Aprender piano, guitarra o violín modifica el cerebro, pero no aumenta automáticamente la inteligencia: la ciencia explica qué cambia en el cerebro y qué beneficios sí están comprobados
Tocar un instrumento obliga al cerebro a coordinar oído, movimiento, memoria y atención al mismo tiempo. La ciencia ha detectado cambios cerebrales y mejoras en algunas habilidades específicas, pero no existe evidencia suficiente para afirmar que tocar un instrumento aumente de forma general la inteligencia.
Aprender a tocar piano, guitarra, violín, batería o cualquier otro instrumento exige mucho más que memorizar notas. El cerebro debe escuchar, anticipar sonidos, ejecutar movimientos precisos, corregir errores, mantener el ritmo y, en muchos casos, leer una partitura al mismo tiempo.
Por esa combinación de tareas, desde hace décadas los científicos estudian si la educación musical puede producir beneficios que vayan más allá de aprender música. Una de las preguntas más frecuentes es si tocar un instrumento puede volver a una persona más inteligente.
La respuesta no es un simple sí o no.
Algunas investigaciones han encontrado pequeñas mejoras en pruebas cognitivas después del entrenamiento musical. Sin embargo, estudios posteriores y metaanálisis con miles de participantes han mostrado que esas mejoras no equivalen necesariamente a un aumento general de la inteligencia.
Lo que sí cuenta con mayor respaldo es que aprender música puede producir neuroplasticidad, es decir, cambios en la forma en que el cerebro procesa sonidos, coordina movimientos y desarrolla determinadas habilidades relacionadas con la atención, el control cognitivo y la percepción auditiva.
¿Tocar un instrumento realmente aumenta el coeficiente intelectual?
Uno de los estudios que más impulsó esta idea fue publicado en 2004 por el psicólogo E. Glenn Schellenberg en la revista Psychological Science.
El investigador trabajó con 144 niños, quienes fueron asignados a diferentes actividades. Algunos recibieron clases de piano, otros entrenamiento vocal mediante el método Kodály, mientras que los grupos de comparación asistieron a clases de teatro o no participaron en una actividad similar.
Antes y después del periodo de entrenamiento, los menores realizaron pruebas de inteligencia.
Los resultados mostraron que los niños que recibieron educación musical tuvieron un incremento ligeramente mayor en las puntuaciones de coeficiente intelectual en comparación con los grupos de control.
Sin embargo, el propio estudio señaló que el efecto era pequeño. La investigación no demostraba que estudiar música produjera un gran incremento intelectual, pero sí abrió una línea de estudio sobre los posibles efectos cognitivos del entrenamiento musical, de acuerdo con el trabajo publicado en Psychological Science.
¿Por qué ya no se afirma simplemente que la música hace más inteligente?
El problema principal es distinguir si las diferencias observadas son consecuencia directa de estudiar música o si intervienen otros factores.
Por ejemplo, los niños que reciben clases de música pueden tener diferencias previas en aspectos como:
- Nivel educativo de la familia.
- Acceso a actividades extracurriculares.
- Situación socioeconómica.
- Motivación.
- Disciplina.
- Rendimiento académico previo.
- Apoyo familiar.
También importa con qué grupo se compara a quienes estudian música.
No es lo mismo comparar a un niño que toma clases de piano con otro que no realiza ninguna actividad adicional, que compararlo con un menor que dedica el mismo tiempo a teatro, deportes, idiomas u otra actividad estructurada.
Para analizar este problema, los investigadores Giovanni Sala y Fernand Gobet publicaron en 2020 un metaanálisis en Memory & Cognition que reunió 54 estudios, 254 tamaños de efecto y 6 mil 984 participantes.
Los autores encontraron que, cuando se consideraban los estudios con mejores controles metodológicos, el efecto del entrenamiento musical sobre las capacidades cognitivas generales y el desempeño académico era prácticamente nulo.
Los aparentes beneficios eran mayores principalmente en investigaciones donde los alumnos de música se comparaban con grupos que no recibían ninguna actividad alternativa.
La conclusión del metaanálisis fue que la evidencia disponible no permite asegurar que aprender música produzca una mejora general de la inteligencia.
Entonces, ¿qué sí cambia en el cerebro cuando aprendes música?
Aquí la evidencia es mucho más clara.
Tocar un instrumento combina de manera simultánea procesos:
- Auditivos.
- Motores.
- Visuales.
- Atencionales.
- Cognitivos.
El músico escucha un sonido, anticipa cuál debería producir, realiza un movimiento determinado y después utiliza nuevamente el oído para comprobar si el resultado fue correcto.
Todo esto ocurre en cuestión de segundos.
Una investigación encabezada por Krista Hyde y publicada en The Journal of Neuroscience estudió qué ocurría en el cerebro de niños que comenzaban entrenamiento instrumental.
Después de 15 meses de práctica musical, los investigadores detectaron cambios estructurales en determinadas regiones cerebrales relacionadas con funciones motoras y auditivas.
También observaron modificaciones en áreas vinculadas con la coordinación de movimientos y en el cuerpo calloso, estructura que permite la comunicación entre los dos hemisferios cerebrales.
Los cambios estuvieron relacionados principalmente con mejoras en habilidades motoras y auditivas directamente vinculadas con el aprendizaje musical.
Este fenómeno se conoce como neuroplasticidad.
Es la capacidad del cerebro para reorganizarse y adaptarse como respuesta a la práctica, el aprendizaje y la experiencia.
¿Que el cerebro cambie significa que la persona se volvió más inteligente?
No necesariamente.
Este es uno de los puntos más importantes para entender la investigación sobre música y cerebro.
El hecho de que una actividad produzca cambios cerebrales no significa automáticamente que aumente la inteligencia general.
El cerebro también cambia cuando una persona aprende un idioma, practica un deporte, adquiere habilidades profesionales o desarrolla una actividad motora compleja.
En el caso de la música, una parte importante de los cambios observados está directamente relacionada con las capacidades necesarias para tocar.
Por ejemplo, practicar repetidamente movimientos independientes de los dedos puede mejorar determinadas habilidades motoras. Aprender a distinguir pequeñas diferencias entre sonidos también puede modificar el procesamiento auditivo.
Eso representa aprendizaje y adaptación cerebral, pero no necesariamente un aumento general de la capacidad intelectual.
¿La música puede mejorar la atención y el autocontrol?
Una de las áreas donde la investigación ha encontrado resultados interesantes es la de las llamadas funciones ejecutivas.
Estas funciones permiten organizar la conducta para alcanzar un objetivo.
Incluyen capacidades como:
- Control inhibitorio.
- Memoria de trabajo.
- Flexibilidad cognitiva.
- Capacidad para cambiar entre tareas.
- Regulación de la atención.
Un metaanálisis publicado en 2024 analizó estudios longitudinales sobre entrenamiento musical y control inhibitorio en niños.
Los investigadores encontraron mejoras en esta capacidad entre los menores que recibieron entrenamiento musical, aunque la magnitud del efecto variaba dependiendo del diseño de cada investigación.
El control inhibitorio permite, por ejemplo, evitar una respuesta automática para ejecutar otra más adecuada.
Esta habilidad aparece constantemente al tocar un instrumento.
Un pianista debe mover determinados dedos mientras mantiene otros quietos. Un baterista necesita ejecutar patrones diferentes con brazos y piernas. Un violinista debe controlar con precisión la posición de los dedos mientras coordina el movimiento del arco.
Sin embargo, los investigadores advierten que practicar estas habilidades no significa necesariamente que la mejora se transfiera de la misma manera a todos los ámbitos de la vida.
¿Qué ocurre con la memoria de trabajo?
La memoria de trabajo permite mantener temporalmente información en la mente mientras se utiliza para completar otra tarea.
En música es fundamental.
Un intérprete puede necesitar recordar lo que acaba de tocar mientras anticipa el siguiente compás, sigue el ritmo y ejecuta movimientos precisos.
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Frontiers in Psychology analizó estudios realizados con niños de entre 3 y 6 años.
Los autores encontraron efectos positivos del entrenamiento musical sobre algunas funciones ejecutivas, entre ellas:
- Memoria de trabajo.
- Control inhibitorio.
- Flexibilidad cognitiva.
En el caso de la memoria de trabajo, el efecto encontrado fue pequeño a moderado.
Para la flexibilidad cognitiva, que permite cambiar entre reglas, tareas o estrategias, los resultados fueron más modestos.
Los propios investigadores señalaron que algunos estudios incluidos presentaban limitaciones metodológicas, por lo que estos resultados no deben interpretarse como una prueba de que la música mejora automáticamente todas las capacidades mentales.
¿El oído también cambia cuando una persona estudia música?
Esta es una de las áreas donde la relación entre entrenamiento y resultado es más directa.
Quien aprende música debe detectar diferencias muy pequeñas en:
- Tono.
- Ritmo.
- Duración.
- Intensidad.
- Afinación.
- Timbre.
Una investigación longitudinal encabezada por Assal Habibi encontró que niños que participaron en entrenamiento musical mostraron señales de un desarrollo más rápido de determinados procesos auditivos.
Otro estudio longitudinal observó que dos años de entrenamiento musical grupal se asociaron con mejoras en la capacidad para comprender el habla cuando existe ruido de fondo.
Esto tiene una explicación lógica desde el punto de vista del aprendizaje.
El músico entrena constantemente al cerebro para separar sonidos importantes de otros estímulos, detectar pequeñas variaciones y prestar atención a información auditiva específica.
En este caso, los efectos se encuentran muy relacionados con aquello que realmente se practica.
¿Por qué importa la diferencia entre transferencia cercana y transferencia lejana?
La investigación sobre entrenamiento musical utiliza dos conceptos fundamentales: transferencia cercana y transferencia lejana.
La transferencia cercana ocurre cuando una habilidad adquirida durante el entrenamiento mejora otra tarea muy parecida.
Por ejemplo, practicar música puede mejorar:
- Precisión motora.
- Discriminación auditiva.
- Sincronización.
- Coordinación entre manos.
- Percepción del ritmo.
Son capacidades directamente utilizadas durante la práctica musical.
La transferencia lejana ocurre cuando el aprendizaje produce mejoras en capacidades muy distintas de aquello que se practicó.
Por ejemplo, afirmar que estudiar piano mejorará automáticamente las matemáticas, el razonamiento abstracto o el coeficiente intelectual implicaría una transferencia lejana.
Precisamente aquí es donde la evidencia científica resulta mucho más débil.
El metaanálisis de Sala y Gobet concluyó que los efectos sobre habilidades cognitivas alejadas del entrenamiento musical disminuyen o desaparecen cuando se utilizan controles experimentales más rigurosos.
¿Aprender música puede ayudar a los niños en la escuela?
La relación entre música y rendimiento académico también debe interpretarse con cautela.
Diversos estudios observacionales han encontrado que los niños y adolescentes que estudian música suelen obtener mejores resultados académicos.
Sin embargo, eso no demuestra necesariamente que la música sea la causa.
Los estudiantes que reciben educación musical pueden presentar diferencias previas en disciplina, entorno familiar, recursos educativos o motivación.
Cuando los investigadores intentan controlar estos factores mediante estudios experimentales, el efecto de la música sobre el rendimiento académico general suele reducirse considerablemente.
Por eso, actualmente no existe evidencia suficientemente sólida para asegurar que inscribir a un niño en clases de piano vaya a mejorar automáticamente sus calificaciones en matemáticas, ciencias o lectura.
¿Aprender un instrumento también puede beneficiar a los adultos mayores?
Los efectos del entrenamiento musical no se estudian únicamente en niños.
Una revisión y metaanálisis publicada en 2024 en Brain and Cognition analizó investigaciones sobre aprendizaje instrumental en adultos mayores sanos.
Los resultados encontraron efectos favorables en algunas capacidades específicas, entre ellas:
- Inhibición atencional.
- Velocidad de procesamiento.
- Capacidad para cambiar entre tareas.
Sin embargo, no se encontraron mejoras estadísticamente significativas en otras áreas como:
- Memoria de trabajo.
- Memoria verbal.
- Atención visual selectiva.
Esta diferencia refuerza la idea de que no existe un único “beneficio cerebral” de aprender música.
Algunas capacidades pueden responder al entrenamiento mientras otras muestran cambios mínimos o ningún efecto detectable.
¿Hay un instrumento que haga más inteligente que los demás?
Hasta ahora, la evidencia científica no permite afirmar que piano, guitarra, violín, batería, saxofón u otro instrumento aumente más la inteligencia que los demás.
Cada uno presenta exigencias diferentes.
El piano requiere coordinar ambas manos y movimientos independientes de varios dedos.
La batería exige sincronizar manos y pies mientras se mantienen diferentes patrones rítmicos.
El violín necesita una gran precisión motora y una coordinación constante entre la mano que controla las notas y el brazo que mueve el arco.
La guitarra obliga a realizar acciones completamente diferentes con cada mano.
Los instrumentos de viento combinan movimientos de dedos con regulación de la respiración y del flujo de aire.
Estas diferencias pueden producir adaptaciones específicas relacionadas con la manera en que se practica cada instrumento, pero eso no significa que uno de ellos produzca una mayor inteligencia general.
¿Cuánto tiempo hay que tocar para que el cerebro cambie?
No existe una cantidad universal de horas que garantice determinado efecto.
Las investigaciones disponibles utilizan programas de entrenamiento muy diferentes.
Algunos estudios siguen a participantes durante meses y otros durante años. También existen variaciones en:
- Número de sesiones por semana.
- Duración de cada práctica.
- Edad de inicio.
- Tipo de instrumento.
- Enseñanza individual o grupal.
- Experiencia previa.
- Intensidad del entrenamiento.
El estudio de Hyde y colaboradores encontró cambios cerebrales después de 15 meses de entrenamiento instrumental en niños, pero eso no significa que ese periodo funcione como una cifra exacta aplicable a todas las personas.
La neuroplasticidad depende de múltiples factores y ocurre como consecuencia de la práctica sostenida y del aprendizaje.
¿Entonces tocar un instrumento te hace más inteligente?
La respuesta más precisa que permite dar actualmente la ciencia es: no está demostrado que tocar un instrumento aumente de manera general la inteligencia.
Algunos estudios han encontrado pequeñas mejoras en determinadas pruebas cognitivas, pero los metaanálisis más rigurosos indican que gran parte de esos efectos disminuye cuando se controlan otros factores.
Eso no significa que aprender música no tenga efectos importantes.
La evidencia sí muestra que el entrenamiento musical constituye una actividad compleja que puede producir cambios cerebrales y mejoras específicas en procesos auditivos, coordinación motora, sincronización y determinadas funciones ejecutivas.
La diferencia es fundamental.
Aprender música no parece funcionar como un método para elevar automáticamente el coeficiente intelectual. Es, en cambio, una forma de entrenamiento intensivo que obliga al cerebro a escuchar, anticipar, recordar, coordinar movimientos y corregir errores de manera simultánea.
Ese proceso, sostenido durante meses o años, es precisamente el que permite al cerebro adaptarse y especializarse.
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