¿Los bebés vegetarianos crecen igual que los que consumen carne? Expertos aclaran cómo influye la alimentación en su desarrollo
Lo que un niño come entre su nacimiento y los tres años de edad define en buena medida su salud fen el futuro.

Cada vez más familias en México optan por dejar fuera de su mesa la carne, los lácteos o cualquier producto de origen animal. Cuando llega un bebé, la pregunta es inevitable: ¿una dieta vegetariana o vegana puede cubrir todas sus necesidades? La ciencia acaba de arrojar datos tranquilizadores, pero también enfatiza un punto que no admite improvisación: la planeación cuidadosa de cada alimento.
La alimentación durante los primeros años de vida no es un tema menor. Lo que un niño come entre su nacimiento y los tres años de edad define en buena medida su salud futura: el desarrollo de su cerebro, la probabilidad de tener obesidad infantil y hasta el riesgo de enfermedades crónicas en la adultez. Por eso, cuando los padres deciden criar a sus hijos sin proteína animal, surgen dudas legítimas sobre si ese camino puede ofrecer todo lo que un organismo en formación requiere.
Un estudio reciente realizado en Israel, cuyos resultados fueron publicados en JAMA Network Open y divulgados por el sitio especializado Me lo dijo Lola, siguió durante casi una década a bebés de hogares veganos, vegetarianos y omnívoros. Los hallazgos son reveladores: las diferencias en el crecimiento existen, pero son mínimas y tienden a desaparecer con el tiempo.
Sin embargo, los investigadores advierten que el éxito de estas dietas no es automático ni casual. Requiere vigilancia, conocimiento y, sobre todo, acompañamiento profesional.

¿Los bebés veganos crecen igual que los que comen carne? Esto dice la ciencia
El estudio israelí analizó información recopilada entre 2014 y 2023. Incluyó tanto a bebés nacidos a término como a prematuros tardíos, y comparó su evolución según el tipo de alimentación que recibían en casa.
Los resultados indican que los bebés de familias veganas tienen una probabilidad ligeramente mayor de presentar bajo peso o un crecimiento más lento durante los primeros meses. Pero esta no es una sentencia definitiva. Conforme pasan los meses, esas diferencias se reducen y alrededor de los dos años de edad, la mayoría de los niños alcanzan parámetros de desarrollo similares a los de sus pares omnívoros.
Esto significa que, biológicamente, es posible que un bebé crezca sano sin consumir productos de origen animal. Pero el estudio también confirma lo que los especialistas en nutrición infantil repiten desde hace años: no se trata solo de quitar, sino de saber qué poner en el plato.
Los primeros 1,000 días: la ventana de oportunidad que no regresa
Los especialistas llaman a esta etapa “los primeros 1,000 días del bebé”. El periodo comienza desde la gestación y se extiende hasta que el niño cumple dos años y nueve meses. Durante este tiempo, el cuerpo y el cerebro humanos experimentan un desarrollo acelerado que no volverá a repetirse.
Una nutrición adecuada en esta ventana de tiempo es determinante para:
- La formación de conexiones neuronales y la capacidad cognitiva futura.
- La programación metabólica que previene la obesidad infantil.
- La reducción del riesgo de desarrollar enfermedades como diabetes o hipertensión en la edad adulta.
Por eso, cualquier decisión sobre la alimentación del bebé —incluida la opción por dietas vegetales— debe considerar estos objetivos de largo plazo.
Nutrientes críticos que no pueden faltar en la dieta infantil sin carne
Cuando se eliminan los productos de origen animal, algunos nutrientes dejan de llegar al organismo de forma natural. Los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos identifican varios que requieren atención especial en bebés y niños pequeños:
Proteínas y ácidos grasos esenciales. Son los ladrillos con los que se construyen tejidos, músculos y células cerebrales. En dietas veganas se obtienen de legumbres, tofu, quinoa, semillas y frutos secos molidos o en cremas (siempre considerando la edad del bebé para evitar riesgos de atragantamiento).
Hierro y zinc. El hierro de origen vegetal se absorbe menos que el de la carne. Es necesario combinarlo con alimentos ricos en vitamina C —como naranja, guayaba o brócoli— para mejorar su asimilación. El zinc, presente en semillas y cereales integrales, también requiere supervisión para alcanzar las dosis adecuadas.
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Calcio. Si no hay lácteos, hay que obtenerlo de bebidas fortificadas de soya o almendras, tofu preparado con calcio, verduras de hoja verde y tortillas de maíz nixtamalizado, un alimento básico en México que aporta este mineral.
Vitamina B12. No hay forma de obtenerla en cantidades suficientes de fuentes vegetales naturales. Es el único nutriente que debe suplementarse de manera obligatoria en bebés y niños con dietas veganas, y también en muchos casos en dietas vegetarianas estrictas.
La diferencia entre el riesgo y el bienestar
La evidencia científica actual permite afirmar que los bebés pueden crecer sanos con dietas basadas en plantas. Pero los expertos son enfáticos en un punto: esto no es una decisión que deba tomarse por cuenta propia.
Cada niño tiene necesidades particulares. Un pediatra o un nutriólogo especializado en alimentación infantil debe evaluar el crecimiento, solicitar análisis de laboratorio cuando sea necesario y ajustar la alimentación conforme el bebé crece.
Este acompañamiento debe iniciar desde el embarazo, para asegurar que la madre también reciba los nutrientes que transmitirá a su hijo durante la gestación y la lactancia.
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