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Crianza submarina: vino con sabor a mar

Esta innovadora propuesta recorre Sonora desde la sierra hasta el océano

Crianza submarina: vino con sabor a mar

La innovación y el cuidado del medio ambiente se unen en una propuesta que está transformando la manera de entender la enología: la crianza submarina.

Este método, relativamente reciente, ha comenzado a captar la atención de los amantes del vino en distintas partes del mundo debido a las características únicas que esta técnica ofrece.

En México, esta tendencia ya empieza a desarrollarse, y Sonora se ha convertido en uno de los nichos de este innovador concepto en el país, al contar con su propio vino madurado bajo esta técnica.

¿Qué es la crianza submarina?

Consiste en sumergir botellas de vino en el mar durante un periodo determinado, permitiendo que el proceso de maduración y afinamiento ocurra en un entorno único, lo que da lugar a vinos con características sensoriales distintas a las obtenidas en bodegas tradicionales.

Si bien la crianza submarina existe en otros países, la metodología aplicada en Sonora presenta características únicas que la posicionan como una propuesta excepcional dentro del panorama global.

Un vino sonorense

Sofía Tobar, socia fundadora de Surem, el primer vino con crianza submarina en Sonora, explica que este proceso aprovecha la infraestructura ya existente de las granjas de perlas en San Carlos, para minimizar el impacto ambiental:

“Nuestra forma de hacer crianza submarina es usando toda la infraestructura de las granjas de perlas, que ya existe ahí porque se cultivan ostras perleras. Utilizamos sus redes para colocar nuestras botellas, y ahí ocurre toda la magia”.

Este enfoque no solo reduce la intervención en el ecosistema marino, sino que también refleja un compromiso con la sostenibilidad. Aunque reconoce que toda actividad humana genera cierto impacto, el proyecto busca mantenerlo al mínimo:

“No podemos decir que es nulo, porque estamos ocupando un espacio marino, pero sí podemos afirmar que es prácticamente inexistente. Nuestras botellas salen íntegras y limpias, y la fauna que crece sobre ellas demuestra la biocompatibilidad con el entorno”.

El resultado es un vino de nicho con identidad propia, el cual combina tradición, ciencia y responsabilidad ambiental.

Al final, este vino es mucho más que una bebida: es el resultado de un ecosistema, de la colaboración humana y de una nueva forma de innovar respetando el entorno natural.

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