe actividad física regular.

Los investigadores observaron que este incremento se relaciona con una ralentización de los procesos de envejecimiento celular. Con esto, la ciencia suma una pieza clave para entender por qué moverse con constancia beneficia al organismo más allá de la fuerza y el estado de ánimo.

Qué es la betaína y por qué importa

El estudio fue liderado por especialistas del Hospital Xuanwu, la Universidad Médica Capital y la Academia China de Ciencias. Ellos analizaron cómo la betaína participa en los cambios que provoca la actividad física dentro del cuerpo. Su trabajo señala que esta molécula funciona como mediadora en los efectos protectores del ejercicio y que podría ser utilizada como base para futuros tratamientos.

La posibilidad de desarrollar fármacos inspirados en la betaína abriría alternativas para personas que no pueden realizar ejercicio constante. De acuerdo con el equipo, comprender este mecanismo permite pensar en nuevas estrategias para retrasar el envejecimiento y reducir riesgos asociados a la edad.

Cómo investigaron los científicos el impacto del ejercicio

El enfoque molecular de la investigación

Uno de los grandes retos de la ciencia era identificar qué ocurre a nivel interno cuando una persona se ejercita de forma regular. Para avanzar en esa respuesta, los especialistas utilizaron herramientas que permiten analizar genes, proteínas, el sistema inmune y pequeñas moléculas como la betaína de forma simultánea.

El objetivo central fue decodificar qué procesos celulares hacen que el esfuerzo sostenido influya en la salud y en la longevidad. De esta forma, el equipo buscó construir un “mapa” que explique cómo el ejercicio actúa como una especie de “medicina natural”.

Los voluntarios y lo que reveló su constancia

Los investigadores trabajaron con 13 adultos sanos. Primero evaluaron lo que sucedía en sus cuerpos tras trotar 5 kilómetros. Después, midieron los cambios que aparecieron luego de un mes de ejercicio constante.

El análisis mostró dos tipos de respuestas. La primera fue un estrés fisiológico inmediato, resultado de la sesión de actividad física. La segunda apareció con la constancia: menor envejecimiento celular, menos daño en las células y mejoras en la flora intestinal y en el sistema inmune.

La función de la betaína dentro del cuerpo

Un aumento que activa un efecto protector

Uno de los hallazgos más llamativos fue que los riñones empezaron a producir “mucho más betaína” después de un mes de ejercicio regular. Esa elevación bloqueó una enzima llamada TBK1, que está asociada con inflamación y envejecimiento.

Los estudios con ratones confirmaron esta función. Los animales con mayores niveles de betaína mostraron menos acumulación de grasa en el hígado, un problema frecuente con la edad o con el sedentarismo.

Sincronización entre órganos y envejecimiento más lento

Además, los investigadores vieron una mejor coordinación entre distintos órganos. Esta sincronización se asoció a la acción de la betaína y a sus efectos para frenar ciertos deterioros biológicos. Según los autores, la sustancia logró imitar algunos de los beneficios del ejercicio, sobre todo en la ralentización del envejecimiento.

“Nuestro estudio delineó el mapa molecular mediante el cual el ejercicio transforma la fisiología humana, proporcionando ideas mecanicistas sobre sus beneficios para la salud”, explicaron los científicos.

Qué significa este hallazgo para el futuro

Una posible base para nuevos tratamientos

El estudio plantea que entender la función de la betaína podría ayudar a desarrollar tratamientos basados en sus efectos. Estos fármacos serían útiles para adultos mayores o personas que no pueden realizar actividad física intensa.

Sin embargo, los expertos aclaran que este avance no sustituye los beneficios que solo el movimiento puede brindar. La investigación se realizó con una muestra pequeña y por un tiempo limitado. Aun así, ofrece una base importante para estudios futuros.

La clave sigue siendo la constancia

Los especialistas insisten en que los cambios positivos no surgen de una sola sesión. Se observan únicamente cuando existe regularidad. Por eso recuerdan que, aunque este descubrimiento acerca la idea de una “píldora del ejercicio”, no existe un reemplazo real para la actividad física.

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El hallazgo confirma que los beneficios del ejercicio nacen de transformaciones internas reales y medibles. Comprenderlas permite avanzar hacia nuevas herramientas que acompañen a las personas en el camino hacia un envejecimiento saludable.

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