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Así se vivió el FAOT 2026

El festival convirtió a Álamos en un punto de encuentro cultural y colectivo.

Así se vivió el FAOT 2026

Durante nueve días, el Festival Alfonso Ortiz Tirado se vivió más allá de los escenarios: Álamos se transformó en un espacio de convivencia donde la música, las artes y la vida cotidiana se entrelazaron para ofrecer una experiencia cultural compartida entre habitantes y visitantes.

Las calles del pueblo mágico se llenaron de movimiento desde tempranas horas: familias completas, grupos de amigos, turistas nacionales e internacionales recorrieron plazas, templos y callejones, integrándose de manera natural a la dinámica del festival; un punto de encuentro intergeneracional.

Uno de los rasgos más visibles de esta edición fue la diversidad de públicos: niños asistieron a conciertos y talleres, jóvenes encontraron espacios de expresión y aprendizaje, y personas adultas mayores revivieron la tradición musical que dio origen al festival, creando un ambiente de inclusión real.

Las sedes alternas jugaron un papel clave en la experiencia colectiva; plazas públicas, foros abiertos y recintos históricos permitieron que el arte se viviera de manera cercana, sin barreras, favoreciendo la apropiación del festival por parte de la comunidad.

El intercambio entre artistas y público fue constante: al finalizar conciertos y presentaciones, no fue extraño ver a intérpretes dialogando con asistentes, tomándose fotografías o compartiendo impresiones, fortaleciendo el vínculo humano que distingue al FAOT.

Para muchos visitantes, el festival representó una oportunidad para descubrir Álamos desde una nueva perspectiva; la música y las artes sirvieron como hilo conductor para conocer la historia, la arquitectura y las tradiciones del municipio, generando una experiencia turística con profundo contenido cultural.

La noche más ecléctica

Con un viaje entre la ópera, la música norteña, el pop y el rhythm and blues, el Festival Alfonso Ortiz Tirado cerró su tercera jornada, demostrando la gran oferta de géneros musicales que ofrece a todos sus visitantes en Álamos y por qué se ha convertido en el más importante foro cultural del Norte del país.

La potente voz de María Katzarava, que este año cumple cinco lustros de trayectoria, cimbró cada uno de los rincones de Palacio Municipal en la Noche de Gala, acompañada al piano de Rodrigo de la Cadena y con la participación especial de la soprano lírica Alexia Sánchez Patiño.

Juntos presentaron un repertorio que rindió tributo a Alfonso Ortiz Tirado, generando un puente entre la excelencia lírica y la nostalgia de la bohemia.

Por rumbos de La Alameda retumbaron los acordes del grupo Norteño de Oro, quienes pusieron a bailar al público y demostraron la apertura a una diversidad de ritmos y letras que llenan los oídos de todos los gustos musicales.

Al caer la noche, la multitud se congregó en la Plaza de Armas para recibir a Rocío Banquells, quien se llevó el aplauso de toda la concurrencia en un viaje de nostalgia de la música pop, enlazada con nuevos temas de la intérprete.

Para cerrar esta fiesta musical, en la cercanía de la media noche Mori se adueñó de La Alameda, para presentar una variedad de canciones que van desde el rhythm and blues y soul hasta pop y jazz, mostrando sus dotes como multiinstrumentista, lo que le valió los aplausos de todos los asistentes a la tercera noche de eventos del Festival Alfonso Ortiz Tirado, la más ecléctica de todas.

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