Entre el vino, el mar y la experiencia
San Carlos se ha consolidado como uno de los puntos más emblemáticos del Mar de Cortés, escenario ideal para el enoturismo en el Noroeste del país.

Para profundizar en este proceso y en el papel que juega el festival, Rogelio Perezcastro, coorganizador de VinoFest San Carlos junto a Roberto Lemmen Meyer, ofreció una entrevista en exclusiva para EL IMPARCIAL, en la que compartió la visión, el crecimiento y el impacto del evento.
La sede de VinoFest fue elegida a partir de criterios bien definidos: buena conectividad, infraestructura adecuada y un entorno natural atractivo; de acuerdo con sus organizadores, el lugar no sólo destaca por su belleza, sino también por su valor estratégico.
Para abrir la conversación sobre la atractiva sede del evento, San Carlos, Rogelio Perezcastro se mostró entusiasmado por compartir los detalles que hacen especial al destino.
En ese contexto, subrayó las ventajas de su ubicación geográfica, particularmente la facilidad de acceso desde Sonora, Sinaloa y Arizona, un factor que consolida al lugar como un punto de encuentro ideal para el festival.Desde el inicio, añadió, el festival se pensó con una visión de largo plazo y bajo un esquema de ganar-ganar, a lo cual que se sumaran hoteleros, restauranteros y prestadores de servicios turísticos. Perezcastro refirió que el destino cuenta con accesos, facilidades e infraestructura suficientes, lo que permite recibir visitantes de distintos puntos, lo que sin duda representa una ventaja turística. “San Carlos cumple con todo, y eso lo afirma el público que está acostumbrado a tener eventos de gran nivel”; “en ese sentido, nos hace sentir muy confiados de que no solamente cumple, sino que seguirá cada vez con un mejor perfil”.
El crecimiento respalda esa idea: de una primera edición con 350 asistentes, el evento alcanzó en su octava edición cerca de 3 mil personas, con 40 vinícolas, 350 etiquetas, 12 catas guiadas por enólogos, 15 restaurantes y más de 30 patrocinadores.
Su impacto se refleja también en la cadena productiva: productores de Ensenada y del Valle de Guadalupe han reconocido el nivel del encuentro.
“Nos dijeron que el destino cumple con estándares de sedes acostumbradas a eventos de alto perfil. Eso nos confirma que la apuesta fue correcta”, compartió Perezcastro.
Otro rasgo distintivo es su carácter con causa: parte de las utilidades se destina a instituciones como Cruz Roja, DIF municipal, asociaciones de salud locales y el Instituto Ángel de la Guarda.
“El espíritu del festival es sumar voluntades, promover la cultura del vino mexicano y apoyar a la comunidad. Ese enfoque se mantiene”, enfatizó.
Con vino, gastronomía y música como ejes, la experiencia coloca a este destino del Noroeste en el mapa nacional del turismo de experiencias, con resultados medibles y una identidad clara que se fortalece edición tras edición.
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