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¿Te duermes en cuestión de minutos? Este “superpoder” podría no ser tan bueno como parece

Dormirse en menos de cinco minutos no es normal; el cuerpo humano no está diseñado para apagarse de golpe, como si fuera un televisor.

¿Te duermes en cuestión de minutos? Este “superpoder” podría no ser tan bueno como parece

Para muchas personas, caer rendidas en la cama en cuanto la cabeza toca la almohada es motivo de orgullo. Lo ven como un signo de que descansan rápido y bien. Sin embargo, lo que parece una habilidad envidiable puede ser en realidad un grito de auxilio del cuerpo.

Dormirse en menos de cinco minutos no es normal. Así como lo lees. El cuerpo humano no está diseñado para apagarse de golpe, como si fuera un televisor. Cuando esto ocurre, suele ser porque el cerebro está operando al límite, empujado por una acumulación excesiva de falta de sueño.

De acuerdo con información retomada del sitio especializado Salud180, la ciencia ha puesto el foco en este fenómeno para diferenciar entre un descanso reparador y un simple “colapso” por agotamiento. A continuación, te explicamos por qué tu cuerpo necesita un periodo de transición para dormir y qué riesgos corres si lo ignoras.

El tiempo exacto que tu cuerpo necesita para conciliar el sueño

Olvídate de la idea de que dormirse rápido es sinónimo de salud. Un ciclo de sueño saludable funciona más como un atardecer que como un interruptor de luz.

Lo normal es que tu cuerpo tarde entre quince y veinte minutos en hacer la transición de la vigilia al sueño. Durante ese lapso, tu organismo reduce la temperatura, baja las revoluciones del corazón y prepara el terreno para que el cerebro se apague de forma gradual.

¿Te duermes en cuestión de minutos? Este “superpoder” podría no ser tan bueno como parece | Foto: Especial (canva)

Si este proceso dura menos de cinco minutos, el mensaje es otro: tu cerebro está exhausto y entra en “modo emergencia” para repararse lo antes posible. Esta necesidad extrema de sueño suele acompañarse de microsueños o somnolencia diurna en situaciones cotidianas, como cuando estás detenido en el tráfico, ves televisión o intentas leer un libro.

Lo que pasa en el cerebro cuando “colapsas” en lugar de dormir

Cuando el cuerpo se apaga por fatiga extrema, se saltan varios procesos biológicos esenciales. El descanso no es solo “no estar despierto”; es un momento de mantenimiento profundo para tu cerebro.

Durante un sueño de calidad, el cerebro activa un sistema de drenaje que elimina toxinas acumuladas durante el día, incluyendo algunas relacionadas con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Si entras en un colapso por agotamiento, este proceso de limpieza se ve interrumpido.

Pero no es lo único que se afecta. Dormirte por inercia, en lugar de hacerlo de forma gradual, impacta directamente en:

  • Tu memoria y capacidad de aprendizaje: Mientras duermes, tu cerebro organiza y archiva la información del día. Sin los ciclos completos de sueño, pierdes la capacidad de retener lo aprendido y de generar recuerdos sólidos.
  • Tu estabilidad emocional: La falta de sueño crónica quema los “fusibles de la paciencia”. Tu umbral de tolerancia baja drásticamente, lo que significa que puedes reaccionar con estrés, llanto o irritabilidad ante situaciones que antes manejabas con calma.
  • Tu salud mental a largo plazo: Dormir mal de forma constante eleva los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Este desajuste químico aumenta el riesgo de desarrollar trastornos de ansiedad y depresión.

¿Sirve dormir el fin de semana? El mito de “recuperar” el sueño

Uno de los errores más comunes es pensar que el cuerpo tiene una cuenta bancaria de sueño. Es decir, que si duermes mal de lunes a viernes, puedes “pagar la deuda” durmiendo doce horas el sábado.

La realidad es que el daño provocado por la privación crónica de sueño no se repara con un par de días de descanso extra. Dormir más el fin de semana no revierte los efectos negativos en la memoria, el estado de ánimo o la limpieza cerebral.

Tampoco la cafeína es la solución. El café o las bebidas energéticas funcionan como un “parche” que solo esconde la fatiga. A largo plazo, su uso excesivo fomenta un círculo vicioso de ansiedad y dependencia que empeora la calidad del sueño.

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Guía práctica para lograr una transición pausada hacia el sueño

Si te identificas con la idea de “apagarte” al llegar a la cama, el objetivo debe ser alargar ese tiempo de transición a los veinte minutos saludables. Para lograrlo, los especialistas recomiendan cambios muy concretos en tu rutina:

  • Consistencia los 365 días del año: Acuéstate y levántate a la misma hora, incluso los fines de semana. Esta regularidad entrena a tu reloj biológico y facilita un sueño gradual.
  • Desconexión digital obligatoria: Apaga cualquier pantalla (teléfono, tableta, televisión) al menos una hora antes de dormir. La luz azul bloquea la producción de melatonina, la hormona que le indica a tu cuerpo que es hora de descansar.
  • Prepara el escenario: Asegúrate de que tu habitación esté fresca, completamente oscura y libre de ruidos molestos. El entorno es clave para que el cerebro inicie el proceso de relajación.
  • Aplica la regla de los 20 minutos: Si te acuestas y después de veinte minutos no logras dormir, no te forces. Levántate, realiza una lectura suave con una luz tenue o escucha música relajante. Volver a la cama desesperado solo genera ansiedad y empeora el insomnio.

Recuerda, dormir bien no es cuestión de velocidad, sino de calidad. Si sospechas que tu capacidad para dormirte al instante esconde un problema de fatiga crónica, vale la pena consultarlo con un especialista. Tu cerebro y tu salud emocional te lo agradecerán.

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