¿Dulce recompensa?
Las consecuencias del consumo excesivo de azúcar en la infancia son cada vez más evidentes, desde el impacto físico hasta cambios de conducta.
Los alimentos azucarados han estado presentes en la vida de los niños desde siempre: cereales dulces para el desayuno, jugos de frutas endulzados a la hora de la comida y golosinas como postre forman parte de la rutina diaria de muchos hogares mexicanos.
Tal exposición constante ha favorecido que los más pequeños desarrollen una relación con el azúcar que cuando se da en exceso, puede afectar su bienestar cotidiano.
El consumo de azúcar estimula la liberación de dopamina, el neurotransmisor asociado al placer, lo que puede generar antojos frecuentes.
Los niños son especialmente sensibles a estas sensaciones gratificantes, por lo que esta respuesta biológica puede asemejarse a conductas adictivas con episodios de deseo intenso e incluso señales de abstinencia, patrones que pueden comenzar a edades tempranas y extenderse hasta la vida adulta.
Alerta real
La relación entre una dieta alta en azúcares y diversas enfermedades es ampliamente reconocida: los alimentos con alto contenido de este carbohidrato suelen aportar muchas calorías y pocos nutrientes, lo que favorece el aumento de peso y eleva el riesgo de obesidad infantil.
A largo plazo, esto puede afectar los procesos metabólicos del organismo y contribuir al desarrollo de resistencia a la insulina, un antecedente de la diabetes tipo dos, condición que hoy también se presenta en niños y en gran medida es asociada a la alimentación y al estilo de vida.
El consumo elevado de azúcar también está vinculado con problemas dentales como la caries, provocada por la exposición constante del esmalte dental en desarrollo.
Respecto al plano conductual, los picos y caídas de energía pueden traducirse en cambios de humor, irritabilidad, dificultad para concentrarse, hiperactividad y problemas de atención.
Qué hacer
Para reducir estos efectos, es fundamental actuar desde casa: explica a tus hijos, de manera sencilla, cómo el azúcar impacta en su cuerpo; esto puede ayudar a que comprendan la importancia de una alimentación más equilibrada.
Otra estrategia consiste en ofrecer alternativas naturalmente dulces y con menor contenido de azúcar, como frutas frescas, frutos secos o yogurt natural, así como sustituir refrescos por jugos de fruta o leche.
Involucrar a los niños en la preparación de sus propios alimentos y refrigerios puede ser una opción divertida que fomente el interés por elecciones más saludables.
Además, en celebraciones y momentos especiales, conviene considerar recompensas que no estén relacionadas con la comida.
Recuerda que el ejemplo de los adultos sigue siendo una de las herramientas más efectivas para promover hábitos alimenticios positivos desde la infancia.
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