Así cambian los pies con la edad y cuándo conviene usar calzado con mayor soporte
Comprender cómo envejecen los pies permite tomar decisiones informadas sobre el calzado, la actividad física y los cuidados diarios, con el objetivo de conservar la movilidad y la autonomía en la edad adulta y adulta mayor.

Con el envejecimiento, el cuerpo experimenta cambios graduales que suelen pasar desapercibidos hasta que afectan actividades cotidianas. Los pies no son la excepción. Su estructura, fuerza y sensibilidad se transforman con el tiempo, lo que puede influir directamente en la forma de caminar, en el equilibrio y en el riesgo de caídas. Comprender cómo envejecen los pies permite tomar decisiones informadas sobre el calzado, la actividad física y los cuidados diarios, con el objetivo de conservar la movilidad y la autonomía en la edad adulta y adulta mayor.
¿Qué cambios ocurren en los pies con la edad?
El envejecimiento impacta tejidos, huesos y músculos, señala Infobae. Uno de los factores clave es la modificación del colágeno, que reduce la elasticidad de ligamentos y tendones. Esto provoca alteraciones estructurales y funcionales que se manifiestan de distintas formas.
- Pérdida de amortiguación natural
Con los años, la almohadilla grasa ubicada en el talón y en la parte delantera del pie se adelgaza. Esta capa funciona como un amortiguador natural al caminar. Al disminuir, el impacto contra el suelo se siente con mayor intensidad, lo que puede generar molestias o dolor incluso en trayectos cortos.
- Cambios óseos y musculares
La regeneración ósea se vuelve más lenta y la pérdida progresiva de masa muscular reduce la fuerza del pie. Esta combinación afecta la estabilidad y la capacidad para adaptarse a superficies irregulares, además de incrementar la fatiga al caminar o permanecer de pie por periodos prolongados.

- Aplanamiento y alargamiento del pie
Con el paso del tiempo, los tendones que sostienen el arco plantar se estiran. Como resultado, el arco se aplana y el pie puede alargarse y ensancharse, un proceso que suele notarse con mayor frecuencia después de los 60 años. Este cambio explica por qué muchas personas requieren una talla distinta a la que usaron durante gran parte de su vida.
- Menor equilibrio y mayor riesgo de caídas
La sensibilidad del pie también se ve afectada. La disminución de los mecanorreceptores, responsables de informar al cerebro sobre la posición del cuerpo, reduce la capacidad de respuesta ante movimientos bruscos o superficies inestables. Esto incrementa el riesgo de tropiezos y caídas, especialmente en adultos mayores.
El calzado adecuado como apoyo para la estabilidad
En esta etapa, el calzado cumple una función de salud. Elegirlo correctamente puede marcar la diferencia en la movilidad diaria.
- Soporte y amortiguación: Son esenciales para caminar o realizar ejercicio, ya que ayudan a compensar la pérdida de protección natural del pie.
- Tacón bajo: Un tacón mayor a cuatro centímetros aumenta la inestabilidad y el riesgo de caídas.
- Diseño seguro: Las bases anchas y los sistemas de ajuste como cordones o velcro permiten sujetar el pie y adaptarse a su ancho real.
- Revisión periódica de la talla: Medir los pies con regularidad es importante, ya que la talla puede variar según el fabricante y los cambios propios de la edad.
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Cuidados diarios para prevenir molestias y lesiones
La salud de los pies también depende de hábitos sencillos pero constantes.
- Higiene e hidratación: Lavar y secar bien los pies ayuda a prevenir infecciones. Para la piel seca o engrosada, las cremas con urea ofrecen una hidratación más profunda que las lociones comunes.
- Actividad física regular: Caminar todos los días contribuye a mantener la fuerza, la movilidad y la circulación en pies y piernas.
- Atención profesional: Consultar a un podólogo es recomendable cuando hay dolor persistente, dificultad para cortar las uñas o problemas para encontrar calzado cómodo.
Cuidar los pies es cuidar la independencia
Los cambios en los pies forman parte del envejecimiento natural, pero no deben asumirse como inevitables o sin solución. Con información clara, calzado adecuado y cuidados constantes, es posible reducir molestias, mejorar la estabilidad y mantener la movilidad. Prestar atención a los pies es una inversión directa en bienestar y calidad de vida a largo plazo.
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