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Errar es parte de la aventura

Cometer errores suele generar temor en muchas personas; sin embargo, en la mayoría de los casos no es una reacción innata, sino una conducta aprendida a lo largo del tiempo.

Con frecuencia se refuerza en entornos como el sistema educativo tradicional, donde el error suele castigarse en lugar de aprovecharse como una oportunidad de aprendizaje; esta visión puede llegar a paralizar la iniciativa, la curiosidad y la creatividad de los niños.

De ahí la importancia de enseñarles a reconocer el valor que existe detrás de equivocarse, así como descubrir las posibilidades que pueden surgir de ello.

Un concepto que puede ayudar a explicar esta idea es el de la serendipia, que se define como un hallazgo afortunado e inesperado que ocurre cuando se buscaba algo distinto.

Compartir este concepto con tus hijos puede ayudarles a comprender que aquello que hoy consideran un error podría conducirlos a resultados inesperados, abrir nuevas rutas de pensamiento o generar oportunidades que no habían imaginado previamente.

Paciencia es la clave

A lo largo de la historia, importantes inventos y grandes descubrimientos han sido resultado de errores, como la llegada de los españoles a América, la invención de los rayos X, la penicilina, el velcro, el microondas y los fuegos artificiales.

Todos ellos son ejemplo de cómo una equivocación no necesariamente conduce al fracaso sino que, con un cambio de perspectiva, puede convertirse en el origen de avances significativos.

Los niños necesitan esos momentos en los que dan una respuesta incorrecta porque, contrario a lo que suele pensarse, cometer errores y recibir correcciones es una de las formas más efectivas de aprender.

En este proceso, la reacción de los adultos es fundamental: para enseñarles que no hay motivo para sentir vergüenza al equivocarse, conviene empezar por observar cómo respondes cuando dan una respuesta errónea.

Corregir con paciencia, explicar dónde estuvo el error y asegurarte de que comprendan el razonamiento les permitirá llegar por sí mismos a la conclusión correcta.

Dales el giro

Un estudiante que logra corregir una respuesta equivocada experimenta una sensación de logro y satisfacción; a largo plazo, esto fortalece su autoestima y su autopercepción, ya que percibe que su esfuerzo tiene valor y que sus habilidades pueden mejorar.

Esta confianza los vuelve más persistentes y dispuestos a esforzarse cada vez que enfrenten nuevos retos, porque comienzan a creer en su capacidad para alcanzarlos.

Al señalar un error, es importante hacerlo honrando la equivocación: una respuesta incorrecta no tiene por qué ser sólo eso, pues puede ofrecer pistas sobre el nivel de comprensión del niño o abrir la puerta a nuevas ideas.

El ayudarles a entender que una mala respuesta puede esconder aprendizajes valiosos permite priorizar el conocimiento por encima del resultado.

Cuando en casa se deja claro que equivocarse está permitido, los hijos aprenden más allá de los contenidos académicos y reciben una lección esencial para la vida: errar es parte del camino para crecer y aprender.

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