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¿Te frotas los ojos? Esto es lo que le podría pasar a tu vista y no es bueno

Frotarse los ojos parece inofensivo, pero especialistas advierten que este hábito cotidiano puede causar desde infecciones hasta deformaciones permanentes en la córnea.

¿Te frotas los ojos? Esto es lo que le podría pasar a tu vista y no es bueno

Cuando sientes cansancio, picazón o esa molestia típica después de muchas horas frente a la pantalla, frotarte los ojos parece la respuesta más natural. Lo haces casi sin pensar, buscando ese alivio inmediato que dura apenas unos segundos. Sin embargo, lo que parece un gesto inofensivo es, según especialistas, una práctica que puede comprometer seriamente tu salud visual.

El portal Salud 180 y diversos estudios oftalmológicos coinciden en que este hábito repetitivo tiene consecuencias que van mucho más allá del momento. Desde microlesiones en la superficie del ojo hasta enfermedades progresivas que pueden requerir trasplante de córnea.

¿Por qué sientes alivio cuando te frotes los ojos?

La sensación de bienestar al frotarte los ojos tiene una explicación física. Cuando presionas los párpados con los dedos, estimulas los nervios sensoriales de esa zona. Esta presión también activa temporalmente las glándulas lagrimales, lo que produce un aumento en la producción de lágrimas.

El resultado es una hidratación momentánea que alivia la resequedad o la picazón por unos instantes. El problema es que este alivio es superficial y temporal. No resuelve la causa real de la molestia, solo la enmascara.

¿Te frotas los ojos? Esto es lo que le podría pasar a tu vista y no es bueno | Foto: Especial (canva)

La irritación que sientes puede tener orígenes muy diversos: resequedad por el uso prolongado de pantallas, fatiga visual, alergias estacionales, presencia de partículas contaminantes en el ambiente o simplemente sueño acumulado. Frotarte los ojos no soluciona ninguna de estas causas y, como veremos a continuación, puede agravar la situación.

El daño silencioso en la córnea

La córnea es ese tejido transparente que cubre la parte frontal del ojo. Su función es esencial: enfocar la luz para que puedas ver con claridad. A pesar de su importancia, es una estructura extremadamente delicada.

Cuando te frotes los ojos con frecuencia, la presión repetitiva de tus dedos actúa como un microtrauma acumulativo. Esto significa que, aunque cada vez que lo haces el daño sea imperceptible, con el tiempo se va sumando.

Los especialistas han identificado tres tipos de daño asociados a este hábito:

Microlesiones e inflamación. La fricción constante puede causar pequeñas lesiones en la superficie corneal. Estas heridas microscópicas generan procesos inflamatorios que, aunque no notes, afectan la salud de tus ojos.

Alteraciones biomecánicas. La presión repetida modifica la forma natural de la córnea. Es como si presionaras constantemente un globo: termina deformándose.

Queratocono. Esta es la consecuencia más grave. El queratocono es una enfermedad en la que la córnea se debilita, se adelgaza y adopta una forma cónica irregular. Esto distorsiona gravemente la visión.

A diferencia del astigmatismo común —que es una irregularidad corneal que se corrige con lentes—, el queratocono es una patología progresiva. Esto significa que empeora con el tiempo. En casos críticos, la única solución puede ser un trasplante de córnea.

Un dato relevante para quienes ya tienen diagnóstico de queratocono: diversos estudios han demostrado que dejar de frotarse los ojos puede frenar su progresión en algunos pacientes.

Tus manos, el principal vehículo de infecciones

Más allá del daño estructural, hay un factor de riesgo inmediato que suele pasarse por alto: la higiene. Las manos están en contacto permanente con superficies contaminadas. Barandales, dinero, teléfonos, teclados, picaportes. Cada vez que tocas algo, recoges microorganismos.

Cuando te llevas las manos a los ojos, transfieres directamente todo eso a tus mucosas oculares. Las consecuencias pueden ser varias:

Conjuntivitis. Esta inflamación de la membrana que cubre el ojo es altamente contagiosa y se transmite con facilidad al tocar superficies contaminadas y luego frotarse los ojos. Los síntomas incluyen enrojecimiento, secreción, picazón y sensación de arenilla.

Queratitis bacteriana. Si usas lentes de contacto, el riesgo es aún mayor. Frotarte los ojos con los lentes puestos multiplica las probabilidades de desarrollar esta infección grave que afecta la córnea. En casos severos, puede poner en riesgo la integridad del tejido corneal y comprometer la visión a largo plazo.

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¿Qué hacer cuando sientes picazón o irritación?

La buena noticia es que existen alternativas seguras para aliviar las molestias oculares sin poner en riesgo tu vista. Estas son las recomendaciones de los especialistas:

Lava tus manos correctamente. Si necesitas tocarte los ojos por cualquier motivo —por ejemplo, para aplicar un medicamento—, hazlo siempre con las manos recién lavadas con agua y jabón durante al menos 20 segundos.

Usa lágrimas artificiales. La resequedad ocular es una de las causas más comunes de picazón y molestia. Las lágrimas artificiales de venta libre son efectivas para hidratar el ojo y aliviar la irritación causada por el aire acondicionado, la calefacción o las pantallas.

Aplica compresas frías. El frío ayuda a reducir la inflamación y calma el picor de forma segura. Puedes humedecer un paño limpio con agua fría y colocarlo sobre los párpados cerrados durante unos minutos.

Consulta a un especialista. Si la molestia persiste, no la ignores. Un oftalmólogo puede determinar la causa exacta de la irritación y recetar el tratamiento adecuado, que podría incluir antihistamínicos específicos para alergias o lubricantes más avanzados.

Cuándo debes acudir a urgencias

Hay síntomas que no deben esperar una cita programada. Si presentas cualquiera de las siguientes señales, es recomendable que acudas a servicios de urgencias oftalmológicas:

  • Dolor ocular intenso que no cede
  • Visión borrosa que persiste después de parpadear o descansar la vista
  • Secreción excesiva, especialmente si es espesa o de color amarillento o verdoso
  • Enrojecimiento extremo que no mejora
  • Sensibilidad repentina a la luz
  • Sensación de tener un cuerpo extraño en el ojo que no desaparece

Estos síntomas pueden indicar una infección, una lesión corneal u otros problemas que requieren atención médica inmediata.

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