¿Cómo lidiar con la inflamación crónica y cuáles son sus posibles causas? Según expertos
La inflamación es indispensable para la defensa y reparación del cuerpo, pero su persistencia puede ser dañina.

Inflamación: defensa natural del cuerpo
El enrojecimiento, la hinchazón y el dolor tras una lesión o infección son señales de un proceso vital para la supervivencia: la inflamación. Este mecanismo permite al cuerpo defenderse y reparar tejidos dañados. Sin embargo, cuando se prolonga más de lo necesario, puede convertirse en un enemigo silencioso para la salud.
Según Harvard Health Publishing, la inflamación crónica, a diferencia de la aguda, se asocia con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otros trastornos graves. Esto subraya la importancia de entender sus causas y aprender a controlarla.
La inflamación aguda actúa como un ejército de células y proteínas que detecta amenazas y repara daños. Ante cortes, torceduras o picaduras, el cuerpo envía glóbulos blancos al área afectada, generando calor, dolor, enrojecimiento e hinchazón. Este proceso suele resolverse en horas o días, restaurando el equilibrio de los tejidos.
Inflamación silenciosa y crónica
No toda inflamación es visible. Durante infecciones como la gripe o la neumonía, el sistema inmunológico combate microorganismos sin manifestaciones externas evidentes. Sin estas defensas, incluso una herida menor podría volverse peligrosa.
La inflamación crónica aparece cuando el organismo no elimina la causa inicial, como una infección persistente, un irritante o toxina. En otros casos, el sistema inmunológico permanece activo sin amenazas reales, dañando tejidos sanos. Factores como tabaquismo, dieta poco saludable, exceso de alcohol, inactividad física, estrés y aumento de peso son desencadenantes frecuentes.
Además, enfermedades autoinmunes como diabetes tipo 1, artritis reumatoide, lupus, psoriasis, enfermedad inflamatoria intestinal y esclerosis múltiple producen inflamación crónica. Según Harvard Health Publishing, esta condición de bajo grado se relaciona con las principales causas de muerte: enfermedades cardiovasculares, cáncer y diabetes tipo 2, así como con Alzheimer, alergias, asma, artritis, ansiedad, depresión y problemas cutáneos.
Consecuencias en órganos y articulaciones
En el corazón, la inflamación favorece la formación y ruptura de placas de colesterol en las arterias, aumentando el riesgo de infarto. En el cerebro, contribuye al daño cognitivo y la acumulación de proteínas asociadas al Alzheimer. En las articulaciones, genera dolor, hinchazón y lesiones estructurales, como ocurre en la artritis inflamatoria.
El hígado también puede verse afectado. La esteatohepatitis no alcohólica, una forma grave de hígado graso, implica inflamación que puede evolucionar hacia cirrosis y aumentar el riesgo de cáncer hepático. Por ello, entender los factores que desencadenan la inflamación crónica resulta esencial para prevenir complicaciones a largo plazo.
Alimentación y hábitos antiinflamatorios
La alimentación tiene un impacto importante en el control de la inflamación. Dietas ricas en carnes procesadas, carbohidratos refinados, ultraprocesados y bebidas azucaradas incrementan la inflamación y el riesgo de enfermedades crónicas. Por el contrario, una dieta basada en alimentos frescos ayuda a reducirla.
Se recomienda consumir tomates, aceite de oliva, verduras de hoja verde, frutos secos, pescados grasos, cereales integrales y frutas como fresas, arándanos y naranjas, ricos en compuestos antiinflamatorios y antioxidantes como carotenoides, polifenoles y ácidos grasos omega-3. Patrones alimenticios como la dieta mediterránea facilitan incluir estos productos y limitar los que empeoran la inflamación.
Más allá de la dieta, el ejercicio físico regular y el manejo del estrés son clave para prevenir la inflamación crónica. La actividad moderada ayuda a controlar el peso y los niveles de proteínas inflamatorias, mientras que técnicas como yoga, respiración profunda y meditación favorecen la relajación del sistema nervioso.
Medicamentos y control profesional
En algunos casos, los medicamentos antiinflamatorios, como corticosteroides y antiinflamatorios no esteroideos (ibuprofeno, naproxeno), pueden ser útiles bajo supervisión médica. No obstante, su uso prolongado puede generar efectos secundarios.
El control de la inflamación crónica requiere un enfoque integral que combine alimentación, ejercicio, manejo del estrés y, cuando sea necesario, tratamiento médico. Adoptar hábitos saludables y modificar el estilo de vida ofrece alternativas sólidas para proteger la salud a largo plazo.
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