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Un mundo sin sonrisas en la era del coronavirus

El uso de barbijos para combatir el coronavirus Covid-19 ha eliminado prácticamente las expresiones faciales de los contactos humanos.

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Por AP

Un empleado de un supermercado le toma la temperatura a los clientes en Ankara, Turquía(AP)

Un empleado de un supermercado le toma la temperatura a los clientes en Ankara, Turquía | AP

PITTSBURGH,  Pensilvania

Los sábados por la tarde los negocios del Strip District de Pittsburgh habitualmente se llenan de compradores. Gente que recorre la Avenida Penn, visitando tiendas de comestibles, carnicerías, pescaderías y el mercado italiano, sonrientes y llenos de vida.

Eso no se vio este fin de semana. Afuera de los negocios había largas colas de personas que conservaban cierta distancia entre sí, nadie conversaba, reinaba un ambiente de incertidumbre e incomodidad, las expresiones faciales... en realidad, no había expresiones faciales. Lo mismo sucede en todo el mundo.

Dicen que si sonríes, el mundo te sonreirá a ti. No si luces un tapabocas. El mundo no puede ver su sonrisa ni te la puede devolver.

El uso de barbijos para combatir el coronavirus Covid-19 ha eliminado prácticamente las expresiones faciales de los contactos humanos.

Desaparecen pistas visuales que la gente usa desde siempre para comunicarse, entenderse y negociar espacios en áreas públicas, para encontrar denominadores comunes.

“Nuestras mentes iluminan los rostros como las mariposas las flores, nos ofrecen información invaluable”, escribió Daniel McNeill en “The Face” (El rostro), su libro de 1998 sobre la importancia de la cara en la historia de la humanidad.

Un inventario parcial de la información que se pierde cuando se usan barbijos: Sonrisas. Movimientos de los labios. Muecas. Pequeños gestos que denotan aprobación o desaprobación. Son gestos reflejo que se combinan con expresiones en los ojos para decir “tranquilo, no pasó nada” o “ya basta”.

“No solo te tapas la boca. Tapas algo más. Se levanta una barrera que obstruye las comunicaciones. ¿Está sonriendo? ¿Hizo una mueca sarcástica? ¿Se alegra de verme? No puedo darme cuenta”, comenta Christie Cawley, consultora de temas económicos de tHRive, que asesora a organizaciones sin fines de lucro.

“Con los tapabocas la gente hace solo contacto visual, no sabes si te reciben bien o no”, dijo Cawley. “La mitad inferior de la cara es un canal de comunicaciones que desaparece en buena medida”.

El uso de tapabocas genera situaciones desconcertantes. Cuando alguien se te acerca, desaparecen una cantidad de pistas visuales. Es como si el otro fuese un astronauta o un buzo, con cascos que impiden ver sus rostros.

“Distintos tipos de sonrisas generan sensaciones de calidez, competencia, confianza, atractivo, etc”, dice Fan Liu, profesora adjunta de márketing de la Universidad Adelphi que estudia las comunicaciones no verbales. “Estas percepciones y características influyen mucho en nuestra vida social”.

Los gestos no verbales, señala, desempeñan un papel importante en las comunicaciones del que tal vez no estemos conscientes. “Cuando te los quitan, la gente se enfoca más en el resultado que en el proceso”, dice Liu, y se pueden perder algunos aspectos del trato entre humanos.

El rostro es una especie de portón de lo que somos, resume nuestra humanidad y nuestra individualidad. Toda la información que genera no está disponible en estos momentos.

No solo eso. Las máscaras generalmente se asocian con algo escondido y perverso. Con personas que no quieren ser identificadas.

Esa percepción puede ser activada incluso cuando hay razones más que legítimas para cubrirse el rostro.

Leah Lizarondo, cofundadora y CEO de 412 Food Rescue en Pittsburgh, dice que al repartir comida a los necesitados su gente no puede transmitir solidaridad al tener el rostro cubierto. Se pierde un poco la humanidad del gesto.

“Hay algo medio surrealista cuando no se puede sonreír al lidiar con otra persona. Es todo lo contrario de lo que quieres transmitir. No quieres que sea algo interesado. Quieres entablar una relación”, dijo Lizarondo.

¿Hay formas de compensar la pérdida de todas estas expresiones?

“Lo importante es no depender de un solo elemento visual. Una ceja fruncida puede indicar que una persona está enojada, confundida, que extraña sus gafas o que es bizca”, señaló Mary Inman, profesora de psicología del Hope College de Michigan.

“Tenemos que tomarnos nuestro tiempo y pedir aclaraciones”, según Inman, quien estudia las percepciones de la discriminación de la gente. “Va a demorar un poco la comunicación, pero eso puede ser algo positivo”.

Una cosa es segura: Mientras sigamos usando barbijos, los contactos con otras personas van a ser incómodos. Al menos todavía tenemos los ojos. Se dice que son el espejo del alma. Hasta cierto punto.

“El rostro es el centro de todo. Y ahora no está disponible. Esto va a generar un distanciamiento entre la gente”, afirma Dan Everett, profesor de lingüística y de sociología en el Bentley College de Massachusestts. “Somos como perros sin la cola”.

Foto: AP
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