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Rememorando a Sylvia Plath

El 11 de febrero, marcamos el aniversario luctuoso de una de las figuras literarias más influyentes del siglo XX, Sylvia Plath.

Sylvia Plath.

Me encuentro absolutamente colmada cuando he escrito un poema.

—  Sylvia Plath

REINO UNIDO.- Hoy, 11 de febrero, marcamos el aniversario luctuoso de una de las figuras literarias más influyentes del siglo XX, Sylvia Plath. Conocida por su poesía intensamente introspectiva y su novela semi-autobiográfica “La campana de cristal”, Plath dejó una huella imborrable en el mundo de la literatura antes de su trágica muerte en 1963.

Plath nació el 27 de octubre de 1932 en Boston, Massachusetts, y desde temprana edad demostró un talento excepcional para la escritura. Su poesía, que abordaba temas como la depresión, la identidad femenina y la lucha por el control, resonó profundamente en una generación que buscaba comprender y expresar sus propias luchas internas.

“La campana de cristal”, publicada poco después de su muerte, se convirtió en un texto fundamental en la literatura feminista, explorando la presión social sobre las mujeres para conformarse a roles predefinidos y las consecuencias devastadoras de la represión emocional.

A pesar de su corta vida, Plath dejó un legado duradero. Su poesía sigue siendo ampliamente leída y estudiada en todo el mundo, y su influencia se extiende a través de generaciones de escritores que encuentran inspiración en su franqueza y su capacidad para capturar la complejidad de la experiencia humana.

Desde su infancia, demostró una personalidad insegura, influenciada por la autoridad de su padre, pero destacaba por su brillantez mental, tanto que a la temprana edad de ocho años publicó su primer poema.

Su obra, en gran medida autobiográfica, se erige como un canal para expresar su angustia psicológica, posiblemente derivada de su tumultuoso matrimonio con el poeta Ted Hughes y las relaciones problemáticas con sus padres. Entre sus obras más reconocidas se encuentran “El coloso”, su primer poemario, y “Ariel”. Sin embargo, su pieza más emblemática y única novela, “La campana de cristal”, fue revelada al público apenas un mes antes de su fallecimiento.

Sylvia Plath se convirtió en la primera poetisa en recibir, de manera póstuma, el premio Pulitzer en 1982. Después de una prolongada batalla con la depresión, decidió quitarse la vida el 11 de febrero de 1963 en Londres, utilizando el gas del horno para lograrlo.

Referencia a Sylvia Plath en la película "10 cosas que odio de ti".

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Un poema para recordar a Sylvia Plath

CARTA DE AMOR

No es fácil explicar este cambio tuyo.

Ahora estoy viva, sí, pero por entonces estaba muerta.

Aunque me mostrara indiferente como una piedra

y siguiera allí clavada por pura rutina.

No conseguiste moverme ni un centímetro con el pie, no,

ni me dejaste volver a fijar mis pequeños ojos sin párpados

en el cielo, aun sin tener la menor esperanza

de aprehender el azul o las estrellas, por supuesto.

Pero la cuestión era otra. Digamos que me dormí —una serpiente

camuflada entre rocas negras, como una roca negra

en el hiato del invierno—,

igual que mis vecinos, sin hallar placer

en el millón de mejillas perfectamente cinceladas

que ardían a cada momento para fundir

mi mejilla de basalto. Después se volvieron lágrimas,

ángeles llorando sobre naturalezas apagadas,

pero no me convencieron. Aquellas se helaron.

Cada cabeza muerta tenía un yelmo de hielo.

Y seguí durmiendo, como un dedo doblado.

Lo primero que vi fue un aire diáfano,

y las gotas encerradas elevándose en un rocío

límpido como los espíritus. Había muchas piedras

alrededor, yaciendo opacas e inexpresivas.

No sabía qué hacer con todo aquello.

Brillaba cubierta de escamas de mica y abierta

para derramarme como un fluido

entre las patas de los pájaros y los tallos de las plantas.

No conseguiste engañarme. Te reconocí enseguida.

El árbol y la piedra resplandecían, sin sombras.

Mis dedos se alargaron, translúcidos como el cristal.

Empecé a brotar como una rama en marzo:

un brazo y una pierna, un brazo y una pierna.

Y así ascendí, de piedra a nube.

Ahora parezco una suerte de dios.

Flotando en el aire, con mi ropaje de alma

pura como una lámina de hielo. Y eso es un don.